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Películas españolas 2026

El juego: Sentido de la estética

Un drama intimista sobre las relaciones de pareja con la pandemia como excusa que a pesar de todo su esfuerzo no consigue quitarse la sensación de algo más que visto mil veces
El juego: Sentido de la estética 3

El juego de Víctor y Eva es fingir que no se conocen. Han sido pareja siete años, pero rompieron poco antes de comenzar el confinamiento de marzo de 2020 y ahora se ven obligados a convivir esos meses a pesar de no encontrarse precisamente cómodos el uno con el otro. Así que crean un juego, uno en el que fingen no conocerse de nada y volver a empezar a salir desde cero, una tabula rasa que debe durar solo hasta que acabe el encierro pandémico. Por supuesto, nada es tan fácil ni sale como esperaban.

Primer largometraje de Paco Sepúlveda, un drama intimista de corte independiente y ambientado en lo peor de la pandemia que viene adornado por un reparto inverosímil, la popular Maggie Civantos y la estrella uruguaya Nico Furtado, en plena campaña por ser convertido en cara conocida a ambos lados del Atlántico, que para algo lo veremos pronto en la comedia comercial Me he hecho viral, acompañando a Blanca Suárez y dirigido por Jorge Coira.

El juego es otro drama COVID, de los que en realidad hemos tenido menos de los esperables, pero que ahí están. Como la reciente La Corriente (Ibiza Blue) es un relato particular y minimalista, allí tres personajes con espacios abiertos y en desescalada, aquí apenas dos en una misma localización. Falta que el relato coral se afronte desde el drama, y no la comedia, como Besos al aire, y sin el poso documental. Y no, Tenéis que venir a verla no cuenta. Pero bueno, ya pasará tiempo suficiente, y además, las películas comprometidas y colectivas son caras.

Melancolía pandémica

El juego: Sentido de la estética 1

La premisa de El juego podría ser de obra de teatro a presentar en el Lara de Madrid y luego hacer gira por «provincias». También la de un relato un poco menos realista de lo habitual de los de No todo el mundo, de Marta Jiménez Serrano. La diferencia, quizás, es tener la pandemia como excusa, lo cuál sirve para un par de diálogos sobre el duelo, la necesidad del afecto o las relaciones familiares que habrían parecido aún más calzador a media peli, y tiene la ventaja de volver la convivencia algo forzada o «claustrofobizar», por ejemplo, la afición al baile del personaje femenino.

El juego está rodada en blanco y negro, tira del cámara en mano para determinados momentos de tensión, compone las conversaciones en plano y contraplano haciendo ocupar a sus personajes espacios antagónicos del cuadro y hasta usar los cristales de las duchas para tenerlos a los dos en el mismo espacio sin que lo estén realmente. Todo bien, expresando cosas, pero hasta cierto punto pareciendo un trabajo de fin de máster al que le ha faltado una vuelta. No es un desastre pero tampoco nada especialmente original, y el sentido del humor no compensa el exceso de melodrama disfrazado de naturalismo de otros momentos.

Por otra parte, por una vez y sin que sirva de precedente, un piso en Madrid en una ficción española es «pequeño». No es un maldito zulo, para empezar porque tiene que haber sitio para la cámara, pero también para que Maggie Civantos baile, y hasta tiene terraza, pero al menos no es una casa solariega que se nos quiere hacer pasar por precaria. Eso y algunos diálogos son lo más creíble de todo este escenario ad hoc y un poco forzado para que reflexionar en profundidad sobre las relaciones en el mundo de hoy. Sobre las heterosexuales normativas, además, que eso casi no lo hemos visto nunca.

Lo mismo, pero en blanco y negro

El juego: Sentido de la estética 2

Quizás ser muy similar a otro centenar de obras que reflexionan sobre los mismos temas sea algo que no se pueda reprochar a El juego, pero sí que lo haga de manera casi exactamente igual a todos estos y que además crea que está siendo trascendente. Se agradecen las bromas de complicidad entre la pareja porque si no todo parecería un remedo un poco torpe Malcolm & Marie, de Sam Levinson sin nada de su mala leche ni los giros originales que encerraba. Hasta los secretos y los traumas que van surgiendo conforme avanza la acción son un poco previsibles o dan absolutamente igual cuando llegan.

Desescalando, resumiremos que El juego se tiene como principal enemiga porque incluso en los momentos que deberían hacerla diferenciarse de todos los otros productos que proponen exactamente las mismas reflexiones, acaba siendo previsible. En general los actores no hacen un mal trabajo y toda la planificación de composición y narrativa está al servicio de la historia de manera lógica, pero claro, servir todos bien al guión tiene que partir de la base de que el susodicho guión nos lleve a algún lugar inesperado.

Imágenes: El juego – Bastardas Films
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.