Listas
Los 10 escenarios más terroríficos del cine español

Belén Rueda en 'El Orfanato' (2007)
El terror español, aunque no nos lo creamos, siempre está de moda. En el siglo XXI, el género desde nuestro país no ha dejado de regalar alguna obra maestra, influir en cinematografías lejanas o viajar sin que nos demos ni cuenta. En parte, gracias a su capacidad de crear atmósferas insanas e inquietantes, en la que la localización lo es todo. Un escenario mal escogido, y el efecto se va al traste.
Aprovechando que es época de viajar y la mayoría de ellas se encuentran en el norte, donde el calor a veces da tregua, os ofrecemos la guía de las diez localizaciones definitivas del terror español. Escenarios para los zombies, los fantasmas que no saben que no son o turistas en peligro que recordarás entre escalofríos aunque sea agosto.
[•REC] (2007)

El Edificio Cedimatexsa, conocido como ‘Casa Argelich’ por la que fue familia propietaria entre 1914 y 2023, es la única localización de la obra maestra de Jaume Balagueró y Paco Plaza, que lo ha sido de 95 películas más desde entonces. Situado en el número 34 de la Rambla de Catalunya de Barcelona, su muy particular estilo escultórico, responsabilidad del arquitecto Josep Amargós, inspiró alguna de las escenas de la película, como las tres criaturas que arrastran a una mujer con los pies de la fachada, casi un spoiler.
Lugar de peregrinación para los aficionados al género (que alguno hasta ha intentado colarse de forma poco ortodoxa), actualmente se encuentra en obras para convertirse en edificio de oficinas e incluso ganar altura. Sus propietarios centenarios, la familia Argelich, la traspasó en 2023, y no había tenido vecinos en los últimos años en parte por su fama de lugar encantado.
¿QUIEN PUEDE MATAR A UN NIÑO? (1976)

Aunque en la ficción el clásico del terror de Chicho Ibáñez-Serrador se desarrolla en una islita idílica de la costa mediterránea, la ficticia Almanzora, explorando la vulnerabilidad de esos seres desnortados a los que llamamos turistas, en realidad se rodó en su mayor parte en Ciruelos, municipio de la provincia de Toledo, a 250 kilómeros de la playa más cercana.
Un municipio de casitas blancas bajas que hoy en día continua sin apenas llegar a los 700 habitantes y que unos años antes también había servido como plató de la italiana ¿Qué nos importa la revolución? (1972), de Sergio Corbucci. Al contrario que otros de esta lista, es relativamente desconocido y no ha continuado siendo escenario de otros proyectos de terror.
EL ORFANATO (2007)

Villa Parres o palacio de Partarríu es una espectacular mansión conocida en el municipio de Llanes, Asturias, como «la fortuna que vino del mar», ya que su promotor, José Parrés Sobrino, fue el receptor de una suculenta herencia procedente de un tío que hizo las Américas. Terminado en 1899, lo conocemos más como el orfanato que el personaje de Belén Rueda quiere reabrir en la película de Juan Antonio Bayona que por cualquiera de sus historias propias.
En Llanes, que ha sido escenario de rodajes como el de El abuelo (1998), de José Luis Garci, tienen una ruta de cine que nos recuerda que el palacio también acogió algunas escenas de Mi nombre es sombra (1996), de Gonzalo Suárez, quizás no tan conocida pero igualmente terrorífica, solo que en un estilo diferente.
LA TORRE DE LOS SIETE JOROBADOS (1944)

Y su escenario no sería que el Madrid de los Austrias, además como él mismo, al contrario que cintas como Gritos en la noche (1962), de Jesús Franco, que lo mezclan con el centro de Alcalá de Henarés (otro lugar que podría estar en esta lista) y lo hacen pasar por París. Edgar Neville simplemente pasa de los 40 a finales del XIX, que entonces no era un salto tan grande, y explora el potencial para el terror gótico de las calles del Madrid histórico.
La idea de otra ciudad subterránea bajo la vieja capital, por cierto, la retomaría Jimina Sabadú en Anatema (2024), con túneles interminables y secretos mágicos oscuros justo bajo los pies de los turistas y los edificios oficiales.
LOS OTROS (2001)

El Palacio de los Hornillos, también conocido como Palacio de Las Fraguas, por el pueblo cántabro en el que se ubica, pasará en la película de Alejandro Amenábar por la británica Isla de Jersey, pero es más español que la tortilla de patatas. La clave está en que para darle su actual aspecto el duque de Santo Mauro, Mariano Fernández de Henestrosa, contrató a un arquitecto inglés Ralph Selden Wornum. Solo hacia falta añadirle la bruma y personajes anglosajones, y ya daba el pego.
Además de Los otros (2001), el Palacio ha acogido otros rodajes, como el de El viaje de Carol (2002), de Imanol Uribe. Fue lugar de vacaciones del rey Alfonso XIII, sigue perteneciendo a una familia nobiliaria, los duques de San Carlos, y, aunque no es visitable, custodia en su interior las Esculturas Orantes de los Acebedos, protegidas como Bien de Interés Cultural (BIC) por el gobierno cántabro.
MÁS DE MIL CÁMARAS VELAN POR TU SEGURIDAD (2003)

Volvemos al subsuelo de Madrid, pero a uno muy real: el Metro. Si vives en la villa y corte habrás visto los carteles que te recuerdan los múltiples rodajes de sus andenes, aunque pocos señalan este thriller que se deja influir por The Game (1997), de David Fincher, y Destino Final (2000), de James Wong, y usa como reclamo a varias caras jóvenes de la televisión de entonces, como Antonio Hortelano.
Aunque el metro en sí no es lo que más le interesa a David Alonso, director de la cinta, sino las cámaras de seguridad que lo controlan en cada esquina, proponiendo una reflexión sobre la sociedad de la vigilancia, las consecuencias del anonimato de internet y la obsesión con ser famoso hoy bastante de actualidad.
HERMANA MUERTE (2023)

Se repite Paco Plaza, con esta precuela de su Verónica (2017) para Netflix, en una historia de monjas y maldiciones que se rodó en el Real Monasterio de San Jerónimo de Cotalba, en el muncipio de Alfahuir, Valencia. Un edificio de 1388 en el que en su día llegó a pernoctar Felipe II, protegido también como BIC y abierto al público desde el año 2005.
Hermana muerte, protagonizada por Aria Bedmar, está lejos de ser el único título que ha aprovechado su gran estado de conservación y privilegiada posición geográfica, y también ha acogido rodajes como los de 22 Ángeles (2016), de Miguel Bardem, o la serie Entre dos reinos (2011), creada por Miguel Perelló.
EL SECRETO DE MARROWBONE (2017)

De nuevo Asturias pasando por paisaje propio de otras latitudes, en este caso Maine, en el noreste de los actuales Estados Unidos. La Torre de Arango hizo las veces de la Residencia Marrowbone, en una película dirigida por Sergio G. Sánchez, natural de la zona, con un reparto internacional que incluyó a Anya Taylor-Joy, Mia Goth, George MacKay y Charlie Heaton (Stranger Things) antes de convertirse en estrellas.
La torre está considerada el edificio más antiguo del municipio de Pravia y uno de los ejemplos de arquitectura civil más antiguos de Asturias. Aneja al palacio, ya del siglo XVII, su estado de aparente decadencia la hizo ideal para la residencia de los disfuncionales e inquietantes Marrowbone.
TUNO NEGRO (2001)

Un intento slasher ibérico que quiso aprovechar los taquillazos noventeros de la saga Scream o Sé lo que hicistéis el último verano pero llevándoselo a un terreno innegablemente español como es el ambiente universitario de Salamanca y la tradición de la tuna. El centro histórico de la ciudad salmantina y el de Alcalá de Henares, de nuevo, se funden para dar ambiente tanto juvenil como inquietante.
Pedro L. Barbero y Vicente J. Martín dirigieron esta historia en la que destacan en el reparto Jorge Sanz, Fele Martínez o Silke, en sus momentos de máxima popularidad, con Eusebio Poncela dando la dignidad de la veteranía al asunto en unos de sus primeros papeles de mentor.
LA NOCHE DE WALPURGIS (1971)

Un clásico del fantaterror libérrimo de la época de las sesiones salvajes, dirigido por León Klimovsky, protagonizada por Paul Naschy y secuela de La furia del hombre lobo (1972), de José María Zabalza. ¿Su localización? Un escenario mítico que es el único ya desaparecido de esta lista terrorífica: el Real Sanatorio de Guadarrama, hospital de tuberculosos situado en la sierra que le daba nombre y que ya estaba abandonado en la época en la que se rodó.
De hecho, precisamente el ser un sanatorio «fantasma» y con décadas de leyendas sobre presencias extrañas en sus paredes vacías contribuyó a su elección como escenario y a la promoción de la película, una historia de licántropos que vuelven a la vida y condesas vampiras de otros tiempos con sus toques de erotismo propios de la época.


Jose A. Cano