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'La vida breve' y 'Su Majestad'

‘Good bye’, Borbones!: Las series españolas sueñan con los reyes que les habría gustado tener

Después de unos 2010 de biopics blancos y oficialistas y un lustro de documentales críticos, 'La vida breve' y 'Su Majestad' son comedias negras de corazón tierno que idealizan unos monarcas sensatos y responsables
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Slavoj Žižek analizó en su día esos dos espejos cóncavos que son La vida de los otros (2006), de Florian Henckel von Donnersmarck, y Good bye, Lenin! (2003), de Wolfgang Becker. Dos retratos de la antigua RDA, pasada una década de su desaparición, desde diferentes acercamientos. Sostenía el filósofo esloveno que la primera, la que supuestamente denunciaba la brutalidad de la policía secreta de la Stasi, en el fondo hacía un retrato amable de la extinta república, y que era la segunda, la presunta nostálgica, la que realmente la pintaba como un escenario de pesadilla: la única forma de resistir a su crueldad era volverse loco.

El final de Good bye, Lenin!, en ese sentido, sería brillante. El protagonista, Álex (Daniel Brühl), ofrece a su madre (Katrin Sass) un final alternativo e inverso a la reunificación alemana, con Sigmund Jähn (Stefan Walz), el primer cosmonauta alemán, como ficticio presidente de dicha república, que abre el Muro de Berlín para que los ciudadanos del oeste puedan liberarse de la tiranía del consumismo y el neoliberalismo. Álex, que fue uno de los manifestantes que en noviembre del 89 participó en la caída real del Muro, ha creado para su madre una RDA ficticia como cree que esta debió ser, de alguna forma respetando los principios que esta dijo defender, pero acusándola de nunca respetarlos.

Curiosamente dos series españolas sobre reyes acaban de hacer lo mismo, pero con Juan Carlos ILa vida breve y Su Majestad.

Aparte de estrenarse con apenas semanas de diferencia —el pasado 13 de febrero la primera, el próximo 27 la segunda— y ser ambas comedias creadas por parejas de guionistas —Cristóbal Garrido y Adolfo Valor la una, Borja Cobeaga y Diego San José la otra—, tienen en común explorar a la Casa de Borbón, en sus comienzos o en una actualidad ficticia. La vida breve la protagoniza Luis I, con su reinado de apenas ocho meses de 1724 que terminaron con su fallecimiento a los 17 años por viruela. Su Majestad sigue a Pilar, una ficticia Princesa de Asturias que debe asumir el mando de la Casa Real por un escándalo de corrupción de su padre, Alfonso XIV.

Crítica de La vida breve

Borbones en la ficción
Carlos Scholz como Luis I en ‘La vida breve’ (2025), de Cristóbal Garrido y Adolfo Valor.

Y ambas, de alguna forma, vienen a contar el Juan Carlos I, o el Felipe VI, o los líderes en general, que nos habría gustado tener. Ojo, que a partir de aquí hablo de los dos finales de las series (puedes pasar a la sección ‘Good bye, 15M’ si no quieres leerlo).

La vida breve, ya en Movistar Plus+, finaliza con la muerte de Luis I (Carlos Scholz), lo cual no es un gran spoiler, porque está en los libros de Historia y en su propio título. La novedad son las voluntades finales que le atribuye, dictadas a Luisa de Orleans (Alicia Armenteros), su esposa, un personaje fundamental para entender el enfoque de la serie. En la historia real se cree que esta reina, francesa y llegada a España como una adolescente, padeció algún tipo de enfermedad mental, quizás trastorno límite de la personalidad. En la ficción es que no se toma en serio ningún artificio de la corte ni el poder, es una mujer moderna, casi actual, que desea ser libre y se resiste a su destino.

Pues bien, este Luis que en un primer momento se enamoró de ella y ahora ha aprendido a respetarla como una igual, le pide poner por escrito unas últimas voluntades pensadas tras conocer a un pobre porquero y su hijo que sobreviven con lo justo mientras guardan lealtad a sus opulentos monarcas. Adelantándose más de 50 años a las revoluciones americana y francesa, el primer Borbón nacido en España propone democracia, sufragio universal —mujeres incluidas—, servicios públicos, derechos humanos y un largo etcétera. Algo de lo que los ministros, todos nobles, se ríen. Pero dicho queda.

Por su parte en Su Majestad, pronto en Prime Video, la Princesa de Asturias, Pilar (Anna Castillo), acaba forzando la abdicación de su padre, Alfonso (Pablo Derqui), el cual se despide con un discurso en televisión al mejor estilo juancarlista, pero escrito por ella. Una alocución en la que no dice «lo siento mucho, no volverá a ocurrir», sino en la que da explicaciones, asume responsabilidades y ayuda a una limpieza real del sistema, pidiendo a los españoles que no dejen de creer en el mismo de forma sincera. Pilar I brinda y suspira, ya reformada de su pasado como pija juerguista sin límites y asumiendo la difícil tarea que le queda por delante.

Ambas series funden componentes del relevo generacional —los príncipes más o menos mimados e infantilizados que al ser conscientes de las responsabilidades del poder, quieren cambiarlo todo— con las reflexiones obvias sobre el servicio público, la identidad misma de España o el papel en ella de la Monarquía. La vida breve es una comedia más sutil, que confía en el absurdo de las circunstancias y las interpretaciones del reparto. Su Majestad empieza siendo humor negro muy cafre o directamente sátira política para luego derivar, sin perder el humor, hacia un drama padre-hija algo más serio.

Como casi siempre, esto ya lo hizo El Ministerio del Tiempo (2015-2020), en su episodio Tiempo de Conquista, emitido en 2017 y que ya analizamos por aquíAlonso de Entrerríos (Nacho Fresneda), el héroe español de todos los tiempos, conoce a su propio abuelo, supuestamente un gran conquistador de las Américas, y descubre que en realidad fue un hombre cruel y avaricioso. Sin embargo, al final del capítulo se reconcilia no con el dicho abuelo, sino con el padre, abandonado por este de niño, que se lo pintó como un héroe. Comprende la función de las historias, que no es ser exactamente la verdad, sino crear una nueva, con sus propios valores, que abra la puerta a algo mejor.

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Anna Castillo como la princesa Pilar en ‘Su Majestad’ (2025), de Borja Cobeaga y Diego San José.

Y, de nuevo, lo curioso son las variaciones del subconsciente colectivo que se dan en la ficción. Después de una década de los 2000 y 2010 donde las televisiones en abierto se llenaron de productos muchas veces anodinosEl Rey (2014)— y otras un tanto ridículos —Felipe y Letizia (2010)— sobre la Casa Real, llevamos un lustro, ya desde 2020 y procesada institucionalmente la abdicación de Juan Carlos I, con series documentales tan críticas como Salvar al Rey (2022). Sin embargo, ahora que la ficción vuelve a los Borbones y los retrata como corruptos, clasistas e incluso mamarrachos, va y lo hace desde la ternura, y pidiéndoles que sean como una vez la propaganda quiso pintarlos.

Encima lo hace vía la pluma de cuatro autores, Garrido&Valor, Cobeaga&San José, que son escritores explícitamente de izquierdas, o al menos progresistas, y han firmado cosas como Días mejores (2022-2023) y su defensa de la Sanidad Pública o los cuidados y la solidaridad entre generaciones, o la reciente Celeste (2024), la serie que dijo ‘¡Viva el IRPF!’. No está claro si esto nos habla exactamente de una izquierda institucional que está dispuesta a contar con el sistema si este funciona o de una resaca del 15M en la que se recuerda que lo único que le hemos pedido a la Constitución del 78 es lo único para lo que no se usa: cumplirse.

Por cierto, volviendo a Žižek y sus contrastes entre La vida de los otros y Good bye, Lenin!. Decíamos más arriba que el humor de Su Majestad es más burro y sin piedad y el de La vida breve, más sutil y tierno. Pero, como se podrán imaginar, la optimista es la primera, igual que las mejores baladas son de los grupos heavies: presenta un país en el que el rey puede ser imputado, aunque haya muchos jueces que se pongan tibios de farlopa, y donde un cambio a una monarca mejor y más responsable puede arreglarlo todo. En la segunda, la única solución es volverse loco o meterse a monja, y tanto los reyes buenos como el pueblo fiel están condenados.

Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.