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Análisis

40 años del Óscar a ‘Volver a empezar’: cuando Hollywood nos validó por fin

El Óscar a la película de Garci rompió el complejo del cine español a nivel internacional y puso el lazo al relato de la Transición
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El 11 de abril de 1983 la legendaria actriz alemana Luise Rainer anunció que el Óscar a la Mejor Película en Lengua Extranjera era para Volver a empezar, de Jose Luis Garci. Se cumplen 40 años del primer Óscar a una película española de la historia. Aunque Buñuel ya lo había ganado diez años antes con El discreto encanto de la burguesía (1972), era la primera producción española en conseguir el reconocimiento internacional que otorgaba la Academia de Hollywood.

Garci recogía el premio emocionado y agradecía el premio: «Los sueños se cumplen. A veces», dijo el director y guionista español. Aunque la mala construcción frase se puede achacar al rudimentario inglés del director, también sirve para revelar un anhelo modesto: lo que imaginó un Garci como niño cinéfilo parecía un imposible, pero de repente se hizo realidad en aquella noche en el Dorothy Chandler Pavilion de Los Ángeles, con Liza Minelli o Walther Matthau como maestros de ceremonias.

Más allá de las cacareadas anécdotas con estrellas y la efeméride para el recuerdo, sí que fue un momento importante para el cine español. Hasta ese 11 de abril, los académicos norteamericanos habían profundizado en el complejo de la producción nacional frente a otras cinematografías europeas desde hacía 40 años. Con varias excepciones, el Óscar no norteamericano era sobre todo cosa de franceses e italianos desde que empezó a ser competitivo en 1956. Los países vecinos eran los validados centros del cine en el continente (con la excepción de cineastas como Ingmar Bergman) por parte de la todopoderosa industria norteamericana.

Volver a empezar rompía así el particular «perder en cuartos» que había tenido la prensa cinematográfica española durante el franquismo. Desde que La venganza (1958) consiguiera la histórica primera nominación para nuestro cine, se había intentado con varias películas y ninguna lo había conseguido. El éxito de la de Garci cambió la dinámica del cine español fuera para siempre y, de paso, apuntaló un relato: Hollywood premiaba una ficción sobre un exiliado del régimen que volvía a España tras la dictadura mientras se terminaba de cerrar la Transición en la realidad, culminada con la victoria del PSOE pocos meses después de que se levantara el premio en Los Ángeles.

La ruptura de la maldición española en los Óscar

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Más allá de las campañas patrióticas favorecidas por el régimen, la sensación de que el Óscar se le resistía al cine español por poco y mala suerte tuvo su parte de realidad. No solo fue por el importante número de nominaciones anteriores (8), sino que entre ellas había películas tan recordadas como Plácido ( Luis García Berlanga, 1961), Tristana (Luis Buñuel, 1970) o Mi querida señorita (Jaime de Armiñán, 1972) en la época que vino antes de la muerte del dictador.

De hecho, a Buñuel solo se le dio el Óscar con una producción francesa (El discreto encanto de la burguesía), no con las dos españolas que presentó —después de Tristana, segunda vez que representó a España en los Óscar fue con Ese oscuro objeto de deseo (1977)—. Ya con el fin del franquismo, tampoco lo consiguieron un, por aquel entonces, veneradísimo Carlos Saura con Mamá cumple cien años (1979) ni tampoco Jaime de Armiñán en su segundo intento con El nido (1980).

Volver a empezar rompía así la maldición, ganando a compañeras nominadas aquel año como la nicaragüense Alsino y el cóndor o la francesa 1.280 almas, de Bernard Tavernier. Y lo cierto es que eso cambió las suertes del cine español en el hoy Óscar a la Mejor Película Internacional: 10 años después repetiría Belle Epoque (Fernando Trueba, 1992) y después se llevarían el mismo premio Todo sobre mi madre (Pedro Almodóvar, 1999) y Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004).

Volver a empezar y de rebote

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Lo cierto es que, antes de aquella noche de gloria en Los Ángeles, en España la película no había sido recibido particularmente bien. Como recuerda Javier Yuste en El Cultural, no había funcionado especialmente bien en taquilla y las críticas habían sido poco entusiastas. El propio Garci reconoció después que La colmena (Mario Camus, 1982) era la mejor opción para mandar a Hollywood, pero que su rivalidad con Demonios en el jardín (Manuel Gutiérrez Aragón, 1982) acabó por beneficiar en los votos a Volver a empezar.

La elección «de rebote» (así la calificó Garci) de la película acabó por ensalzar un filme que entonces se leyó como algo inferior a la etapa anterior de Garci como director, compuesta por Asignatura pendiente (1977), Solos en la madrugada (1978), Las verdes praderas (1979) y El crack (1981). Un menosprecio que se ha ido mitigando los años: si atenemos a las puntuaciones de páginas como Filmaffinity o IMDB, solo El crack tiene mejor valoración media que la película que protagonizó Antonio Ferrandis, por aquel entonces en su pico de popularidad por la serie Verano azul.

Quizá el tiempo le haya sentado bien a la vena emotiva y nostálgica del filme, entonces valorada como demasiado sensiblera y académica. Detrás de la vuelta al hogar asturiano de todo un Nobel de Literatura estaba el homenaje de Garci a la generación de sus padres, interrumpida por la Guerra y el trauma de la dictadura. Esta historia y sus conexiones históricas y políticas ayudaban a la narrativa que se ha ido vinculado al Óscar desde entonces, también como otra forma de reducir su importancia cinematográfica: Estados Unidos premió a la película también como apoyo cultural a la transición democrática que se vivía en España. Todos volvíamos a empezar.

Pero más allá de determinismos históricos y lecturas a posteriori, el hecho en sí es que la película gijonesa de Garci empezó a cambiar una cierta sensación de automenosprecio sobre el cine que se hacía en España. De repente, «los americanos» sí valoraban lo que hacíamos. Eso abrió el camino a que se produjeran caminos a California más seguros de sí mismos. Una seguridad que no viene mal recordar ahora que está cerca de cumplirse una efeméride menos feliz: 20 años del último Óscar a una película española (Mar adentro, 2004), con solo una nominación entre medias (Dolor y gloria, 2019).

Imagen de portada: Encarna Paso, José Luis Garci y Antonio Ferrandis reciben el Óscar por Volver a empezar – RTVE

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, en 2018 cofunda y dirige el medio especializado Cine con Ñ.

Twitter: @artena_

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