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Reportajes

‘Yrupẽ’, la flor que germina la memoria del pionero del cine científico español

Candela Sotos estrena un documental que reconstruye la figura y el legado de su tío abuelo, el biólogo y cineasta Guillermo Zúñiga, a través de un diálogo entre archivo, botánica y memoria histórica
Documental 'Yrupẽ', de Candela Sotos

Según una antigua leyenda guaraní, una niña enamorada de la luna se sumerge en las aguas para alcanzarla. En su intento por tocarla, se transforma en una flor de gran disco: la yrupé. Esa historia inspiró la película La flor del irupé (1956), considerada perdida y dirigida por el biólogo y cineasta Guillermo Zúñiga. Casi setenta años después, da título al primer largometraje de su sobrina nieta, Candela Sotos, que se adentra en la memoria fragmentada de este pionero del cine científico en España, marcado por su militancia política durante el franquismo.

La flor, que Sotos planta tanto real como metafóricamente en Yrupẽ, es una aliado estratégica de este documental entre el viaje personal y el análisis del archivo. La directora cultiva la planta frente a la cámara mientras investiga, junto a su madre (Alicia Fernández-Zúñiga), o un biólogo del Jardín Botánico (Ramón Morales), el legado de Zúñiga, inseparable de sus dos vertientes principales: la divulgación e investigación de la naturaleza a través de las imágenes y su biografía vinculada a los noticiarios republicanos durante la Guerra Civil, su militancia en la resistencia francesa, su encarcelamiento en campos de concentración o su exilio en Argentina.

«La irupé es una especie de caballo de Troya para poder tener una narrativa más amplia y paralela al archivo», cuenta Sotos en entrevista a este medio, «me propuse trabajar sobre una película faltante dentro del archivo, partir de algo que no se había encontrado, como la película La flor del irupé, como para construir desde ahí». Tras su estreno en el festival suizo Visions du Réel, llega ahora a España a través de la Seminci de Valladolid.

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Candela Sotos, directora y guionista de ‘Yrupẽ’

Yrupé y todo lo que plantó Guillermo Zúñiga

Guillermo Fernández López Zúñiga fue una figura fundamental para entender el desarrollo del cine sobre temas científicos en España. Desde sus primeras filmaciones sobre insectos en los años 30, pasando por sus trabajos en su exilio en Argentina —donde estudió la conexión entre naturaleza y cultura indígena—, hasta todo el ingente trabajo de promoción y divulgación que hizo a partir de su regreso a nuestro país en los años 50: en 1966 fundó la Asociación Española para el Cine e Imagen Científicos y siguió haciendo sus propias películas desde su productora Zúñiga Films, además de ejercer como docente de la especialidad.

La germinación de la semilla que guía Yrupẽ se conecta con esa tradición del cine científico que practicaba Zúñiga. «Pensé que estaría genial grabar esta planta haciendo las mismas estrategias que él hacía, que era generar espacios delimitados de naturaleza en lugares pequeños para poder hacer películas», explica Sotos. Su propuesta no es tanto reproducir su método como reactivar su mirada: una forma de observar la vida que quiere unir lo experimental, lo divulgativo y lo poético.

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“Hay una parte pedagógica preciosa, de conectarte con la transmisión de conocimiento», dice Sotos sobre el cine científico, «pero también una más poética, de construir otras realidades, de ver las cosas de otra forma». La película, como las obras de Zúñiga, se mueve en ese territorio fronterizo entre la ciencia y el arte, entre el conocimiento racional y la intuición. «Me empecé a vincular con la planta y a cuidarla y a estar pendiente todo el rato de qué es lo que necesitaba», relata la directora sobre el proceso.

Una reparación de la memoria

Las aportaciones de Zúñiga al cine científico son inseparables de su propia biografía, una historia de vida muy vinculada a la realidad social y política de su tiempo. Su significación en importantes capítulos del Siglo XX español es muy llamativa: participó en las misiones pedagógicas de la República; colaboró en la filmación de noticiarios republicanos durante la Guerra Civil, durante la cual también hizo una importante labor como fotógrafo; se unió a la resistencia francesa durante la Segunda Guerra Mundial y estuvo encerrado en distintos campos de concentración en Francia. Consiguió escapar del último antes de ser trasladado a uno en Alemania.

Después de su fuerte compromiso en los conflictos bélicos, Zúñiga se exilió a Argentina durante una década. A su vuelta a España en 1956 se vinculó al entorno cultural cercano al Partido Comunista de España (PCE)—al que donó archivos personales—. Lo demuestra su participación en UNINCI, la productora impulsada por entre otros, Juan Antonio Bardem, del que fue amigo personal.

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Y ahí vuelve la comparación de Yrupẽ con la flor: «La irupé florece por la noche en espacios tropicales, pero con un montón de espinas para que los animales no se la coman», dice Candela Sotos «era una alegoría de la relación de Zúñiga con la creación, con el cine. A pesar de haber atravesado la Guerra Civil, los campos de concentración,el exilio en Francia, en Argentina… él siguió haciendo cine y creando de alguna forma«.

La película, en la que se reflejan también las reticencias de la familia directa de Zúñiga de usar su archivo desde un prisma político, es en sí misma también un acto de reparación de su legado —incluso reservándose alguna sorpresa—, vinculado irremediablemente a la memoria histórica. Al final del documental, la flor vuelve a brillar en la noche. «En los procesos de recuperación de la memoria casi siempre hay lucha por documentar y tener testimonios, con un componente de mucha frustración también. Quería dar ese punto de esperanza también», concluye Sotos.

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.