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Series españolas

Escándalo, capítulo 1: Qué sabe nadie

Una serie que cuenta muy bien y un guion que parece simplón pero merece la oportunidad de esperar a ver qué quiere decir exactamente
Escándalo, capítulo 1: Qué sabe nadie 1

Escándalo narra el turbio romance entre Inés, una mujer casada de 42 años, y Hugo, un adolescente de 15 años con un padre excesivamente religioso. Se conocen durante unas vacaciones en la playa, cuando ella está en crisis tras una pérdida reciente y sufre el abandono de su marido y su hija, mientras él afronta sus problemas de incomunicación con su padre, que se remontan a la muerte de su madre precisamente durante el parto.

Esta serie llega con un par de puntos de interés. Uno, primera producción propia que Mediaset estrena en exclusiva y con promoción a juego desde Entrevías, es decir, en casi un año —Desaparecidos no cuenta, Prime la tenía en catálogo desde 2020—. Dos, es una creación de Aurora Guerra (El secreto de Puente Viejo) y Alea Media (Patria), pero que su cadena trata decentemente, no como RTVE con Fuerza de Paz. Tres, Alexandra Jiménez con un protagonista en drama, cosa que se ha visto poco desde La pecera de Eva (2010-2011), con la excepción de Les distàncies (2018), El inocente (2021) y algún secundario lucido tipo Vasil (2022).

Pero se lo ha comido todo una promoción mucho mejor que cualquiera de esos elementos, que solo nos interesan a los enfermos mentales: una polémica ridícula. Solo con los tráilers hubo alguien, no está claro quien, eso de «las redes», que acusó a la serie de favorecer la pederastia. La circunstancia la aprovecharon los columnistas del sentido común para dar la brasa con sus obsesiones, los Abogados Cristianos para hacer el ridículo y la cadena para hacer aún más publicidad. Si me dicen que es una jugada maestra del departamento de marketing de Mediaset, me lo creo. Pero, ¿y la serie? ¿La serie qué?

Es un escándalo

Escándalo. Relato de una obsesión Telecinco Alexandra Jiménez

Obviamente no, y se podía adivinar fácilmente leyendo el título como tuvo a bien subrayar uno de sus guionistas, Escándalo. Relato de una obsesión no romantiza la pederastia —el chaval tiene 15 años, no sé si sería estupro, si acaso—, y queda claro viendo solo un episodio. Es un melodrama, un culebrón en formato miniserie muy bien rodado y con al menos una muy buena actriz en su reparto, pero que, al menos con lo visto hasta el momento, parece no tener más trascendencia que la enésima historia de pasión desgarradora.

El interés, de hecho, va a estar en ver cómo se las apaña el guión, muy simplón con todos los personajes y situaciones salvo a la hora de construir a la protagonista, para que Inés siga siendo un personaje principal más o menos simpático o cercano mientras la situación avanza y se le vayan acabando las excusas —duelo, abandono, Edipo, maltrato psicológico, soledad— para lanzarse en brazos de un adolescente con graves problemas afectivos.

Sería maravilloso que, como parecen insinuar las últimas escenas del primer episodio y los adelantos, en realidad Inés esté un poco para allá del coco, la mitad de lo que hemos visto sea imaginado, y en realidad es la villana de la historia, solo que como es su punto de vista el que narra, parezca que una víctima que toma malas decisiones. Vamos, que se cumpla literalmente lo que anunció la propia Aurora Guerra: esto es Lolita con los géneros trocados, para que cante más. La crítica a la fantasía sexual de ciertas series, eso de la profe y el alumno, que hacía Todos mienten (2022), pero a lo bestia.

Diálogos contra planos

Escándalo. Relato de una obsesión Telecinco Alexandra Jiménez

Eso explicaría el que parece el principal fallo de Escándalo: los diálogos y las caracterizaciones artificiales, que casi toman por tonto al espectador. El marido de Inés está a dos chupitos de convertirse en un supervillano de la Marvel, la hija es más insoportable que una promoción entera de Las Encinas y el padre de Hugo llega prestado de un telefilme alemán de media tarde. Trauma loco tras trauma loco, lo raro es que los personajes solo tengan un romance turbio secreto. Aparte, el momento en que se acuestan por primera vez concatena tantas circunstancias excepcionales a la vez que no hay por dónde cogerlo, y hay varias escenas así de inverosímiles que desmienten la gravedad que les da la razón.

Son torpezas que duelen más porque resulta que Escándalo está muy bien rodada, mucho mejor que la media de lo que estamos acostumbrados en las series en España en general y en la televisión en abierto en particular. Planos en los que Inés queda disminuida frente a su marido o se diluye en las aguas nocturnas de la playa, otros en los que se invierte su control de la situación frente a Hugo, la composición cuando se sienta a comer con su hija en un chiringuito o los contraplanos en la tienda de ropa de bebé, donde por primera vez se insinúa que igual todo lo que nos están contando está solo en su cabeza. Son ejemplo de eso de contar conceptos complejos con la cámara, sin atajos dialogados ni subrayados, que se hace demasiado poco.

En fin, que este capítulo uno de Escándalo presenta una serie muy interesante en la forma y muy, aparentemente, facilona en el fondo, que aún así precisamente por todo lo que todavía no ha podido contar merece una oportunidad. Sobre todo para que dejemos de reproducir debates inanes que solo benefician a gente que quiere vender su burra ideológica o ganar mucho dinero a costa de hacerse el digno. Lo mejor es ver la serie y olvidar los tweets y las columnas de opinión, incluida la mía, que ya estamos todos muy mayores… excepto el novio de la protagonista de esta historia.

Imágenes: Escándalo – Mediaset
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.