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100 días con la Tata: Quién cuida a las que nos cuidaron

La película de Muñoz supera su narcisismo por la pureza de lo que transmite Cantero y su capacidad de mostrarse frágil

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El actor Miguel Ángel Muñoz ha cogido el mando en 100 días con la Tata, una película hiperpersonal sobre su historia junto a Luisa Cantero, AKA la ‘Tata’, que forma parte de su vida desde que tiene consciencia. Una tía abuela con la que sigue manteniendo una relación muy especial y cercana. Muñoz ve cerca su despedida, y por eso le promete no dejarse nada pendiente, quiere viajar y hacer una película con ella como protagonista. Pero la explosión de la pandemia y el confinamiento cambiarán los planes y ambos tendrán que convivir solos durante más de tres meses.

El documental intercala imágenes de archivo de la carrera del actor y su trayectoria junto a Cantero, grabaciones de ambos durante el confinamiento y autoentrevistas (¿?) a Miguel Ángel Muñoz para ir cohesionando la película desde el pasado más cercano. Así es como se habla de en qué se basa su especial unión, del paso a una vejez dependiente, del miedo a la muerte, de los devastadores efectos de la pandemia en nuestros mayores y, sobre todo, de cómo cuidamos como sociedad a los que una vez nos cuidaron. Su resultado le ha comido la tostada a Quién lo impide en los Forqué.

Uno se puede acercar a esta película levantando las cejas. El prejuicio en cuestión: el Tito Rober de Un paso adelante, el ganador de Masterchef, nuestro encantasuegras oficial, cuenta lo buena persona que es delante y detrás de la cámara explotando a esa pobre señora. Pero la verdad es que, aunque chirríe ver a Muñoz contestando sus propias preguntas, la película consigue superar su narcisismo ontológico: por la pureza de lo que transmite Cantero y la capacidad de superar el mero comentario de su caso personal y mostrarse frágil.

100 días con la Tata, más allá de la alegría de vivir

100 días con la Tata

El esquema principal de 100 días con la Tata (documental familiar con señora mayor carismática) lleva rápido a la referencia de Muchos hijos, un mono y un castillo (Gustavo Salmerón, 2017), esa gran comedia documental que contaba la excéntrica personalidad e historia de Julia Salmerón. No es el caso. Aunque hay -y bastantes- momentos cómicos, la película de Muñoz es una explosión más controlada, con unos asentados mecanismos de documental tradicional y una clara exposición de sus grandes temas de fondo.

Esta película, en realidad, podría emparentarse mejor con La abuela (Paco Plaza, 2021) o Retrato de mujer blanca con pelo cano y arrugas (Iván Ruiz Flores, 2020), por poner algunos ejemplos recientes y cercanos. Son ficciones que se acercan también a la inquietud incómoda de cómo lidiar con la decadencia y el cuidado de nuestros seres queridos cuando ya no pueden valerse por sí mismos. Muñoz lo hace desde el documental y los ojos de un hombre de «éxito» de 40 años. Desde un ejemplo que, por mucha referencia positiva que sea para todos, también es capaz de tener grietas y puntos de fuga.

La aparente transparencia de dificultades se agradece y define el estado de ánimo de la película, que refleja bien esa difícil conciliación del amor profundo, el ejemplo de «dupla perfecta» y el qué significa poner tu vida al servicio de los demás. Esa dedicación que pusieron y ponen nuestras abuelas, mujeres como Luisa Cantero, y poco o ningún reconocimiento reciben por ello. El dramático contexto de la pandemia, devastadora para el sector más envejecido, saca el caso del divertido entrenimiento de Instagram y acerca la responsabilidad, el valor de esos cuidados y los dilemas de la dependencia mutua.

Es en la intimidad de la casa, en el confinamiento, donde las imágenes de 100 días con la Tata pasan de la anécdota excepcional y cogen un verdadero peso. No es el de denunciar lo que sucedió en las residencias -esta es una película amable y «de consenso»-, pero sí el de dar valor, uno un poco más doloroso y que nos interpela a todos, a esa contagiosa alegría de vivir de la ‘Tata’ durante esos meses de encierro. Y esa mezcla de emociones es mérito de Muñoz y de todo el equipo implicado en hacerla.

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