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Críticas

Volveréis: La vida como reescritura

Jonás Trueba presenta la historia de una pareja en proceso de separación, de nuevo trenzada con los resortes de la creación cinematográfica
Volveréis Jonás Trueba

«Nos vamos a separar, pero estamos bien», repiten una y otra vez Ale (Vito Sanz) y Alejandra (Itsaso Arana) en Volveréis, la nueva película de Jonás Trueba (Tenéis que venir a verla, Quién lo impide). Están tan bien por haber tomado esa decisión que hasta han pensado en hacer en una fiesta, para desconcierto de propios y extraños. ¿Serán capaces de una ocurrencia así? ¿Será verdad, como asegura el padre de la protagonista (Fernando Trueba), que celebrar la ruptura entre amigos y familiares es lo mejor en estos casos? 

Como sucede cuando nos estamos separando de nuestra pareja, a menudo sentimos que estamos viviendo una ficción en la que apenas nos reconocemos, y Volveréis está completamente impregnada de esa emoción. Ahora bien, y como también es habitual en el cine de Trueba, su nueva película está asimismo hilvanada con los resortes de la realidad y de la creación cinematográfica.

<strong>Volveréis</strong>: La vida como reescritura 1

¿Crónica de una separación? ¿Juego entre la realidad y la ficción? ¿Ensayo sobre las tentativas de la vida, sobre las reescrituras de nuestros afectos? Volveréis es todo eso y más, coligado y presentado en pantalla con una organicidad juguetona y luminosa.  

Si en una ruptura siempre hay dos versiones de la situación, en la que plantea Trueba con Volveréis, de nuevo con su troupe actoral colaborando en las tareas de guión, lo que vemos es tanto la visión de sus protagonistas como la del propio cineasta. No es baladí, en este sentido, que el personaje de Alejandra sea una directora en pleno proceso de montaje de una película y que Ale encarne a un actor. 

Visiones y palabras, ideas y presencias, trenzadas para poner en pantalla todo lo que se pone en juego en una crisis sentimental. Hay un momento en Volveréis, de hecho, en que Ale se convierte en el protagonista de una escena del filme que está trabajando Alejandra. ¿Estamos en realidad presenciando las inquietudes de la joven, sus ensoñaciones? ¿Cuál es, entonces, el rol de Ale en esa sacudida emocional en la que está actuando? 

Esa tensión entre realidad, ficción, ruptura y reconciliación está también plasmada en la arquitectura del apartamento conyugal, que le permite a Trueba manipular la distancias físicas y simbólicas de Ale y Alex a partir de los encuadres. Las líneas verticales de los marcos de las puertas marcan la ilusión de la ruptura, pero cada noche la ya expareja se acaricia con afecto haciéndonos creer que aún queda mucho para verlos separados. 

¿Qué es la vida sino la repetición de nuestros propósitos, una compilación de nuestras tentativas? ¿Qué es también el cine sino la repetición de numerosos ensayos, de las líneas de diálogo y de los gestos de un guión? En un momento de la película, una marca divide en dos la narración. Aparece la cartela del título para poco a poco reducir ese Volveréis inicial a la palabra Ver, y es entonces el momento en el que el jugueteo metatextual comienza a deshilvanar el ovillo. 

Volveréis

Es al personaje interpretado por Trueba a quien la película le otorga precisamente ese rol que cataliza el desembrollo. Padre sanguíneo e intelectual («¿Cuál es el papel de un padre que el de dar bibliografía a su hija?», se le oye decir en una conversación), su presencia, de nuevo divertida y entrañable, precipita, ya sea a través de citas (El cine, ¿puede hacernos mejores?, de Stanley Cavell; La repetición, de Sören Kierkegaard) o de un sentido desparpajo ese desenlace que se resiste a ser escrito. «No sabemos qué pasa al final, no está escrito», dice Alejandra en otro momento del filme. 

Así las cosas, ese tedio que parece asentarse en la película al repetirse las explicaciones de la ruptura de la pareja se va transformando en el segundo tramo de Volveréis en una película en busca de su final. Ale y Alejandra aún se resisten a creer que van a dejar de estar juntos, pero las imágenes de su vida compartida, sentimental y cinematográfica, deja paso a uno de esos finales que son un verdadero gesto de amor. Trueba de nuevo invoca a Truffaut y, claro, se produce la magia.  

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Paula Arantzazu Ruiz

Paula Arantzazu Ruiz

Doctora en Comunicación Social por la Universitat Pompeu Fabra (Barcelona), con una tesis sobre Yervant Gianikian y Angela Ricci Lucchi y la cultura visual de la medicina. Colabora como periodista y crítica cinematográfica en Cine con Ñ, Cinemanía, Diari Ara, Rockdelux, Tarde de Perros-SensaCine, Cáñamo, entre otros medios. También ejerce la docencia como profesora asociada en la Universidad de Murcia.