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La novia gitana, capítulos 1 y 2: Un ‘noir’ que quiere ser de aquí

La serie estrella de ATRESplayer busca crear una atmósfera propia e identificable como local limando los clichés de su referente literario

La novia gitana

La novia gitana comienza cuando la Policía encuentra el cuerpo de una joven vestida de novia que ha sido asesinada de forma idéntica a su hermana seis años antes, ambas en vísperas de sus respectivas bodas. El caso es asignado a la BAC, unidad policial dirigida por la inspectora Elena Blanco, que ya investigó el primero y que se enfrenta al dilema: a menos que se trata de un imitador, este asesinato implica que el cárcel hay condenado un hombre inocente como autor del primero.

Paco Cabezas ha dirigido, y él mismo lo explica así, un policial con muchos elementos, estéticos y temáticos, en común con su largometraje Adiós (2019). Ha tomado el material de la novela y lo ha hecho suyo, prescindiendo de algunos elementos que en audiovisual hubiesen patinado y quedándose más o menos lo que le convenía para lo que quería contar -o más bien enseñar- y que siga siendo reconocible, que para eso es el best-seller que sirve de reclamo. Quizás sea una de esas veces que la adaptación mejora al referente literario, pero en este caso eso no era demasiado difícil.

La novia gitana, por otra parte, parece un producto clave en la estrategia de Atresmedia para venderse como «héroe local». Mientras las plataformas foráneas producen series tan pensadas para ser internacionales que son completamente planas, u otras españoles buscan el estándar, la de Grupo Planeta intenta presentarse como creadora de productos 100% idiosincráticos y al mismo tiempo vendibles cara al exterior, y así lo anuncia. La novela escogida, el director y su promoción van en ese camino.

La novia gitana y el cine de Paco Cabezas

La novia gitana

La narración es de policial moderno, muy pegada al género, pero con guiños al clásico en la forma de presentar a su heroína, la presuntamente icónica Elena Blanco a la que la serie, al menos en lo visto hasta ahora, le lima algunos de los tics facilones de las novelas. Es funcional, pero sabe usar la misma narración para definir a sus personajes, como el interrogatorio que empieza con un plano de la inspectora de espaldas y los padres de la víctima desenfocado, definiendo así el estado emocional de cada personaje. O los planos generales en los que, efectivamente, en la línea de Adiós, Cabezas busca sacar armonía del feísmo de la ciudad.

Así, la búsqueda de un noir vendible fuera pero que huela a propio Cabezas la afronta aplicando narración y clichés visuales del audiovisual estadounidense -la lingua franca internacional, vaya- a momentos reciamente ibéricos, que van desde una comunión o un bareto abriendo por la mañana hasta a que se amenace jugando a ‘El Mentiroso’ con baraja español. Es decir, se usan más las tácticas El crack (1981), de José Luis Garcí, que el intentar parecerse al cine quinqui (aunque haga un cameo Raúl García Losada, que interpretó a ‘El Vaquilla’ en la película de 1985).

Dicha construcción de la personalidad de la serie pasa también por la dirección de arte y coincide con casar lo que busca el policial internacional de prestigio con el color local en una estética ligeramente anticuada. De manera que los policías protagonistas tienen su cuartel general en un piso de paredes empapeladas con estampado y muebles de abuela.

Finalmente. Se ha insistido mucho en el detalle de que todos los personajes gitanos, figurantes incluidos, están interpretados por actores gitanos. Parece de perogrullo, pero es que en Brigada Central (1990-92) «el gitano» lo hacía Imanol Arias solo por ser moreno y llevar patillas. Y podríamos seguir con los ejemplos. Algo habremos avanzado, aunque sin dudar del empeño personal de Cabezas y su equipo, a veces se sienta más como un detalle de promoción de tanto que insisten en él.

La novia gitana y rellenar el esqueleto de la novela

La novia gitana, capítulos 1 y 2: Un 'noir' que quiere ser de aquí 1

Es difícil juzgar una serie de estas características cuando tiene ocho episodios y solo se han podido ver dos. En La novia gitana los objetivos artísticos parecen centrarse en lograr una ambientación y estética propias más que en el que el caso enganche, lo cual obviamente también se busca. Nos atrevemos a opinar, en cualquier caso, que algunos de sus problemas vienen de partida. Es decir, de la novela, que a nivel argumental era poco más que un esqueleto. Se nota mucho esfuerzo por rellenarlo y superarlo en lo posible.

Obviamente nos encontramos con imágenes crudas del asesinato, aunque sin cebarse en el morbo, pero la mano de José Rodríguez y el propio director en el guión se nota en cómo se ahorran, al menos por el momento, los instantes más genuinamente asquerosos de la novela, y digo asquerosos en sentido estricto. La novia gitana, la serie, no tiene tantas ganas de parecer impactante y «malota» como su referente literario, aspira a algo más, y eso es mejor. No necesariamente le tiene que salir bien, pero al menos ya se parte de una base más interesante.

Sin saber aún si será una serie de la importancia que ella misma quiere darse, La novia gitana apunta buenas maneras en la parte de la creación de un atmósfera con personalidad e identificable como propia por los espectadores. La historia es la que es, un capítulo de CSI estirado y plagado de clichés, pero parece que el trabajo sobre el texto original busca trascenderlos y convertirlos en algo más complejo. Será cuestión de contemplar el resultado completo y entonces saberlo.

Imágenes: La novia gitana – Javier de Agustín/Atresmedia

2 Comentarios. Dejar nuevo

  • Rosa Paredes
    27/09/2022 00:53

    La serie me parece un 10. Algo que se echaba de menos en las produccionrs españolas, el nivel de los secundarios, aquí no rebalan un ápice el papel de los pricipales. Atrapa como la novela desde el pricipio y los actores dan el perfil que el lector imaginaba, al menos yo. Esa mirada vacía de la comisaría solo la había visto el el personaje de María en La Pasión de Mell Gibson. Para mi, una producción de talla internacional.

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  • Decepcionante.
    Nada q ver con el libro.
    La elección de los actores no es acertada. Y esa moda de susurrar el texto, que no entiendo. Serie lenta y dicción que deja que desear.

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