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Solos en la madrugada: No nos mintamos tanto

Un clásico que sigue hablando a la actualidad española 40 años después.

Solos en la madrugada: No nos mintamos tanto 1

José Miguel es un conocido locutor de radio que triunfa con su programa nocturno Solos en la madrugada. España está cambiando en plena Transición y el propio José Miguel lo experimenta en sus relaciones con las mujeres: Elena, su esposa, que quiere divorciarse en cuanto sea legal; Maite, su amante, una joven antropóloga que lo hace sentir viejo, y Lola, su compañera de trabajo, a la que ha ignorado e infravalorado a pesar de ser una gran profesional.



Hay gente que nació vieja. Y José Luis Garci es una de esas personas. No sólo lo ha sabido siempre, sino que lo ha disfrutado como un gorrino en una charca. Sus dos primeros filmes, éxitos tanto de crítica como de público, fueron Asignatura pendiente y esta Solos en la madrugada, que reflejan por igual el cansancio de una generación, la de la posguerra, que se opuso a Franco como pudo y sentía que la libertad y la democracia les llegaban tarde y mal.

La nostalgia ha sido siempre el material con el que ha trabajado Garci y en sus primeras películas es, además, una nostalgia más parecida a la saudade de los lusoparlantes que a cualquier cosa que gastemos en España: nostalgia por las cosas que no han pasado y nunca podrán pasar. Sorprendentemente el fragmento más recordado, el discurso final de un José Miguel en crisis que comprende que ha llegado la hora de caducar, es lo que mejor ha envejecido de toda la película.

Algo que al final lo que hace es subrayar la ruptura del relato generacional que se inicia en esta España suya, esta España nuestra, con la Transición y que el propio Garci retrató también. Si apuramos, toda su filmografía, no solo Asignatura pendiente y Solos en la madrugada, gira alrededor de la nostalgia por un relato de progreso y superación de los complejos de nuestros mayores que nunca llegó. Y decir toda significa toda: llega hasta Holmes&Watson: Madrid Days -el XIX jaranero y galdosiano que nunca fue, y con mensaje nada ambiguo contra la especulación inmobiliaria, encima- y El crack cero.

 

‘Posguerrers’ contra boomers en Solos en la madrugadaAsignatura pendiente Solos en la madrugada

Sacristán y Faltoyano como José Miguel y Elena pero en ‘Asignatura pendiente’.

Porque si en Asignatura pendiente estaban los protagonistas de Los profesionales de Carlos Giménez o Tiempo de silencio de Luis Martín-Santos descubriendo que el presente los arrasaba y su juventud ya quedaba atrás, Solos en la madrugada está escrita explícitamente como un choque generacional. Uno con los que ahora llaman boomers de manera despreciativa, esa generación de la Transición -o Generación T-. Las chicas y los chicos modernos y sin complejos de autarquías o posguerras que venían a ser Europa y comerse el mundo.

La encarnan esas dos amigas cuyos arquetipos hoy saben un poco a rancio pero que en 1978 funcionaban perfectamente: Maite, la que no tiene miedo a su propia sexualidad y es capaz de ridiculizar en ingenio al periodista veterano, y Lola, la profesional capaz de marcharse al pueblo ese de London y de mantener firmes a los dos vejestorios con los que trabaja. Lo peor de todo es que con cambiarles un par de detalles te valen para 2020.



En la cama con su joven amante –José Sacristán tenía 41 y Emma Cohen 32 cuando rodaron, aunque los personajes parecen llevarse algo más de edad- el protagonista no resiste más ante las críticas de ella por decirle que pertenece «a una generación de tristes». Estalla y acaba rajando «del maricón ese de David Bowie». Os creeréis muy modernos, con vuestros referentes extranjeros y vuestras modernidades. Pero haréis lo mismo que nosotros: lo que podáis.

José Miguel, la voz irónica y con retranca de una generación que vivió una niñez de crujías y desarrollo un cinismo protector para no permitirse sentimientos que solo podían ser defraudados, se descubre ahora estúpido y vulnerable. La película, además, impugna su primera parte no oficial, Asignatura pendiente, al mantener para su personaje y el de Fiorella Faltoyano los mismos nombres, pero ahora otorgándoles un matrimonio infeliz, pidiendo no idealizar ese pasado. Es decir, que incluso advierte que quizás, incluso sin dictadura, todo no habría ido tan bien.

 

El abuelo tenía razónSolos en la madrugada

José Miguel más perdido que el barco del arroz en ‘Solos en la madrugada’.

En este año en que Cuéntame ha llegado a 2020, es decir, que el pasado y el futuro se atropellan en nuestro relato colectivo hermanados en la tragedia, estamos a tiempo de descubrir que nuestros abuelos eran más contemporáneos que nosotros que nuestra experiencia humana, tanto individual como social, es siempre la misma. Apenas cambian algunas minucias, como el nombre del papi protector que nos iba a traer la seguridad y la prosperidad. Si es que hasta el pueblo extranjero de London se mantiene como destino.

Eso de las generaciones, además, tiende a caer por su propio peso: hemos importado boomer y millennial de la jerga estadounidense cuando «posguerra» y «baby boom» no significan lo mismo en España que en el resto de Occidente. Da igual boomer, X, millennial o Z. Da igual que se informe uno con leyendo el ABC mientras se toma un carajillo -siempre en mi equipo-, viendo el TeleDiario o en Twitch: Garci es capaz de hablarnos a todos desde un estudio de radio cutre en un Madrid que no existía ni cuando él lo rodó y de decirnos lo mismo: todos tenemos miedo, pero para perderlo hay que empezar por mentirse menos a uno mismo.

Al final el discurso de Sacristán parece interpelar lo mismo a quienes votaron por primera vez en las generales de 1982 que a sus hijas e hijos acampando en las plazas de toda España un 15 de mayo de hace ya 10 años. Pero es que hace menos de uno estábamos encerrados en nuestras casas, con apenas unas voces enlatadas por la tecnología recordándonos que viviendo como vivimos nos estamos equivocando. Esa es la grandeza de los clásicos, que son capaces de hablarnos en cualquier momento y de recordarnos que siempre podemos volver a encontrarnos unos a otros cuando estemos solos en la madrugada.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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