Estreno en Filmin
‘Una perra andaluza’, la serie «dramarracha» en la que los pisos sí que son feos y con muebles de abuela

En Una perra andaluza Marcos va al instituto y está enamorado de su mejor amigo heterobásico. Sofía se aburre con su novio de toda la vida que no quiere experimentar en la cama y Samu va a tope con la maquinaria quemando Tinder, Grindr y lo que se tercie por las calles de Sevilla. Así de primeras, en realidad no dista tanto del planteamiento de muchas series dirigidas al público joven que se estrenan a día de hoy. Solo que en este la gente es guapa normal, no está toda mazada de gimnasio, los pisos de estudiante son feos y con muebles de abuela, hay que trabajar para vivir y cada uno habla con su acento. Por supuesto, se estrena en Filmin.
«Realmente la serie nace de un corto que yo escribí con la edad de Marcos, que al principio era el protagonista», explica Pablo Tocino, director de Una perra andaluza. «Salían Marcos, Samuel y Sofía, y era el guión de un corto de Bachillerato«. Uno que retomó en 2017, graduado… en Medicina. A partir de 2019 ya reunión al resto del equipo y decidió hacerlo serie «porque ya tenía todo un universo, con más personajes. Me decían que hiciese un teaser a o un piloto, y ya vendiese eso, pero al final rodamos las dos primeras temporadas: la que se estrena ahora y otra».

Esta especie de «Élite para precarios» pasó con su primer episodio por el Festival Cultura Con Orgullo o el certamen Temporada Queer, donde ganó el Premio del Público. De ahí, a Filmin, hogar de las series de guerrilla españolas (Tus monstruos, Contiguo, La Treintena), las que son tan independientes que se ruedan sin un duro. De hecho, con viajes entre Sevilla y Cádiz cuando había hueco y en el coche de alguien del equipo. A los protagonista Emmanuel García, Sara Perogil, Jota Palacios o Isabela Hernández se unen cameos como los de La Dani, Mari Paz Sayago (les dos en Te estoy amando locamente), Lluvia Rojo o, el anunciado para la segunda, Falete.
¿Y por qué «dramarracha»? Según Tocino, porque «dramarracha» es «tener tan reprimida tu sexualidad que en el instituto te aguantes las ganas de ir al baño para no coincidir en él con otros niños… y acabes meándote encima en clase de Mates. Es que te digan ‘no quiero que mi ex te vea y piense que he bajado el listón’, y tú no le mandes a tomar viento… sino que le consueles por no haberlo superado». Un par de ejemplos de «cómo entre las vivencias de estos personajes hay situaciones desde luego desagradables, pero a la vez tan cutres que quizás por eso se ríen al recordarlas. O porque así no se exponen tanto: si se ríen ellos mismos, que otros se rían ya parece que tiene menos poder».
Todos podemos ser una perra andaluza
Y el título, Una perra andaluza, viene a hablar de inhibiciones, precariedad y tópicos, un poco de todo. «En la serie está muy presente el deseo más que el sexo, diría yo», reflexiona Tocino. «Mira Marcos, que va más salido que todas las cosas, pero nunca hace nada con nadie. Entonces, en otras series yo veo que al final todo el mundo tiene sus historias, pero en la nuestra la clave, sin hacer spoiler, es que no tienen sexo o el que tienen no les gusta, hay un deseo reprimido por diferentes factores según el personaje. Samu parece muy activo pero luego... spoilers… y Sofía pasa de cero a cien. Por eso es una serie a veces más sobre fantasías frustradas que sexo, realmente».
«No queremos ir bandera de nada, pero si reflejar nuestra realidad»
Eso, en un contexto de precariedad donde el barrio, dentro de Sevilla, influye en las circunstancias de cada personaje. No es lo mismo la que vive en Los Remedios —zona bien, aledaña al conocido Triana— que la que está en las 3.000 viviendas y tiene dos trabajos, aparte de estudiar. No es el tema principal, porque hemos venido a ver cómo resuelven sus entuertos sexoafectivos, pero está ahí buscando el realismo. «Eso no es que haya sido buscado, sino que la historia surgió así», explica el director. «Estamos hablando de otras cosas, pero cuando van al piso de estudiantes, pues es como los que yo conozco de mis amigos».
Aclara que «tampoco queremos ir de bandera de nada», pero Una perra andaluza apuesta por «gente con cuerpos cada uno a su manera» porque «sería un poco absurdo que todos los compañeros de piso pareciesen salidos del gimnasio». Lo mismo para el acento andaluz, o más bien sevillano ya sea capitalino o de pueblo, de los personajes. «Si quieres hacer algo costumbrista, sea o no comedia, ¿qué vas a hacer, que en Sevilla hablen español neutro? Entonces, tienes gente como Marcos, que dice cosas graciosas porque es el diálogo, pero él no es gracioso, es más bien soso, o el personaje de Antoñito, que es un poco el tópico de mariquita gracioso, pero es porque él es así».
Caminante, no hay camino, se hace camino al cagarla
Una representación que ha sido cosa más de la precariedad del propio rodaje que de una decisión activista, pero que ha respondido también «a que es la realidad que nos rodea y de la que queríamos hablar», y luego ya permitirse la broma que haya un personaje al que se califica de «cuota heterosexual políticamente correcta». Sin idealizaciones «es evidente que la presencia de personajes LGTBI ha mejorado en toda la ficción, pero la realidad de mucha gente sigue siendo difícil por diferentes circunstancias. Y en una serie que habla sobre el deseo, eso iba a estar».
Una serie que muchas veces pensó que «no salía. Cuando ya estaba rodada me dijeron de subirla a YouTube, pero claro, hay desnudos y nos la iban a censurar. Al final todo ha salido bien, pero mientras la montábamos y la movíamos para buscar que se viese, yo pensé que no iba a salir de nuestro círculo». La segunda temporada de Una perra andaluza, de otros siete episodios, está en proceso de posproducción y se espera que esté lista para después del verano. Aunque aún no tiene fecha de estreno, llegará igualmente a Filmin, donde se puede ver completa la primera desde este viernes.

Cuando le preguntamos hasta qué punto Una perra andaluza se puede ver como un portfolio del trabajo del equipo, Tocino asegura que «no era la idea. Pero vamos, que yo mismo noto la diferencia de cómo hemos ido evolucionando durante el rodaje. Supongo que podríamos decir que si, con tantas limitaciones, ha quedado algo que alguien quiera ver, tanto por mi parte como todo el equipo técnico y los actores, pues algo habremos aprendido».
Aún así, lo importante no era eso, ni ser una serie «generacional», ni nada parecido, sino aprender la lección de los versos de Antonio Machado: «Caminante no hay camino, se hace camino al cagarla. O algo así».


Jose A. Cano