CRÍTICAS
Pioneras. Solo querían jugar: Mover la pelota con criterio y tener equipazo

Stills de 'Pioneras. Solo querían jugar'. ©Carla Oset. Montaje: ©Cine con Ñ
Pioneras. Solo querían jugar es la historia de la primera selección femenina de fútbol en España, que fue no oficial, casi improvisada, precaria y con las autoridades en contra… pero fue. La aventura de un promotor deportivo, una periodista y un grupo de mujeres muy jóvenes que querían practicar el deporte que amaban a pesar de los prejuicios, tanto de la sociedad o las administraciones como de sus propias familias o seres queridos.
En este reinado de los «basados en hechos reales», con el cine español haciendo sus pinitos en la cosa deportiva —desde la estupenda y desapercibida 42 segundos (2022) hasta la futura Karateka—, sumado al éxito de los documentales sobre Alexia Putellas y sus compañeras, un proyecto como este era previsible. La elección de la directora, Marta Díaz de Lope Díaz, responsable de las fantásticas Mi querida cofradía (2018) y Los buenos modales (2023), es aún más que lógica.
Pioneras. Solo querían jugar aspira a ser una película popular, con estructura entre la comedia y el drama de superación más el toque de época (que es de lo más logrado reciente). Lo consigue la mayor parte del tiempo, incluso con guiños al cine del momento en que se ubica, los 70, y teniendo claro que está aquí para divertir y emocionar, no para que aplaudan los critiquillos resabiados. En la línea reciente de revisar la Cara B de la Transición, su potencial era unirse a la escuela disfrutona de Te estoy amando locamente (2023).
Pioneras: somos 11 contra 11

Solo que ser coral no es tan fácil, y más cuando tienes que reflejar la diversidad implícita en un equipo de al menos 14 chiquilicuatres —las titulares y el mínimo de tres reservas de la época—, además de los adultos que promocionan el tema y el entorno de cada una, con sus arcos particulares. Y claro, en 106 minutos, igual no te da. Aunque el guión de la directora y Zebina Guerra (Zoomers, Un paseo por el Borne) se las apaña para presentar los personajes en medio diálogo y que ya sepas a qué atenerte, aquí «faltan» escenas.
¿Por qué? Porque con su estructura canónica de película de deportes —aunque fútbol se vea muy poquito, y se note que un poco les da igual—, Pioneras quiere que el primer partido «oficial» de la España de mujeres sea el cénit emocional de la película, hasta el punto de que dé igual el resultado. Y que en ese momento, los diferentes entornos de las jugadoras pasen de rechazar la movida a apoyarla.
Porque solo lo ceba bien en algunos casos, como el de la chica peluquera, poblado de las actrices habituales de Díaz y Guerra, como Pepa Aniorte y Carmen Flores, que clavan a la perfección unos papeles escritos con mucho cariño y respeto. Pero a la subtrama de la sindicalista o la de la jugadora con los hermanos chuletas les falta una escena o un diálogo para tener sentido. Que sepamos qué ha pasado con la huelga —si no, parece que el moratón lo tiene por otra cosa— o la importancia de la madre de la segunda, que ni tiene frases.
Este problema con la coralidad se resume en que el personaje de Daniel Ibáñez, un buscavidas al estilo de los caraduras de Tony Leblanc del cine de entonces, que se redime en un arco previsible pero efectivo, está mejor dibujado que el 90% de las jugadoras cuando debería ser un secundario. Y la periodista del AS —muy bien por aparecer el periódico tal cual y con autocrítica— que firma con pseudónimo masculino de Aixa Villagrán, la cual daría para otra película ella sola, llama más la atención que todas juntas.
Pioneras y el pase de la muerte

Ojo, que Pioneras está muy muy bien hecha. La ambientación es detallista hasta lo friki, incluyendo las fechas de portada de las revistas, la banda sonora o lo que programa el cine —si ya aparece Las Ibéricas FC (1971) servidor habría salido llorando de la sala—. Tiene toques de humor y credibilidad muy de Díaz y Guerra como esa portera que no deja de fumar ni entrenando. Y las situaciones se presentan con una economía narrativa envidiable, su problema no es la claridad, es o que no las resuelven bien o que han cortado de más en la sala de montaje.
Por otro lado, aunque leerán por ahí «inspirado en» porque las jugadoras y sus adultos están ficcionados, los partidos que juegan y los titulares de prensa son 100% reales, igual que los diálogos rancios de los dos villanos interpretados por Elena Irureta y Jordi Sánchez están sacados de declaraciones públicas de la misma época. E Ibáñez, Villagrán o José Troncoso lo hacen estupendamente: graciosos, distantes o serios cuando toca. Está todo muy bien, incluso cuando es previsible. El problema es que le falta aire para que todo eso brille.
A falta de una Aitana Bonmatí que ponga el pase de la muerte, diremos que Pioneras. Solo querían jugar lo hace todo bien menos el toquecito final, el que sirva para empujarla. No es que le pidamos que la meta con rosquita por toda la escuadra, solo que el juego le salga armonioso, con todas las piezas del equipo jugando a la vez. Porque al final lo que le pasa es como a una de sus protagonistas: que está tan acostumbrada a jugar sola, que no ha sabido combinar para avanzar con la pelota.


Jose A. Cano