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Películas españolas

42 segundos: Amigos para siempre

Dani de la Orden y Àlex Murrull dirigen una épica deportiva que aprovecha la ambientación noventera y la potencia dramática de los hechos reales
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42 segundos recrea la preparación de la selección española de waterpolo para los Juegos Olímpicos de Barcelona’92, con la llegada del entrenador croata Dragan Matutinovic y el choque entre los jugadores catalanes y madrileños. La rivalidad y posterior amistad entre Pedro García Aguado y Manel Estiarte determinará el destino de un equipo con el que nadie contaba pero dispuesto a ganar el oro olímpico.

Álex Murrull y Dani de la Orden han dirigido una película deportiva más que correcta, con el equilibrio entre los esquemas del subgénero que hacen que funcione a nivel superficial, digamos, pero dotándolo del carácter local necesario para que la historia resulte cercana y reconocible a un público español que suele ver pocas adaptaciones de este tipo.

Ayuda (y edulcora) que esto se basa en referentes fácilmente accesibles, incluida la figura de Pedro García Aguado vía el programa Hermano Mayor y similares. Tanto él como Manel Estiarte han contado los traumas personales que aparecen aquí en sus respectivos libros autobiográficos: Mañana lo dejo (2008) y Dejarlo es posible (2009) en el caso del primero y Todos mis hermanos (2009) por parte del segundo. De paso le da la razón al documental Aigua, infern, cel (2012), de Joan Soler, que se centraba en los duros métodos de entrenamiento de Dragan Matutinovic, al reflejarlos como poco menos que una preparación militar de élite.

42 segundos y el espíritu del 92

42 segundos: Amigos para siempre 1

Carlos Franco aprovecha bien los cimientos dramáticos con un guión blindado, de manual, pero que se permite algún lujo. Divide claramente la película entre la parte del entrenamiento (la mayor licencia, quizás, es que Matutinovic fue contratado en 1990 y no a pocos meses del campeonato) y la del torneo en sí. Se incorpora la ambientación de la época en el guión, con rivalidades y demás, y se permite que sobrevuele también la figura de Jesús Rollán, retratado con mucho respeto, otro de los jugadores icónicos de aquel equipo hasta su trágico final cuyo carisma supura en las pocas escenas que tiene en 42 segundos.

Es digno de elogio el montaje de la secuencia final, en el que mientras se prolonga de forma agónica la interminable final de tres prórrogas contra Italia el público en los bares o el graderío se va interesando progresivamente por un deporte casi desconocido. También funciona la «trampita» de que ahí se llega cuando se ha invertido toda la tralla emocional en los dos protagonistas y la cámara puede descansar en ellos lo que le apetezca, pero eso en realidad significa que 42 segundos está bien construida y transmite los clímax y anticlimax emocionales que se vivieron en aquella tarde olímpica.

Eso es llevar bien el deporte a la pantalla, y no solo que las jugadas queden bonitas y entendibles, que también. Es difícil narrar un partido de casi cualquier disciplina y casi siempre se utilizan apoyos como el de los comentaristas, los titulares de prensa o los comentarios del entrenador, que están aquí, pero las jugadas que se reproducen y el par de partidos específicos a recrear se ejecutan de manera clara. Si que uno u otro personaje marque o pare un gol tiene efecto dramático, el espectador lo puede percibir sin necesidad de atajos, y el periodista que narra está para cebar el suspense, no para suplir carencias de la cámara.

Cerrando la Transición a lo balcánico

42 segundos

Parte de la gracia es como la película subraya los contrastes entre Estiarte y García Aguado, o lo que es lo mismo, entre los waterpolistas catalanes y los madrileños. El primero es cosmopolita, cerebral, está profesionalizado y lleva sus traumas familiares con estoicismo, casi como una penitencia. El segundo es un chico de barrio, jaranero, chuleta, autodestructivo en su ansiedad, pero con un corazón de oro y capaz de contagiar su entusiasmo por el deporte. Sí, es «Denver waterpolista» (un poco porque muy probablemente García Aguado sería así de joven), y Jaime Lorente lo sabe. Debe estar aburrido de que le den siempre el mismo papel, pero es que lo hace demasiado bien.

Así, 42 segundos es también una película muy macha en la que pasan muchas cosas muy machas, incluido el que sus escenas cumbres consistan en señores como armarios -han mazado a los actores a tope para que den el pego- llorando por sus problemas con la familia, que aunque nadie se lo crea, es el cúlmen de Lo Macho. El entrenador Matutinovic, al que en la vida real se ha cuestionado sus métodos de entrenamiento casi militares, sale bien parado, como un tipo que en el fondo cuida de su equipo y crea comunidad. Y el momento en el que Estiarte se abre al grupo y se convierte en líder es haciendo el burro en las duchas. Etc. Todo macho, macho.

Podemos resumir con que en 42 segundos Dani de la Orden cumple con su efectividad habitual trasladando al genuino sabor ibérico los géneros populares importado de EEUU y Álex Murrull tiene un más que notable debut tras la cámara. Es una película previsible (entre otras cosas porque el final se puede buscar en wikipedia y de él se acuerda la media España que tiene edad para ello), pero que transmite vitalismo y amor por el deporte, a pesar de todas las tragedias que la sobrevuelan. Es decir, esto, que en nuestro país no se hace nunca, aquí está muy bien hecho. La puedes ver en

Imágenes: 42 segundos – Universal
Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.