Reportajes
Un cineasta frente a su tiempo: Claudio Zulian se acerca a la constelación de Pere Portabella

Pere Portabella y Luis Cuadrado en el rodaje de 'Nocturno 29' (1968)
El estreno de Constelación Portabella, documental de Claudio Zulian, pone de nuevo en el centro a Pere Portabella, una de las figuras más singulares del cine español. Productor clave de películas que desafiaron al franquismo (Los golfos, El cochecito, Viridiana), experimentador radical (No compteu amb els dits, Umbracle, Nocturno 29, Vampir–Cuadecuc…) y político durante la Transición —fue senador y diputado—Portabella trabajó siempre más allá de la representación. Zulian propone ahora este acercamiento amplio sobre su obra y sobre qué pueden decirnos hoy sus películas.
Con un enfoque poliédrico, Constelación Portabella explora el ‘mapa celeste’ del cineasta a partir de sus películas y de materiales de archivo ( con charlas, conferencias y entrevistas con el propio Portabella), además de conversaciones con críticos e historiadores. Tras su paso por la Mostra de Venecia, la Seminci, el BAFICI y el D’A Film Festival, la película llega a salas el 24 de octubre antes de su estreno en 3Cat y CaixaForum+, en el contexto de las celebraciones del centenario de Portabella previstas para los próximos meses.
En conversación con Cine con Ñ, Claudio Zulian (A través del Carmel, No nacimos refugiados) explica que su intención no fue hacer un documental de homenaje, sino apuntar a conceptos del pensamiento y la obra de Portabella: «Me interesaba privilegiar sobre todo vetas de lectura, sentar unas bases de interpretación crítica de su trabajo».
La estrella documental de Pere Portabella
Zulian sitúa a Portabella en un lugar propio: «Él como cineasta no tiene escuela. Se ha negado siempre a decir que formaba parte de la Escuela de Barcelona, y creo que tiene razón» porque «en él el interés por lo político (…) siempre ha estado allí». Ese enfoque de Portabella se traduce en una crítica consciente del lenguaje que al director del documental le interpela directamente: «Creo que los dos entendemos el cine como un momento propiamente político de creación de universos simbólicos. Lo hacemos con intereses críticos muy marcados respecto al lenguaje, pero no solo desde el punto de vista formal, sino también desde el político».
Para explicar lo especial que es el cine de Portabella en el panorama español, especialmente el que tiene que ver con esa primera década como cineasta (1967-1977), Zulian añade: «Mi sensación es que el cine alternativo o de vanguardia española ha estado o por el lado del cine político, tirando a los ciné-tracts de Godard, o por el lado de una crítica formal radical, pero sin esta conexión entre las dos. Yo creo que lo que singulariza a Pere es que en su forma de entender el cine están las dos cosas».
Para construir Constelación Portabella, Zulian apunta a temas que no han sido tan explorados en el estudio académico o crítico de Portabella: su relación con el arte pop y el mundo de la publicidad, su vinculación al cine de Luis Buñuel —»creo que es el único que ha recogido la herencia de Buñuel de manera creativa», asegura el director— o el peso específico que tiene la música y el sonido en su cine, «tanto para completar una imagen como para criticarla también», señala.
Constelación Portabella y la revitalización de un cineasta
El documental incorpora así una perspectiva conceptual través de fragmentos de sus películas —homenajeadas por Zulian también con distintos guiños formales—, y de las voces de críticos e historiadores como Esteve Riambau, Pilar Parcerisas, Jonathan Rosenbaum, Teresa Grandas o Luis E. Parés, que sitúan su cine dentro de las corrientes artísticas del siglo XX y cómo fue capaz de conectarse con otras disciplinas y ramas del arte.
Otra de las facetas que toca Constelación Portabella es el paso a la política institucional que dio Portabella tras una de sus películas más recordadas: Informe general sobre algunas cuestiones de interés para una proyección pública (1976). Tras esta película, en la que ya aparecían figuras como Santiago Carrillo, Felipe González o Jordi Pujol, aparcó durante unos años su actividad artística y se convirtió en senador, para luego pasar a ser diputado en el Parlament de Cataluña y, posteriormente, ocupar cargos distintos cargos en la izquierda catalana. «A nivel europeo es un ejemplo único de conjunción de política institucional y actividad artística», comenta Zulian.
El puente de Varsovia (1989), que adivinaba la Caída del Muro de Berlín, marcaría el regreso de Portabella al cine y la lectura desencantada de su paso por los parlamentos. Según el director de Constelación Portabella, «en el gran cine político europeo no abundan figuras que hayan estado en política activa». Y, añade que Portabella «lo hizo de las dos maneras, primero en la clandestinidad, y luego desde la institución, que fue entendido como destino en su generación. Y todo eso sin perder el punto de vista crítico como se vio después».
La valoración pública de su trabajo, cree Zulian, se ha ido revitalizando con el espacio que le van dando los museos al cine experimental durante este Siglo XXI: «A finales de los 90 estaba un poco olvidado, pero luego se le hace una exposición en el MACBA, en la colección del Reina Sofía… se ven bastante sus películas. En ese sentido, ha tenido una buena segunda vida». Ahora Constelación Portabella se suma a esa revitalización de su trabajo, que culminará en el 2026 y 2027 con la celebración del centenario del cineasta.

Arturo Tena




