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'SOLAS' Y 'HABANA BLUES'

El primer cine de Benito Zambrano, el director de la conciencia social intimista

FlixOlé estrena los dos primeros títulos del cineasta sevillano, que cambiaron la cara del cine español del cambio de siglo
El primer cine de Benito Zambrano, el director de la conciencia social intimista 1

Una cumple 25 años este 2024, la otra hará 20 el año que viene. Son Solas (1999) y Habana Blues (2005), las dos primeras películas de Benito Zambrano, dos títulos que fueron rara avis en su momento, pero respetados por crítica, público y premios, y que no han envejecido ni en sus líneas básicas ni en la mayor parte de su narrativa. 

Este inicio fulgurante de la filmografía de Zambrano, que en 2024 estrenará El salto, llega ahora a la vez al streaming de la mano de la plataforma FlixOlé, que estrena ambas películas. Es una oportunidad para repasar lo que significaron, porque definieron la carrera de un director que ha escapado de cualquier etiqueta sin dejar de tener un discurso autoral evidente.

A finales de los años 90, Benito Zambrano había regresado a España tras realizar sus estudios de cine en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, en Cuba, donde decidió cursar estudios de guión porque descubrió que antes de dirigir quería afinar bien sus historias.

Ya había dirigido cortometrajes en los 80 y alguna película y documentales para televisión, pero le faltaba, por confesión propia, asumir de verdad su voz como director de cine. A Cuba llegó ya con el germen de Solas en la cabeza, y volvería con ese guión terminado y la idea clara de que, si hacía un segundo largometraje, sería Habana Blues

Cuesta verlo con la distancia, pero Solas supuso una pequeña revolución en el cine español del momento que no culminó en paseo triunfal en los Goya o candidatura a los Óscar porque tuvo la mala suerte de coincidir en cartel con Todo sobre mi madre, de Pedro Almodóvar. Baste decir que, cuando aún se podía optar a las dos categorías, Zambrano estuvo nominado tanto a Mejor Dirección como a Mejor Dirección Novel. Pero los premios, aunque son importantes a veces, se quedan en mera estadística.

Solas se puede ver ahora como una película de plena actualidad y adelantada a su momento histórico. Protagonismo femenino absoluto, naturalismo argumental y narrativo, reparto casi amateur o tomado del teatro y lo no profesional y una historia tierna y dura desde el realismo. 

Cuando no se hablaba del maltrato, o se reflejaba de maneras que resultarían chocantes a estas alturas de 2024, Solas puso sobre la mesa una realidad silenciada, intuida por puertas entreabiertas, y estableció una genealogía de solidaridad y saberes femeninos . La película propuso un espacio para la esperanza y la ruptura de todas esas dinámicas heredadas. Unos ejes temáticos que se pueden ver en todo el cine posterior de Benito Zambrano, con ejemplos evidentes como La voz dormida (2011) e incluso en un encargo como Pan de limón con semillas de amapola (2021).

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‘Solas’

Ahora que se acercan los Premios Carmen y acaban de pasar los ASECAN, no es malo recordar que la película del director nacido en Lebrija resucitó una industria a veces dormida y otras ninguneada, la andaluza. Lo hizo adelantándose por muy poco a la llamada Generación Cinexin, esa que con directores tan dispares entre sí o respecto a él mismo como Alberto Rodríguez o Santi Amodeo no tardaría en dar el salto también. En la etapa del audiovisual español con más castellano neutro y acentos tópicos en la televisión, Zambrano llevó el respeto por sus personajes y el entorno al extremo que necesitaba para que la película transmitiese verdad.

Solas también fue importante porque descubrió a dos grandes actrices: Ana Fernández y María Galiana. Paradójico es el caso de la ahora conocidísima por su papel de la abuela Herminia en Cuéntame cómo pasó (2001-2023), que no empezaría a interpretar hasta dos años después, y en parte lo hizo gracias a esta película. Hasta ese momento era una actriz casi principiante y más habituada a las tablas del teatro que a las cámaras de cine. A sus 64 años de entonces había ejercido toda su vida como profesora de Historia e Historia del Arte en institutos de Sevilla. Se jubiló a tiempo para no tener que aguantar a la generación de la ESO y recoger su Goya.

Pese a este éxito—Solas la vieron casi 950.000 personas y recaudó el equivalente a las pesetas de entonces a 3,6 millones de euros, nos recuerda el ICAA—, Benito Zambrano tendría un parón en el largometraje de seis largos años. En ese tiempo solo firmaría Padre Coraje en 2002, una miniserie para Antena 3 protagonizada por Juan Diego y que en sus tres episodios promediaría unos notables 4,5 millones de espectadores.

Y entonces llegaría Habana Blues, un tipo de cine que se salía de los cánones tanto comerciales como autorales del momento. Otros autores españoles habían cruzado el Atlántico para contar historias de América Latina, y de Cuba en concreto, pero no como esta. Zambrano mezcla su propia experiencia en la isla y como autor con la historia clásica de dos jóvenes músicos que deben elegir entre su integridad artística y sus aspiraciones de éxito. Uno es más purista, otro más práctico. Uno tiene una familia que mantener y unas obligaciones, otro sueños y una herencia artística familiar que le pesa más de lo que admite.

Benito Zambrano ama Cuba pero no se ahorra denunciar ni uno solo de los males de la situación de la isla, tanto en los 90 del “periodo especial” de la dictadura castrista que él conoció como la de los mismos 2000 en los que estrena su película. El naturalismo ambiental y expresivo, de manera que se usan técnicas de documental poco habituales en el cine de ficción de la época, se ponen al servicio de una historia en la que Alberto Yoel y Roberto San Martín encabezan un reparto que vuelve a rozar lo no profesional.

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‘Habana Blues’

No tuvo la misma repercusión de Solas, pero tampoco le fue nada mal a Habana Blues en su acercamiento al público: algo menos de 700.000 espectadores y 3,1 millones de euros, que estaban en circulación desde poco tiempo antes.

En Habana Blues ya estaba definido ese idealismo desde cierto desencanto pero sin perder la esperanza, en la línea de otros directores de películas sociales de nuestro cine, pero sin usar moralejas ni varas de medir ideológicas. La de Zambrano es una conciencia social que se construye desde el intimismo, y esta es la segunda película de un director maduro y seguro de sus recursos, que volverá a poner en práctica en dramas históricos como la mencionada La voz dormida o Intemperie (2019), o que lo han llevado a dirigir la inminente El salto, una historia sobre la valla de Melilla.

Solas y Habana Blues son dos películas muy diferentes entre sí pero que están unidas por un hilo conductor claro: la voz de un autor como Benito Zambrano que no se aclimató a las circunstancias cuando empezaba y al que resulta difícil encajonar en una etiqueta clara, pero cuya narración y temas son perfectamente reconocibles. Un regreso al cine español que fue y a lo que ha acabado siendo gracias a títulos como estos. 

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Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).