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Críticas

La chica de nieve: El enésimo drama disfrazado de ‘noir’

Otro culebrón mal hecho que quiere pasar por policial copiando los tics del realismo sucio, no aprovecha su escenario y cae en clichés facilones y dramas de plástico
La chica de nieve: El enésimo drama disfrazado de 'noir' 1

La chica de nieve cuenta la investigación de la desaparición de Amaya, una niña de cinco años a la que sus padres pierden en plena cabalgata de los Reyes Magos en Málaga. Un caso que cae en manos de Miren, una joven periodista, becaria en un diario local, que ha sufrido un trauma recientemente que la hace identificarse con la pequeña. El caso de Amaya se prolongará más tiempo del que ninguno de los implicados podría imaginar y marcará la carrera de Miren como reportera.

Lo del thriller como género por defecto de la ficción seriada española roza ya lo patológico, agotando cualquier novela de éxito editorial que lo toque por alguna parte, en algunas ocasiones limándola e incluso mejorándola. Algunas, como Reina Roja, las esperamos con curiosidad porque sus tramas y personajes son más de la Marvel que de policial intensito que se cree realismo sucio y no llega a CSI de baratillo. Otras corren el riesgo de ser productos clónicos, sin personalidad y que repiten los mismos clichés argumentales y prejuicios conservadores.

Espetos de Acción de Gracias

la chica de nieve netflix serie javier castillo

La chica de nieve tiene el componente de la deslocalización de ida y vuelta. Aunque su autor es malagueño, la mayor parte de su obra está ambientada en Estados Unidos, pero la adaptación traslada la acción precisamente a Málaga, sustituyendo el desfile de Acción de Gracias por la Cabalgata de los Reyes Magos. Sin haber leído la novela cuesta saberlo, pero da la impresión de que la localización influye en la trama bastante poco, solo da para un anuncio turístico bastante majo de la ciudad, que es retratada en todos sus aspectos atractivos para el visitante.

La incidencia del entorno es tan nula sobre lo que ocurre que ni siquiera molesta, como sí ocurría en Si lo hubiera sabido, que el 80% de los personajes, todos vecinos de Málaga, hablen en castellano neutro. Hay un evento con mucha gente, una niña se pierde, y se monta una conspiración muy misteriosa. Se menciona al Málaga CF, el periódico en el que trabajan los protagonistas es el Diario Sur y pasan cosas en el Pompidou o el Picasso, pero podrían ser elementos neoyorquinos equivalentes. Si acaso tiene gracia que haya un momento en que se justifiquen los altos ingresos de alguien porque tiene un piso en alquiler… aunque luego la explicación es otra. No puedes criticar la gentrificación y promover el turismo, al parecer.

Es el tema con los thrillers genéricos «como los americanos», que usan la estilización de determinados crímenes de la vida real para creerse muy realistas e impactantes, pero son todos iguales y rodados con una fotografía, composición y clichés visuales homologables y asimilables a lo que se conoce como «estilo Netflix». Que se rueda Málaga, a la que se supone que se está intentando hacer un video promocional, como si siempre estuviese nublado, en lugar de intentar reflejar la sordidez de un entorno idílico, es casi ridículo. Un intento de creer que si se rueda estilo suspense noruego uno absorbe, por osmosis, su profundidad temática. Pero no es culpa de La chica de nieve, son los tiempos que nos han tocado vivir.

Boquerón noir

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Por motivos de coste-beneficio y de que cualquier equipo de guión y dirección con un mínimo de oficio sabe levantar el material de una novela por flipada que sea, las miniseries de secuestros, asesinatos y misterios de monos en bicicleta seguirán proliferando, pero pocas, y menos en Netflix, parecen esforzarse en tener personalidad propia. Las comparaciones son odiosas, así que aquí va una: Malaka, con todos sus defectos, exprimía su escenario hasta sacarle zumo, por no hablar de Rapa o Hierro. Pero es ser un poco cruel intentar poner La chica de nieve al nivel de estas dos últimas.

Y sobre los temas que se tocan aquí —abusos sexuales, pederastia, maternidad, seguridad, el papel de los medios— la serie no solo no tiene nada que decir, es que si lo tuviese, no sabría. Presenta una idea ingenua de cómo funciona un periódico, un retrato esquemático de los traumas de los personajes solo para meter un drama plastificado y un montón de giros convenientes que, por muy bien documentada que esté la parte tecnológica, no hay por donde cogerlos. CSI o Bones funcionaban porque usaban cierta verosimilitud científica con poca vergüenza pop, pero creer que se se pueden mezclar con The Wire o el noir nórdico es no haberlos entendido.

En fin, cerrando el caso, el problema de La chica de nieve es que es el enésimo drama que se disfraza de género negro o realismo sucio cuando en realidad apenas aspira a culebrón mal ejecutado y con policías de fondo, lleno de giros locos, personajes que no reaccionan de manera natural y estilización de traumas de la vida real con la falsa aspiración de «denuncia». A nivel técnico, o profesional, está ejecutada con corrección y oficio, pero se une a una larga lista de series del mismo estilo que se olvidan al rato porque se fusionan entre ellas con los mismos traumas para sus protagonistas.

Imágenes: La chica de nieve – Netflix

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).