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Críticas | BCN Film Fest 2026

‘Por qué no escribo nada’: recuperar con su voz a Carmen Laforet, la escritora que se fue disipando

Una invitación correcta, ordenada, útil, pero potencialmente muy frustrante sobre la vida y la obra indómita de la autora de 'Nada' o 'La isla y los demonios'
Crítica de 'Por qué no escribo nada', de Carmen Laforet

La ganadora del primer Premio Nadal de novela fue una joven escritora debutante, Carmen Laforet. Su ópera prima, Nada, fue toda una sensación cultural y mediática en la España de posguerra. Y comportó el nacimiento de una especie de estrella mediática observada por los periodistas desde posiciones androcéntricas o directamente machistas. La autora se fue alejando de la escritura pública, pero los medios anunciaron su desaparición creativa antes de que tuviese lugar porque su producción parecía cuantitativamente insuficiente.

Con los años, se ha ido superando la idea de que Laforet fue una especie de autora truncada. Su literatura posterior también es objeto de disfrute y de estudio. También se han puesto en valor sus mismas acciones: una cierta manera de no plegarse a las expectativas de lo que se consideraba que debía ser una mujer figura pública de la cultura, un rechazo a acatar la división sexista de roles y tareas del patriarcado en versión nacional-católica.

La realizadora Isabel Fernández (Los constructores de la Alhambra) se ha nutrido de la abundante publicación de textos de Laforet y alrededor de Laforet. Por qué no escribo nada ensaya un recorrido cronológico que parte de fragmentos de textos de la autora, correspondencia personal incluida. Los recita la actriz Mónica López, quien también pone cuerpo ocasionalmente a la autora en filmaciones originales, puramente ilustrativas y sin teatralizaciones, que complementan el uso de material de archivo de procedencias muy diversas. El resultado cumple su función divulgativa, aunque las formas audiovisuales empleadas puedan generar bastantes dudas.

Por qué no escribo nada: de la intimidad y la sensibilidad

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El primer tramo de Por qué no escribo nada hace especial hincapié en la sensibilidad de la joven autora de Nada. Quizá los materiales íntimos, como los fragmentos de cartas de amor, suenan fácilmente relamidos cuando se extraen de la esfera íntima. Más aún cuando se presentan sin contrapuntos: la voz de López es evocadora, las músicas originales son bellas… todo está dirigido a cultivar una especie de elogio de la sensibilidad que puede llegar a asfixiar.

La crítica cinematográfica tiene un largo historial de sospecha hacia lo sentimental, y esta es una tradición que puede y debe ser cuestionada (y que puede tener un componente androcéntrico, aunque no solo se trate de eso). Pero, especialmente durante la primera parte de su metraje, el filme acaba pareciendo un equivalente documental de eso que se ha dado en llamar cozy fiction: literatura desatadamente complaciente con el lector y que minimiza cualquier conflicto. Y la literatura de Laforet no era así. Cultivaba la belleza, pero también se adentraba en zonas oscuras de las vidas, las urbes y las psiques. 

Esta estética de la sublimidad constante continúa a lo largo de la película, pero el documental resulta más respirable, paradójicamente, cuando va ganando terreno la denuncia. Cuando se hace más patente el difícil encaje de la biografiada en el panorama mediático y en las mismas construcciones sociales de trabajo y familia en la España franquista. Se citan fragmentos de artículos de la escritora con componentes de reivindicación femenina o feminista. Y también textos periodísticos ajenos donde donde queda claro cómo la novelista encajaba preguntas y comentarios impertinentes, insultantes.

Una premisa inusual, pero materializada muy convencionalmente

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La mujer que defendía su privacidad es recordada de una manera que se acerca a lo impúdico. La escritora que no quería recibir miradas fetichistas inspira una especie de culto a la sensibilidad sublime. A veces, las historias que se abordan encajan de manera problemática con las formas audiovisuales escogidas para tratarlas. En El maestro que prometió el mar (2024), se recuperaba la figura real de un maestro republicano que intentaba estimular la autonomía de sus alumnos. Contradictoriamente, sus autores empleaban para ello unas formas audiovisuales paternalistas, que marcaban cuándo tenía que reír y llorar el espectador. Y eso friccionaba con la tarea (empoderadora) y el ideario (democrático) del protagonista. 

Fernández emplea una estructura no insólita, pero sí infrecuente, para retratar a Laforet. Se ha alejado del documental de cabezas parlantes y ha partido de su voz, complementada con algunas palabras de otras y otros escritores y periodistas. Ha escarbado en multitud de archivos, incluidos archivos audiovisuales de la familia de la novelista. Con todo, la manera de llevar a cabo el proyecto remiten a esa especie de sentido común audiovisual que empuja a tomar caminos predeterminados, a asumir ciertas fórmulas y clichés, sea por gusto de los autores, o porque se considera que es lo que debe hacerse o porque parece lo único que puede hacerse. 

En este sentido, algunos pasajes del largometraje parecen extraídos de un vídeo motivacional. Como otros filmes de cierto calado político, Por qué no escribo nada trata de decir algo diferente, pero emplea unas cuantas herramientas del audiovisual corporativo para ello. Las imágenes originales de Fernández también parecen muy interferidas por cómo concibe la belleza (o como filma la naturaleza) el audiovisual publicitario. 

Más interesante podía resultar que la película se cierre con una especie de encuentro entre diversas escritoras que dimensionan el legado de la retratada. Con todo, la aportación de estas autoras está tan esencializada, troceada a través de un montaje que destaca unas pocas frases, que queda poco de la vida que puede surgir de un debate. Como si no fuese posible detenerse demasiado. Cosas del sentido común audiovisual, suponemos. Así que esta mirada a la autora de La mujer nueva es una invitación correcta, ordenada, útil, pero potencialmente muy frustrante, a introducirse en su vida y su obra.

Ignasi Franch

Ignasi Franch

Periodista cultural y crítico cinematográfico desde 2003, cuando todavía se veían algunos disquetes por las redacciones. Colabora en medios como El Diario, El Salto, Crític, Caimán - Cuadernos de Cine, Directa y Rockdelux, entre otros.