Críticas
El mundo es ANSÍ: No soy gruñón, es que la sociedad es insoportable

Stills: ©La Noche Americana Producciones SL/Salto de Eje / Montaje: ©Cine con Ñ
El mundo es ANSÍ comienzo cuando a Ana le encargan que dedique su TFG a la figura de Pío Baroja. Pero ella detesta al viejo escritor: era gruñón, odiaba a todo el mundo y, de remate, colaboró con la dictadura de Franco en sus últimos años de vida. La estudiante empieza a leer las obras de juventud del autor y le pone tanto empeño que este empieza a aparecerse y tener conversaciones con ella. Así recorren una vida marcada por guerras carlistas, civiles y mundiales, monarquías y repúblicas y un carácter único en un autor tan descreído como idealista.
Miguel Ángel Calvo Buttini dirige este documental con toques de ficción y ánimo divulgativo sobre una figura que tras ser central en la Literatura Española —así, con sus mayúsculas buenas y grandilocuentes— ha ido siendo dejada de lado por tirios y troyanos como en sordina, en parte precisamente por algunos de los tópicos que recoge la película. El esquema de la joven que nada sabe del autor y lo acaba admirando está un poco visto, pero Nahia Bergasa como Ana y Álvaro Subiés como el espectro de un joven Baroja le dan la suficiente gracia a sus diálogos como para dejarlo pasar. Y además, sabemos que solo están aquí por desengrasar.
El resto de El mundo es ANSÍ es la clásica mezcla de archivo de época, alguna recreación —también de escenas de sus obras, como las tres rosas sobre la tumba de Zalacaín el aventurero—, gente sentada hablando y mucho contexto histórico, porque hemos llegado a un momento en el cual el público general no necesita ya que le expliquen las Guerras Carlistas, sino directamente las dos guerras mundiales, que solo se conocen por la ficción anglosajona. El documental no reinventa la rueda, pero es capaz de transmitir a Baroja desde todos los ángulos, explicando de paso que tenía sus razones para ser un misántropo redomado.
El mundo me ha hecho ANSÍ

Este humilde juntaletras, cuando era joven y aún tenía flequillo, se infló a leer al viejo cascarrabias, y agradece mucho que una de las principales conclusiones de El mundo es ANSÍ es que Baroja era un tío huraño, insoportable, cabezón, antipático y un poco carca. Pero era nuestro tío huraño, insoportable, cabezón, antipático y un poco carca. La rendición de Ana no es solo humanizar al personaje, sino entender que en esa obra aparentemente tan sencilla en lo formal y falsamente llena de desprecio hacia el común de los mortales en lo temático, reside cierta verdad insoslayable sobre esta cosa que llamamos naturaleza humana y esa otra que hemos bautizado España, país de Dios.
Una salvedad, quizás, aunque no es responsabilidad única de El mundo es ANSÍ. Toda la parte sobre su claudicación, ya con cierta edad, frente al Régimen franquista está documentadísima y sus decisiones son más que humanamente comprensibles. Pero el trabajo de un documental no tendría por qué ser «disculpar» a su protagonista por decisiones que igual el público potencial no entiende, sino limitarse a exponerlas y también el contexto. Y haber sido franquista —que no lo fue, pero da igual— no rebajaría la importancia ni la calidad de su obra, igual que no ocurre con la de Antonio Machado por sacarse el carnet del PCE en plena guerra.
No es que sea un lastre insoportable para el documental, pero sí que al menos al que suscribe lo saca un poco, porque de repente no se trata de contar la vida de ese erudito cerril que aprendió el tipo de libros que quería escribir tras compartir horas con los empleados en el obrador del Viena-Capellanes —sí, sí, ha leído usted bien— y que defecaba (verbalmente) lo mismo en el nacionalismo vasco que en el español. Un espíritu libre pero sin ínfulas, un intelectual sin engreimientos, un novelista sin florituras. El último superviviente de otra raza, y orgulloso de ello, el viejo cabezón.
El hombre que gruñía por costumbre

En fin, que El mundo es ANSÍ todo eso lo sabe, pero también sabe presentarlo como un hombre de su época, algo más que tímido, que construyó esa coraza de ingobernabilidad y gruñidos como forma de defensa. Una lectura quizás algo actual pero compatible con lo que sabemos del personaje y con sus alter-egos evidentes en sus obras. Subiés le da el toque de ternura justo para que quede claro que en el fondo hablamos con un perro ladrador poco mordedor, con un sentido un poco cáustico de la vida porque es la forma en la que le ha tocado vivir.
Guardando la boina: El mundo es ANSÍ es más efectivo cuanto más generoso esté el espectador dispuesto a ser. Si ya pilota algo sobre Baroja, descubrirá detalles sobre su biografía que están menos vistos y se encontrará con una interpretación curiosa de su personalidad en las partes ficcionadas. Si no sabe nada —gracias, ministros de Educación desde tiempos de Aznar en adelante, más o menos—, lo mejor es que agarre de la mano a Ana y deje que le deconstruyan los prejuicios propios y ajenos, abrazando que existe un mundo complejo y que los anarquistas vienen en todos los modelos. Y siempre con mucho punto y seguido.

Jose A. Cano