Series españolas
La caza. Guadiana: Más de lo mismo

La caza. Guadiana empieza con el regreso de un caso de hace doce años, uno de los primeros de la agente Sara Campos para Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. Un joven de Frontera del Guadiana, un pueblo de Huelva, asesinó a varios vecinos en un día de mercado y posteriormente fue internado en un penal psiquiátrico. Ahora una de las vecinas del pueblo, una chica con la que presuntamente estaba obsesionado y que se supone que formaba parte de sus objetivos, ha desaparecido, y el caso es asignado a Víctor Gamero y Ernesto Selva.
La caza vuelve con una tercera entrega, esta vez viajando a Andalucía, y convertida en éxito en todas las plataformas posibles. Su primera entrega, Monteperdido, ha saltado a Netflix tras pasar un tiempo en Disney+ y lleva un par de semanas compartiendo el Top10 español con un puñado de series del abierto que han pasado al streaming. Desde que empezase a emitirse allá por 2019, además, su creador Agustín Martínez ha salido del armario como uno de los tres Carmen Mola, cuyas novelas también se están llevando a serie, como todos sabemos.
El thriller ya se ha convertido en el género por defecto del audiovisual seriado. Un tipo de policial particularmente preocupado por parecer noir, con sus aires de pesimismo antropológico y realismo sucio, pero que en el fondo es solo el whodunit que antes se hacía con ‘casos de la semana’ y se ha expandido a ‘el caso de la temporada’. Una regurgitación del mercado del éxito crítico (que no tanto de público) de The Wire (2002-2008) o True Detective (2014-2019) en su momento, aunque prescindiendo de la política de la primera (eso sería noir de verdad, y nadie parece aspirar a ello) o de la ambición formal de la segunda.
La caza del público

El primer episodio de La caza. Monteperdido tuvo 2,4 millones de espectadores, emitido hace ahora casi cuatro años, el 25 de marzo de 2019. Esa temporada acabó con 2,2 millones y un 15% de cuota, que no mide mucho, pero el indica el interés del público, en palabras recientes de algún responsable de la cadena. La segunda entrega, La caza. Tramuntana no pasó de los 1,7 millones y el 8,5% de cuota. Ahora mismo, La caza. Monteperdido acumula dos semanas entre las 10 más vistas en España en Netflix, sin datos de horas visionadas porque la plataforma solo los da para los Top 10 a nivel global.
Quizás ya sabrán que, sin sumar el diferido en RTVE Play, La caza. Guadiana no alcanzó el millón de espectadores y se quedó en el 6,2% de cuota, números similares, por cierto, a otro thriller de TVE, Sequía, también situado en la frontera con Portugal pero más al norte, en Extremadura. De hecho, con más ambición, ehm, digamos, política, porque aunque la trama era, como es habitual, de culebrón, los «malos» —que luego no, pero luego sí, pero no tanto— eran una eléctrica que había vaciado embalses para aumentar beneficios a costa de la agricultura. Por cierto, Sequía también está en el Top 10 de Netflix desde hace un par de semanas.
La cuestión, antes de entrar en las novedades o las reiteraciones de La caza. Guadiana en sí, es que una serie de RTVE no es como una de Atresmedia, de Movistar Plus+ o de cualquier otra. Es una serie, se supone, con aspiración de servicio público. Ese servicio público puede ser el entretenimiento, no hay problema, o dejar bien a la UCO de la Guardia Civil, que tampoco está mal.
La cuestión es si debe incluir que quien realmente rentabilice, en términos económicos y de marca, la existencia de cualquier producto, sea Netflix. Porque los ciudadanos tenían a su disposición gratis en RTVE Play estas mismas producciones que ahora copan el Top 10 de la plataforma con la suscripción más cara del mercado, pero o no lo sabían, o no se fiaban. ¿Para quién trabaja RTVE exactamente?
La novia onubense

La otra parte del servicio público podría ir por la cuestión de los contenidos, muchísimo más debatible que lo de invertir dinero y prestigio del ente para que lo capitalicen empresas privadas multinacionales. La caza. Guadiana, como sus entregas anteriores, es un policial como hay mil, un poco mejor realizado y un poco menos inverosímil en cómo funciona una investigación que la media, con el incómodo giro de muchas series recientes de estilizar la violencia sexual contra mujeres, y más si son menores. Y poco más.
Es verdad que viaja por España, que el acento de Pepe Viyuela podría ser hasta convincente, que en Tramuntana incluyó diálogos en mallorquín… pero, ¿solo era eso? ¿Hacer series igual de mediocres y olvidables que las de los estadounidenses, pero con cosas de aquí? Es decir, no es «mala», no ofende a la inteligencia más allá que cualquier otro policial y, si se ha aguantado tres temporadas con ellos, a los dos o tres personajes principales que sobreviven desde Monteperdido se les tiene aprecio. Pero ya.
Archivando el caso, La caza. Guadiana satisfará a los fans, si los hubiere, de las dos temporadas anteriores y es un thriller eficaz aunque olvidable, que intenta parecerse a otros «de calidad» en un par de tics formales y poco más. Funciona como lo que quiere ser, que incluye parecer más complejo que lo que realmente, pero no se acerca nada a ser un policial elaborado con ganas o un verdadero noir dispuesto a aportar algo sobre el escenario en el que se ubica. Es lo que es y lo que RTVE, hoy por hoy, quiere seguir siendo. Aunque lo veas en Netflix.


Jose A. Cano