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Críticas

El Internado: Las Cumbres T3: Una vela a Dios y otra al diablo

La tercera entrega de la serie de terror adolescente cierra bien sus tramas, el problema es que para que eso funcione, hay que ser capaz de tomárselas en serio
El Internado: Las Cumbres T3: Una vela a Dios y otra al diablo 1

En la tercera temporada de El Internado: Las Cumbres una de las protagonistas desaparece cuando va a realizar un descubrimiento clave sobre los secretos del monasterio. La única testigo de ese momento es una alumna nueva, cuyo pasado se relaciona con esos secretos aunque ella misma no lo sepa. Al mismo tiempo, los monjes están muriendo de formas extrañas, especialmente macabras, relacionados con la Orden del Cuervo. ¿Tendrán algo que ver los nuevos trabajadores del Internado? ¿Y la investigación de la Policía?

Volvemos a lo mismo: hace 20 años la televisión española tuvo un momento de impasse en el que se pasó de mimetizar en cadena la fórmula de Farmacia de Guardia y Médico de Familia, con comedias familiares costumbristas de pesca de arrastre, a copiar lo que estuviese de moda fuera, pero con muchos menos medios. Nos referimos al mainstream puro y duro, que siempre hay de todo en la viña del Señor. El Internado 2007-2010 era un mix de las películas españolas de moda en aquella época —El orfanato (2007) o Los ojos de Julia (2010), deudoras de las más de un lustro anteriores Los otros (2001) y El espinazo del diablo (2001)— y la irritante «fórmula Perdidos«: lanzar misterios al tuntún y culebronizar el resto.

El Internado: Las Cumbres ha vuelto en la segunda iteración de todo este fenómeno, ya con la industria española como un referente internacional más, en igualdad con los nórdicos o los coreanos y solo un pasito por detrás de franceses y anglosajones. El enfoque, no ya de la serie, sino de la televisión en general, sigue siendo adolescente, y todo el mundo busca la fórmula de la Coca-Cola, que parece consistir en mezclar Élite con Harry Potter. Las plataformas prueban variantes de género fantástico con adolescentes, amores más grandes que la vida, movidas místicas intensas y misterios que no encajan ni de broma. La legitimidad de esta serie es que ya hacía todo eso hace 20 años.

Todo a la vez en todos los capítulos

tercera temporada de El Internado: Las Cumbres

Así, a El Internado: Las Cumbres le vuelve a perjudicar intentar tener todo lo bueno de las dos épocas que la parieron. Por un lado, se pensó (o al menos se ha intentando que parezca que se pensó) como una historia en tres entregas, cerrada, sin misterios que de tan eternos se hagan cansinos, y por otro es un producto para la chavalada, cuyo tono aspira a intenso, con nuevos personajes en el instituto para hacer fotos a los actores nuevos con el uniforme, que están monísimos. De hecho, se juega a ese equilibrio complicado entre fichar famosetes que fidelicen o intentar fabricar estrellas nuevas, encima con aspiraciones panhispánicas que ya tiene hasta HIT. Un lío.

Porque a nivel técnico acaba la cosa bien, con posibles. En ese sentido ya hemos dicho que El Internado: Las Cumbres le da sopas con ondas a la serie madre porque tienen pasta para efectos currados y porque ahora se permite a los directores iluminar según el tono y la escena, no fundirlo todo con los focos del Bernabéu. Pero siempre reflejando las movidas de picores e inseguridades de la adolescencia, así que la que dejamos soltera la temporada pasada tiene que buscarse pareja nueva, dos maromos tienen que seguir compitiendo por otra chica y la nueva no sabe cómo presentarse para hacer amigos mientras en el centro se empalan monjes al estilo de Holocausto caníbal (1980).

Al menos el equipo de guión intenta hacer de la necesidad virtud: un personaje nuevo tiene diagnosticado un trastorno límite de la personalidad, de manera que cuando se enfrenta a los sucesos locos y paranormales que pasan en el Internado, nadie la cree. El espectador, eso sí, que lleva dos temporadas de conspiraciones religiosas, científicos locos, inmortalidades y amores más grandes que el tiempo y la vida, sabe que la pobre tiene razón. Así que le da un rollo entre el suspense clásico y la aventurilla Marvel —aunque sin la ironía de estas— que, más o menos, consigue que tenga interés.

Eso es todo en el final de El Internado: Las Cumbres, amigos

tercera temporada de El Internado: Las Cumbres

Aunque, como siempre —¿y solo de momento?—, no sepamos los datos de audiencia, si el invento ha aguantado tres temporadas y se intuye que se deja abierto continuar la franquicia con otro reboot/secuela —»El Internado: La Cara Oculta de La Luna«, o lo que sea—, es que funciona. Otra cosa es que esta iteración se acercaba ya al punto de ruptura estilo Perdidos (2004-2010) o plagios tipo FlashForward (2009-2010) —o El Barco (2011-2013), por iberizarlo—, donde los misterios ya no iban a encajar, y además los actores jóvenes, tanto los que no eran tan famosos antes como los que sí, empezaban a querer volar —sin spoilers, en este entrega se nota que la agenda de Asia Ortega ya venía cargadita—. Así que, para no liarla y acabar haciendo un churro, han optado por cerrarlo todo. Por ahí, ni una pega.

Eso sí, si es usted aficionado al santoral o a la cosa esotérica, no le recomendamos esta serie. Como muchas otras de la nueva hornada, pensadas para hacerse El juego del calamar o una La casa de papel, y al contrario que aquellas, está bastante deslocalizada en el tiempo y en el espacio, y el San Malaquías de aquí se parece al histórico, o a sus versiones a lo Cuarto Milenio, como un huevo a una castaña. Las referencias a grupos de música neomedieval o los videojuegos se dejan ahí para aquel que las pille, como en las dos temporadas anteriores, pero no levantan el conjunto. Y el esoterismo que le meten, en general, es muy tontorrón y además se contradice a sí mismo a cada paso.

Encuadernando el manuscrito, la tercera temporada de El Internado: Las Cumbres cumple más o menos con lo que promete y, si uno es muy fan o capaz de tomarse el par de historias de amor y el misterio central en serio —dado que la serie carece por completo de sentido del humor—, cierra todas las tramas de manera satisfactoria. Si no, es otra serie en serie, buscando una fórmula particular de éxito y disparando a todos lados a ver donde acierta.

Imágenes: Tercera temporada de El Internado: Las Cumbres – Prime Video

Jose A. Cano

Jose A Cano (Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha colaborado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con El Salto, El Español o revista Dolmen. Socio de la Asociación de Informadores Cinematográficos de España (AICE).