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Críticas

El vestido: Se busca terror para alquilar

La nueva película de género con Belén Rueda apuesta por un terror reconocible y exportable, acomodado en el mínimo común denominador, que diluye cualquier identidad propia
Crítica de 'El vestido', película de terror

El vestido nos sitúa en la llegada a una vieja casa de una mujer, Alicia, y su hija, Carla, tras un divorcio complicado. En ese mismo lugar, años atrás, desapareció una niña en extrañas circunstancias. La preocupación y paranoia de Alicia van en aumento cuando se suceden fenómenos paranormales en la casa y Carla empieza a sufrir episodios inquietantes.

Después del thriller rompecabezas con Reversión y el drama romántico con Fragmentos, la factoría de Frank Ariza estrena esta película de terror con Belén Rueda, icono del género gracias a El orfanato (2007). Jacob Santana, que ya dirigió Reversión, vuelve a firmar en solitario (aunque Ariza también ha estado acreditado como codirector en alguna fase del proyecto) esta película con punto de partida de toda la vida: mudanza a una vieja casa donde pasan cosas raras, hijo/a como catalizador y madre muy preocupada.

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El vestido arranca desde este lugar genérico y más bien artificial, y ahí se queda. La película no se atreve a darle una vuelta de tuerca a ninguno de sus tropos clásicos y simplemente va pasando por ellos como por obligación, uno por uno, hasta llegar a un giro final que está lejos de salvar en retrospectiva a todo lo que se ha visto antes.

El vestido y los buenos relatos de terror

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Las buenas películas no son necesariamente las más originales. Puede haber películas con coordenadas hipersobadas que son maravillosas precisamente porque han comprendido las bases para el funcionamiento de esos grandes relatos que las sostienen. Al entenderlas, pueden traducirlas a su manera y así hacer su propio camino, que se superpone e integra en esa raíz común. El terror, un género sostenido habitualmente por los mitos, lo entiende mejor que nadie.

Eso es lo que hacía que El orfanato, el espejo más obvio (los paralelismos van desde el cartel hasta el azul de la niña) en el que se mira El vestido, funcionara. La de J. A. Bayona también va de una madre que se muda a una casa grande con su hijo y pasan cosas raras. Allí, el punto de partida era solo un trampolín para llegar a un terror gótico con sus propias normas. En El vestido no hay independencia ni relato propio, más bien referencias recicladas en flashbacks y golpes de efecto, ahogados en una ambientación genérica y un trasfondo narrativo muy débil.

El mínimo común denominador

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Al final, El vestido acaba resultando en una experiencia insustancial. Incluso cuando el esfuerzo de producción por generar elementos de terror está bien colocado, la película se desliza siempre hacia el mínimo común denominador en progresión dramática, set pieces y lore en su historia. Da la sensación de que las cosas están puestas ahí porque tienen que estar, como si obedecieran a una checklist, no porque haya un verdadero motivo. Incluso el vestido, supuesto elemento fundamental en la historia, acaba siendo bastante secundario.

En su intento por internacionalizarse como producto, por resultar fácilmente exportable al mercado exterior mediante el uso de códigos reconocibles y una base genérica compartida, la película termina diluyendo cualquier rasgo diferencial. La apuesta por una estética neutra, deslocalizada, intercambiable —una casa que podría estar en cualquier país, una ambientación sin anclajes culturales claros, un tratamiento visual homologable al estándar del terror industrial contemporáneo— elimina capas de identidad en lugar de potenciar su alcance. Nada remite a un contexto concreto.

Por ir cerrando la puerta: El vestido es una película prescindible, cuyo principal atractivo es volver a ver a Belén Rueda — y a Vera Centenera, convincente tras Secaderos (2023)— en un terreno que conoce y domina, pero que no añade nada sustantivo ni a su trayectoria ni al panorama reciente del terror español, que precisamente necesita una apropiación más auténtica del género.

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.