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Suro: Lo que hay detrás de la corteza

Nueva revisión del thriller rural que no hay que perderse: capas y madurez expresiva

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Suro (pronunciado como ‘suru’, corcho en catalán) es una película sobre una pareja de barceloneses (Helena e Iván, Vicky Luengo y Pol López) que, tras heredar una casa en el campo, deciden mudarse allí para reformarla y formar una familia con un hijo en camino. Para ahorrar y poder llevar a cabo sus planes, ambos deciden sacar el corcho del bosque de alcornoques que hay en la propiedad, con Iván sumándose al equipo de corcheros contratado para la misión. El paso de las semanas y el trabajo empezarán a tensar la relación entre los dos y los propios trabajadores.

Suro se suma a la nueva corriente de exploración del rural en el cine español. Además de con Alcarrás, Secaderos, El agua y un buen etc., la primera película de Mikel Gurrea se podría emparentar muy directamente con otro thriller tenso y sequísimo como As bestas, que también se construye entre el dentro y el afuera, el local y el extraño, el campo y la ciudad. La principal diferencia entre ambas es que Suro difumina y acota el conflicto creciente desde dentro, con un duelo personal en el centro.

Sería injusto que esta película se perdiera como una gota más de este interesante mar de películas. Es una de las mejores de este grupo, y eso que el nivel está bien alto. Lo es por arriesgada y contundente sin dejar de ser humilde y centrada en un campo de acción muy pequeño. Tiene una dirección concreta, con sentido del espacio y consciente de cómo y cuándo hablar de los dilemas que quiere plantear.

La semilla de la tensión en Suro

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Se vaya sobre aviso o no, en Suro se huele que algo malo va a pasar, pero tampoco se sabe bien ni cómo ni por qué. Es una de sus habilidades atmosféricas -sonoras y cinematográficas-. Mikel Gurrea pone la semilla de esa tensión, que crece más por capas subterráneas, atravesando prejuicios y contradicciones morales, que por acumulación. En un paralelismo evidente entre naturaleza y humanidad, el núcleo del filme se va desgarrando poco a poco hasta mostrarse totalmente al descubierto.

La habilidad principal de Gurrea -y Kosterlitz al guion- está en orquestar un enfrentamiento íntimo que se relaciona y hace más rico a partir de las circunstancias en las que se desarrolla. Aunque se exponen la personalidad, el carácter o las dinámicas tóxicas de los dos integrantes de la pareja, Suro es capaz de ponerlas en relación y problematizarlas con lo que les rodea en términos de clase, género o etnia. Un proceso mucho más complejo que el «me quiere, no me quiere» y que tanto Vicky Luengo como Pol López sintetizan en sus interpretaciones.

Madurez y pesimismo

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La película tiene madurez expresiva, algo que solo se puede demostrar cuando se tiene muy claro qué y -sobre todo- cómo se quiere contar algo. Se ve en su relación con el entorno, en cómo y cuándo se filma el trabajo de los corcheros, con una observación casi dendrológica de un proceso que muestra una violencia explícita sobre nuestro medio ambiente y, al mismo tiempo, que requiere de un gran cuidado para que no se eche a perder. Un equilibrio brutal y frágil, que tiene una extensión luego entre los propios personajes del filme.

El trabajo conciso de Suro se ve también en las elipsis en rima que plantea. A veces malevolas, para empezar y acabar, y otras, dos concretamente, a través de objetos que evidencian una continuidad y una comunicación inevitable entre mundos, entre naturaleza muerta y civilización rota. Una película imponente y áspera, que añade una perspectiva sobre el rural de corte pesimista en su horizonte, de defensa de mínimos ante fuegos que se lo pueden llevar todo por delante.

Imágenes: Suro (Montaje de portada: Miguel Casaseca)
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