Críticas
Camino de la suerte: Elogio a la mayor normalidad

Stills de 'Camino de la suerte'. Montaje: ©Cine con Ñ
En Camino de la suerte Tito Valverde es Joaquín, un hombre que supera los 65 años y que, de una noche para otra, se queda viudo. Para pasar el duelo, Joaquín decide volver al pueblo de Jaén del que un día se fue junto a su mujer. Sus depresivos días pasan entre el encierro y el tener que lidiar con Poli, su amigo de toda la vida, que intenta animarle a su manera. En una de esas salidas junto a él, Joaquín conoce a Rosario (María Jesús Sirvent), una mujer también mayor con la que empieza a congeniar de una extraña manera.
Primera película española original de la plataforma SkyShowtime, Camino de la suerte es una película a la que se le podría poner la etiqueta hortera de «película de amor en la 3ª edad». Un tipo de comedia o drama romántico cuando todo el pescado parecía vendido que en España está empezando a cuajar, aunque sigue siendo poco habitual. En este corte de ficciones las personas mayores han tenido, tradicionalmente, dos tipos de relaciones sexoafectivas: las de los abuelos de amor incondicional o las del/la viudo/a de espíritu asexual, alejado por inercia de nuevos afectos.
En su primera película como director, Jorge Alonso se maneja bien entre píldoras de humor negro y añejo, la pesada soledad del corredor de fondo y la crónica de un romance que no debería ser atípico. Aunque su apresurada resolución tras dos horas se resiente demasiado como para llegar a cotas más altas, Camino de la suerte se mantiene siempre agradable, comandada por la fuerza del núcleo irradiador que supone ver en acción a la pareja (también en la vida real) Valverde-Sirvent.
Camino a una comedia romántica con mayores

A nadie le puede sorprender leer lo siguiente: España, uno de los países con mayor esperanza de vida del mundo, está llena de personas mayores. Aunque no lo parezca por su escaso espacio simbólico y social, los cálculos son que uno de cada cuatro españoles tendrá 65 años o más dentro de 10 años. Y eso es una tendencia demográfica que poco a poco se va viendo también en el cine español, con una presencia creciente de las personas mayores en papeles protagónicos, no solo secundarios.
Hasta una comedia comercial con las última tendencias familiares como ¡Vaya vacaciones! puede estar ahora protagonizada por dos veteranos como Gracia Olayo y —curiosamente— Tito Valverde. En lo del querer y el follar es siempre otra historia, pero también se han visto reivindicaciones muy recientes del deseo femenino en personas mayores, como es el caso de La vida era eso (David Martín de los Santos, 2020) o la muy reciente Mamacruz, de Patricia Ortega, que coincidirá en cartelera con Camino de la suerte haciendo un tándem interesante.
A diferencia de las películas que acabo de citar y aunque tenga poco de formulaica la propuesta, la de Jorge Alonso sí se que se propone una estructura de película romántica clásica y más pulcra en el camino del personaje de Joaquín, gran protagonista y alter ego del propio abuelo del director, que pasa de un difícil duelo al progresivo alcance de una nueva oportunidad, un conflicto a partir de esa situación y finalmente una resolución del mismo.
Ser viejo y ser especial en Camino de la suerte

Donde Camino de la suerte se permite ser ella misma es en la construcción y fidelidad a sus personajes, en un diseño que se nota que se ha trabajado con delicadeza junto a los actores. Incluso en la propuesta estética y de puesta en escena se superan las formas de una típica comedia romántica y se llega a un desarrollo que se mimetiza con los ritmos, las miradas y las rarezas que se siente como las de una persona mayor en duelo en la España de 2023, sin tampoco recrearse en la reivindicación gerontológica o en una especie de costumbrismo rural desubicado.
Las imágenes tranquilas de Camino de la suerte, que van dejando atrás la oscuridad para coger luz, son, al fin y al cabo, un elogio mismo a la normalidad. Esa misma sencillez en la resolución dramática, esa feliz banalidad, que debería suponer el hecho de que en un pueblo de Jaén dos personas puedan sentirse atraídas y comenzar una nueva relación. Sin darse demasiada importancia en plano, pero tampoco menos de la que se les podría dar a un par de treintañeros intensos.
Deja con un regusto un poco amargo la sensación de que a la película no se le ha permitido en montaje una conclusión más redonda y emocionante para su historia de amor, que no es un detalle menor en el planteamiento de Alonso. Sobre todo teniendo en cuenta que sí se han incluido secuencias explicativas, de cara a la galería, en una película ya larga para sus características. En cualquier caso, un trabajo que se nota sincero y que se permite ser normal para resultar especial.
La puedes ver online en


Arturo Tena