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Series españolas

Historias para no dormir T2: Aprendiendo a alejarse de Chicho

La segunda entrega del revival de la mítica serie de los 60 y 80 sigue pecando de exceso de respeto al original aunque paradójicamente sus peores episodios siguen siendo los que más se alejan de él
Historias para no dormir T2: Aprendiendo a alejarse de Chicho 3

Historias para no dormir temporada 2 reimagina cuatro episodios de la serie original, en esta ocasión El transplante, La alarma, La pesadilla y El televisor, caminando entre la ciencia-ficción más distópica hasta el cuento gótico o el terror actual más de manual, con el episodio de Nacho Vigalondo por libre y mezclando todo lo anterior con lo que a él le va pareciendo. Lo acompañan Jaume Balagueró, Salvador Calvo y Alice Waddington en un reparto que refleja, a su manera, a los cuatro directores de la primera tanda (Paco Plaza, Rodrigo Sorogoyen, Paula Ortiz y Rodrigo Cortés).

Si en dicha primera entrega teníamos cuatro vías para «actualizar» el impacto de los relatos de terror de Ibáñez Serrador de los 60 y 80, ahora el homenaje directo y el juego meta se diluyen (aunque no desaparecen) y nos enfrentamos más a reformulaciones que tienen menos miedo a alejarse del planteamiento del original pero no pueden evitar seguir mirando a la cara del mítico Ibáñez Serrador con el máximo respeto. De hecho, podríamos hasta decir que el «peor», el menos sabe a relato de terror, es, una vez más, el que más decide independizarse.

De esta manera en Historias para no dormir temporada 2 casi que la referencia más directa a la serie madre está en la banda sonora de los diferentes episodios, que entre sí no se parecen ni en los créditos, o en las ambientaciones, que en algunos de los argumentos. En un caso incluso solo se mantienen el título y el macguffin, cambiando todo lo demás, desde el elemento de terror hasta la crítica social por debajo. Quizás, me atrevo a decir, a los diferentes directores les haría falta no estar tan pendientes de los mensajes subyacentes de toda aquella televisión de guerrilla y recordar que por encima había puro pop disfrutón.

El transplante: Years and years

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Salvador Calvo (Adú) es la cuota del director poco habitual dirigiendo género que se cubría con Rodrigo Sorogoyen en la primera temporada. De nuevo, lo que hace es traer la temática original a los modos de abordar la fantaciencia «social» en la actualidad y hace un «black mirror ibérico» nada sutil en su crítica a las redes sociales, la desigualdad y la dictadura de la juventud y la estética. El reparto, eso sí, es espectacular: Javier Gutiérrez, Petra Martínez (enorme, como siempre), Ramón Barea y Carlos Cuevas.

Así, se dibuja una distopia que, aunque se centra en un aspecto médico-tecnológico, diluye su interés en muchos detalles y con sus dos tramas paralelas para mostrar la cara A y la cara B, no acaba de decidir ni quién es el protagonista. Aunque los une al final en un giro previsible, la sensación que deja es de haber intentado abarcar demasiado en apenas una hora de episodio. La solución, eso sí, enlaza a su manera con el original, emitido en 1968 y con idea y guión del propio Ibáñez Serrador (uno de los muchos que firmó como Luis Peñafiel).

Es curioso, porque se diría que lo que intentan Calvo y su coguionista, Ignacio del Moral, es echar un vistazo general al mundo futuro apenas insinuado en el episodio de los 60, aunque modernizando las ansiedades que reflejaba. Pero lo cambian tanto que el tema de ciencia-ficción que acaba recogiendo está más cerca de El doble de Sorogoyen, e incluso resulta una versión un poco torpe de Surrogates (2009), de Jonathan Mostow, o la mismísima Blade Runner (1982), de Ridley Scott.

La alarma: Viaje con nosotros

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Nacho Vigalondo se lo lleva completamente a su terreno, monta su recurrente drama costumbrista enmarcado entre componentes locos de género fantástico, con lectura social más o menos sutil y toques de comedia absurda. Eso sí, sin dejar de respetar al máximo el guión original de Serrador/Peñafiel y aprovechando lo que de aquel podía hablarse con nuestro presente reciente, confinamiento pandémico incluido.

Aunque en realidad Vigalondo ya reformuló el argumento de La alarma original del año 1966 en su Extraterrestre (2011). Esto es una mezcla de todo aquello y un homenaje en elipsis al cómic de El Eternauta (1957-59), de H.G. Oesterheld y Solano López, y la novela de Solaris (1961), de Stanislaw Lem, referentes que junto a Arthur C. Clarke ya debió manejar Serrador. Encima con crítica a la ficción actual o los realities, no tan lejana a la que en su momento hizo Doctor Who en su regreso de 2005. Y no lo digo por decir, también hay un par de homenajes visuales muy directos a la veterana serie británica, con comentario meta sobre la comodidad del eterno retorno a determinados esquemas de la televisión.

Por cierto que aquí obtiene un protagonista dramático a Aníbal Gómez, lo cual es una novedad bienvenida, en paralelismo con el episodio de Jesús Carroza en Apagón, por ejemplo, y ambos de la mano de directores que han explotado su talento como secundarios. Aunque a nivel de reparto , por supuesto, lo más llamativo es la presencia de Javier Gurruchaga, con un papel tan excéntrico como el resto del episodio, en el que aprovecha muy bien su dominio sobrenatural de la voz.

La pesadilla: Vampiros colonialistas

Historias para no dormir temporada 2

De nuevo la única directora, como hiciera Paula Ortiz, es la que decide ser más fiel, estética y temáticamente, más allá del argumento, al referente original. Aunque parece que homenajee más a otras obras de Chicho que al propio episodio de La pesadilla, de 1967. Se hacen cambios que podemos considerar actualizaciones y se vira el referente de Drácula a Romasanta, porque acompaña a la localización geográfica. El tono, eso sí, va avanzando hacia una especie de cuento de terror gótico, en el que se recupera el ambiente onírico del original en un formato diferente.

Waddington reescribe junto a Rocío Martínez Llano una historia de jóvenes que aparecen muertas en un pueblo perdido, presuntos vampiros y un sospechoso inesperado, pero traslada la acción de Europa del Este a Galicia, manteniendo la fecha de 1880. Introduce el componente de la racialización, una ligera crítica machista y hasta referencias a la versión de Sleepy Hollow (1999) de Tim Burton. Lógica, si recordamos que la mayoría de Historias para no dormir originales adaptaban relatos no tan lejanos a Washington Irving.

El personaje de Álvaro Morte, por otra parte, remite al de Fernando Guillén en el original, pero lo hace caracterizado, o yo ya veo visiones, para homenajear a Narciso Ibáñez Menta, padre de Serrador e intérprete habitual de sus series. La cuestión aquí es cómo es desplazado por los verdaderos protagonistas, interpretados por Mina El Hammani y Boré Buika (que están estupendos), en el mencionado giro de fábula romántica que quizás hasta daría para serie por sí mismo y con un comentario político demasiado obvio pero que funciona en su contexto, en el que la condición de monstruo se convierte en elemento de liberación.

El televisor: Obsesión tecnológica

Historias para no dormir temporada 2

Jaume Balagueró dirige el episodio de terror más canónico, como por otro lado es natural, ya que es su terreno. Mantiene la base del especial de 1974, un padre de familia que se obsesiona paulatinamente más y más con una pantalla. Aunque el objeto fetiche continúa siendo el televisor, gira la crítica hacia la obsesión con la hipervigilancia y le añade algún toque de thriller sobrenatural de la mano de Alberto Marini, frente al terror cotidiano y naturalista de Serrador.

Como dato estadístico, Balagueró se convierte en el tercer director en rodar en más de una temporada de Historias para no dormir tras el propio Ibáñez Serrador y su amigo Paco Plaza, que el año pasado firmó el que sigue siendo el mejor episodio de este revival, Freddy. También es el segundo en conseguir estrenar, dado que el episodio de Plaza de aquella Películas para no dormir de 2006 auspiciada por Telecinco nunca se emitió. Curiosamente esta revisitación de El televisor tiene algún punto en común con La habitación del niño, que dirigió en aquella Álex de la Iglesia.

La historia, en fin, habla de desclasamiento, como hacía Chicho en los 70 con un episodio en el que algunos han querido ver puntos en común con La cabina en su crítica del tardofranquismo, pero pasa de una modesta vivienda de la entonces emergente clase media a un chalet de lujo en un PAU actual. Pablo Derqui, en su papel de patriarca obsesivo-compulsivo, se enfrenta, eso sí, a una amenaza más palpable y menos satírica, que acaba tocándose con muchas propuestas de género habitual en su director y su guionista.

Imágenes: Historias para no dormir temporada 2 – Prime Video
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.

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