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En otro lugar: Düsseldorf o Cortegana

Un producto inane y mediocre que ni siquiera es lo suficientemente malo como para que sea gracioso cebarse al criticarlo

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En otro lugar cuenta la historia de Pedro, un joven arquitecto en paro que recibe una curiosa herencia de su abuelo: dos vacas y una burra que debe recoger en un pueblo perdido de Cantabria. En realidad se trata de una herencia «con truco» que deberá descubrir cuando esté allí, donde contactará con la comunidad del lugar y, en parte, consigo mismo.

Esta película es, a muchos niveles, el equivalente patrio a esos telefilmes alemanes que las privadas adquirieron gracias a la penúltima normativa europea usada como excusa para desmantelar nuestra industria creativa local. De esos que se ven los sábados por la tarde, con un doblaje que no entra en boca y una historia ñona, irreal y previsible que lo mismo podría suceder en Düsseldorf que en Cortegana, provincia de Huelva.

En otro lugar, como producto de entretenimiento, o más bien sopor, puede salvar la hora y media que dura, sobre todo si se hace alguna otra actividad útil al mismo tiempo, como planchar o enviar memes de Mbappé al grupo de WhatsApp de la familia para fastidiar a tu cuñado el madridista. Nada en contra de los profesionales que participan en esto, que entiendo que hacen lo que les mandan y cobran su salario. Pero es que lo que les han pedido es la mediocridad hecha filme.

En otro lugar, pero en el mismo sitio

En otro lugar

La cuestión cuando nos quejamos de ese tipo de telefilm clónico de procedencia centroeuropa, previsible, con planos de los Alpes y gente, generalmente, muy pija, no es solo por chovinismo, que también. Ciertamente, puestos a elegir, si el dinero lo van a poner una productora o una televisión española, que tenga trabajo gente del sector de nuestro país. El tema es que son películas completamente inanes, sin trascendencia, que no solo tienen valor artístico nulo -que más nos da eso en un medio donde profesamos amor por Mariano Ozores-, sino que son aburridas. Tan inofensivas, tan para todos quieren ser, que duermen a las ovejas.

La historieta del profesional liberal de ciudad perdido en la vida y un poco repipi que por las razones que sean tiene que ir al pueblo y allí se encuentra a sí mismo y, ya de paso, el amor, está más vista que el tebeo. Pero se puede hacer de forma graciosa si uno se empeña, incluso dejando claro que hemos venido aquí a echar el rato, como por ejemplo en A 10.000 kilómetros de la Navidad. Pero en En otro lugar no hay empeño alguno. Lo más original es la relación del protagonista con su «personaje para que verbalice movidas», en este caso su tío, que pese al parentesco, es de su misma edad. Y que Miguel Ángel Muñoz y Pablo Puyol se conocen y sí que transmiten tener confianza y estar acostumbrados a pincharse y ayudarse.

Los reencuentros

En otro lugar

De hecho, no me extraña que En otro lugar se haya promocionado como el «reencuentro» entre ambos actores. Es que no puede promocionarse de otra manera porque lo demás es mediocre y genérico. Lo tremendo es que los reúne Jesús del Cerro, que fue director de numerosos episodios de Un paso adelante y tiene una carrera interesante, desarrollada en parte en Rumanía (que empezó con la versión local de la serie, además) y en la que destaca un título, Hawaii, sobre la dictadura de Ceauçescu. Del Cerro es un profesional cumplidor que rueda rápido y efectivo, así que lo suponemos capaz de parir tres como esta al año. En otro lugar es una especie de regreso a España, donde no rodaba desde 2014.

Es mejor no hablar de la subtrama «sobrenatural», de Muñoz interpretando con un maquillaje de Juzgado de Guardia a su propio abuelo o de los chistes con el veterinario cobardica. La historia de amor se ve venir desde el casting y le intentan buscar una vuelta, con homenajes varios a algunas películas populares por medio, pero no hay quien la salve de unos diálogos con plantilla y dos actores -el propio MAM y Esmeralda Pimentel, que les sonará de La Templanza o The Good Doctor– que no se los creen. Porque al menos el personaje de él tiene personalidad, una ridícula, pero personalidad. Pero el de ella es la nada, el vacío, la chica que está ahí para que se enamore el protagonista.

En fin, que cuando llegue a streaming la podrá comentar Peli de Tarde, porque hasta el título original –Dos vacas y una burra– hacia sonar a esto más interesante. Su problema es que ni siquiera llega a ser lo suficientemente mala como para que cebarse a criticarla sea gracioso. Simplemente es la ley del mínimo esfuerzo a todos los niveles y ya. Si agarran a este mismo equipo, nombre por nombre, y le piden que haga otra cosa, la que ellos quieran, seguro que sale algo mejor. Pero si lo llegan a doblar diciendo que están en la Pomerania y que el burro se llama Hilda, nos habríamos dado cuenta de que no puede ser solo porque el prota es Tito Rober el de UPA.

Imágenes – En otro lugar – Rubén Aranda / ATM Producciones

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