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Críticas

Una noche con Adela: Rabia en plano secuencia

Una película diferente a lo que ha dado el cine independiente en los últimos tiempos, tanto en la forma de contarlo como en el espíritu rabioso con el que lo cuenta
<strong>Una noche con Adela</strong>: Rabia en plano secuencia 1

Una noche con Adela sigue la jornada laboral de Adela, una barrendera de Madrid que tiene un plan, uno de venganza. Adela espanta a los imbéciles que le trae la noche madrileña en mitad del trabajo, se relaja junto a sus compañeros y escucha programas nocturnos de confesiones. Todo mientras prepara su plan, uno que implica una gran cantidad de dinero y también devolverle el daño a las personas que se lo hicieron a ella y la convirtieron en quien es hoy.

Llega a España este thriller desfasado y de espíritu un poco ‘punkarra’ con el reclamo principal de Laura Galán, ganadora del Goya por Cerdita, como protagonista. La película fue la primera española en ser premiada en el Festival de Tribeca, en Nueva York, en concreto con el premio a Dirección Novel para su director, Hugo Ruiz. Justo el día antes de su estreno en salas ha contado también una nominación a los Goya, a Mejor Fotografía para Diego Trenas.

Una noche con Adela es un título poco habitual en nuestro cine reciente porque se aleja de ciertos presupuestos del cine indie que habrían presentado de otra manera, muy diferente, los elementos de su historia. A pesar de que toca muchos temas de actualidad social y que ese cine suele valorar especialmente. Eso no es bueno ni malo, simplemente es, y en parte se debe a que su director sea un outsider como Ruiz, que explica también la promoción y el paso por festivales tan atípico que ha acabado cosechando.

Crítica de Una noche con Adela

La idea de partida de Una noche con Adela, que se mantiene durante la mayor parte del metraje aunque con la tensión de que sabemos que hay algo más, es seguir a una barrendera de Madrid durante jornada completa, con todo lo que ello implica. La sordidez de la noche se retrata de manera poco amable y la voz de Gemma Nierga como presentadora de un programa nocturno de confesiones, más la paleta de colores escogida, incluidos los créditos jugando con la idea del neón, contribuyen al ambiente anacrónico, que recuerda a cierto cine urbano de los 70 y los 80 sin copiarlo descaradamente.

La protagonista es la encargada de darle personalidad la película, más allá del plano secuencia del que hablaremos luego. Adela no es una heroína ni una antiheroína ni nada parecido. Es un personaje bastante desagradable, consciente de sus circunstancias, pero al que resulta fácil entender, tanto en su actitud vital como en las decisiones que toma. No es ejemplar, no es amable, no aspira a ser buena persona y reniega del papel de víctima. Es una desgraciada a la que le rebosa la rabia y eso es lo que la hace interesante. Y durante tres cuartas partes de la película, apenas habla, solo gruñe. Casi que molesta que la película empiece a explicarla, solo quieres verla repartir leña y drogarse.

Además del trabajo de Laura Galán, que se mete de lleno en los extremos del personaje, está la intención de la película de meterse en esa vida nocturna, invisible y sórdida donde se refugian aquellos a los que la sociedad bienpensante no quiere ver. Una noche con Adela acaba siendo un alegato contra la hipocresía, pero uno poco complaciente, en el que la propia Adela o Gemma Nierga pueden quedar mal y donde el dolor y el rencor (de clase, de raza, de gorda) se expresan con violencia. Y eso que, en realidad, solo vemos una o dos acciones realmente violentas de forma directa.

<strong>Una noche con Adela</strong>: Rabia en plano secuencia 2

Una noche con Adela, excepto la introducción en los créditos, está rodada como un enorme, y podríamos decir que falso, plano secuencia. En parte es por esa idea de cabalgar sobre el hombro de la barrendera durante toda su jornada laboral, pero también para mantener la sensación de ansiedad, tensión reprimida y colisión inminente con la que ella se maneja. La cámara no se mueve más de lo necesario, pero al colocarnos en cada nuevo espacio, lo hace al ritmo de las sensaciones de la propia Adela, contagiando la claustrofobia y la rabia contenida que siente.

Hay elementos que chirrían, aunque el guión los justifique con algún diálogo, como el momento en que la protagonista lanza su monólogo final y pasa del deje y vocabularios macarras a otros más elaborados, que suenan más, en fin, a lengua escrita. La trama tiene sus huecos que quizás cantarían menos si no los sobreexplicase, y a veces da la sensación de que se podía contar lo mismo en menos espacio. Pero, en general, las cosas buenas hacen que las malas pasen desapercibidas o no importen una vez se está dentro de esperar a ver qué sucede exactamente.

Volviendo a cocheras, Una noche con Adela es una película diferente a lo que ha dado el cine independiente en los últimos tiempos, tanto en la forma de contarlo como en el espíritu rabioso con el que lo cuenta, pero sin dejar de tratar todos los temas sociales que tanto se le han elogiado a este. Una lección de planificación y de orientar al espectador a través del plano secuencia y la confirmación de Laura Galán como actriz capaz de enfrentarse a los personajes más extraños.

La puedes ver online en

Imágenes: Una noche con Adela (Montaje de portada: Cine con Ñ)

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).