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Tres: Perfecta falta de sincronización

Juanjo Giménez propone una reflexión sobre la discapacidad, la familia y el mundo laboral disfrazada de ciencia-ficción

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En Tres conocemos a C, una montadora de sonido en la treintena, muy eficaz y obsesiva en su trabajo, que un día empieza a escuchar con retardo. Literalmente C vive «fuera de sincro», descoordinando imagen y sonido en su propia vida, lo que le trae toda clase de problemas laborales y personales. Necesitará la ayuda de su madre y un compañero de trabajo para descubrir por qué le está ocurre esto, cómo detenerlo para volver a llevar una vida normal si eso es posible y qué tiene que ver con su niñez.

Juanjo Giménez ha dirigido con Tres un cruce entre ciencia-ficción, fábula, metacine y thriller que consigue no chirriar en su tono aparentemente frío. La película al final basa gran parte de su éxito narrativo en la interpretación de Marta Nieto, capaz de aguantar la mitad del metraje a base de primeros planos en los que tiene que poner cara de no enterarse muy bien de qué está pasando.

El filme no da excesivas explicaciones, lo que cual es de agradecer a estas alturas, y se envuelve en ternura en su tercio final, cuando el espectador menos se lo espera. De fondo esconde una reflexión nunca completamente explícita sobre la discapacidad, el estrés y la vida en la gran ciudad y hasta las relaciones familiares.

Crítica de Tres sin spoilers

Tres: Perfecta falta de sincronización 2

Hay un momento del metraje, cuando C empieza a acostumbrarse a su nueva vida e incluso a utilizar su «fuera de sincro» en su favor, en que Tres corre el riesgo de deslizarse a una especie de película de superhéroes de presupuesto modesto, y del que se libra por el giro final intimista en el que la protagonista es capaz de conocer su pasado y reconciliarse con él.

Como comentábamos al principio, Tres navega entre varias aguas, flirteando incluso con la comedia romántica en algún momento -pobre Miki Esparbé, que siempre le dan los mismos papeles de buen chaval-. Sortea los desparrames que podría haber supuesto la mezcla de tonos al tener claro su final, hasta cierto punto sorprendente y que funciona casi como moraleja postpandemia para las vidas absorbentes y volcadas en el trabajo creativo de la gran ciudad, siempre al límite y desconectadas de la familia o los orígenes.

Marta Nieto es, en ese sentido, la gran fortaleza de la película, apoyada en un montaje de sonido cuidado al milímetro. Porque claro, si no, en una película que se divierte con el metacine en varias escenas a costa precisamente de una sala de mezclas, como para fallar en ese aspecto. Por lo demás Barcelona se convierte en un entorno gris y opresivo para la protagonista hasta que se produce su catarsis.

Lo mejor de Tres es que, aunque podría ser una película 100% de género y destinada al nicho, se presenta como un drama -aunque no lo sea- accesible en su narración y que al menos dejará al espectador que no quiera meterse en honduras esa reflexión sobre la discapacidad y la convivencia con ella en todos los aspectos de la vida. Que llegue a una audiencia más masiva de la que se esperaría por su sinopsis dependerá de la dictadura de la distribución, pero es posible que si da el salto al streaming encuentre allí a su público. Eso sí, por su propia naturaleza se disfrutará más en sala.

En fin, una película más que notable y que es normal que triunfase tanto en Venecia como en Sitges, que salva casi todos los peligros que ella misma se plantea con facilidad y en la que la actriz protagonista hace un trabajo igual de bueno que el del equipo técnico que la tiene que arropar. Entretenida e interesante en sus muchas capas, tiene además la virtud de alejarse mucho a lo que estamos acostumbrados en salas en estos tiempos, y eso siempre suma.

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