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Sapo, S.A. Memorias de un ladrón: Desmontando al genio del mal

La docuserie de Prime Video es un interesante true crime que se apoya en el carisma perverso de su narrador y protagonista

Sapo, S.A. Memorias de un ladrón: Desmontando al genio del mal 1

Sapo, S.A. Memorias de un ladrón resume la trayectoria criminal de Jon Imanol Sapieha Candela, alias ‘El Sapo’, uno de los ladrones y prófugos de la Justicia más famosos de la historia de España. La novedad es que la historia la cuenta él mismo, desde una localización secreta, y admitiendo sus acciones más conocidas: el robo a la sucursal del Banco Popular en Yecla, el de los cuadros de Esther Koplowitz o su papel en la negociación con los secuestradores del Alakrana.

Lo que diferencia a este true crime de cualquier otro es que lo cuenta el culpable, y lo cuenta con la suficiencia de haberse pasado el juego y saber que es bastante difícil que pague por lo que ha hecho. Para que se hagan una idea y antes de meternos en detalles, esto es como si Berlín de La casa de papel existiese de verdad y nos contase su vida regodeándose en los detalles más cabrones. Y digo Berlín, y no El Profesor, porque Berlín era psicópata.

El carisma perverso de ‘El Sapo’ impregna el tono de la miniserie, la cual, al menos en los dos episodios de los cuatro totales que hemos podido ver, pero es de suponer que lo hará en su conjunto, contextualiza con investigación y testimonios sus declaraciones, dejando claro que nos encontramos ante un genio, pero del mal. Uno que disfruta particularmente de atribuirse el aura de antihéroe romántico que la ficción le otorga a veces a los personajes como él.

Quién roba a un ladrón

Sapo, S.A. Memorias de un ladrón: Desmontando al genio del mal 2

Al menos al principio ‘El Sapo’ puede caer bien, en parte por la exuberante chulería que le gusta lucir. El tipo admite a cámara que puso las barbas a remojar cuando la Policía aprendió a perseguir el tipo de delitos que eél practicaba y se endurecieron las penas, cosa que sufrió en sus carnes su compañero Ángel Flores ‘Casper’, otro ladrón mediático, ya fallecido y que no era precisamente una hermanita de la caridad.

La gracia de esto es que los golpes que cuenta están muy bien escogidos. En el asalto a la sucursal de Banco Popular de Yecla la mayor parte del botín fue dinero negro defraudado a Hacienda por gente pudiente (y uno de los pocos afectados que participa tiene la pachorra de alegar que «quién no ha tenido alguna vez mil euros en negro en su casa»). A nadie le va a dar pena que roben a Esther Koplowitz, la verdad. Y en lo poco que habla en esta primera parte del rescate del Alakrana él mismo se permite ironizar afirmando: «Lloramos mucho cuando le robamos a los piratas».

Al mismo tiempo ‘El Sapo’ se gusta a sí mismo, recreándose en la imagen de Robin Hood que pueden crearle todos estos golpes tan aparentemente incruentos y lo que él cree que es una versión única. Con frases de macarra de buen corazón para su fallecido compadre ‘Casper’ o sentencias del tipo «para tener dinero hay que saber gastarlo», el ladrón se complace en su propia leyenda y en la sensación de que existe honor y glamour fuera de la sociedad. Pero, repetimos, hemos dicho que es Berlín, no El Profesor. Y eso quiere decir que es…

Un hijo de puta

Sapo, S.A. Memorias de un ladrón: Desmontando al genio del mal 3

La docuserie la dirige Nacho Medina, creador de Callejeros, entre otros programas, y sabe administrar la información sobre el protagonista. En el segundo episodio descubrimos lo psicópata de su comportamiento al conocer las formas de seducción y extorsión que usó con uno de los guardas de la casa de Esther Koplowitz, hasta niveles que pasan lo maquiavélico. Y lo de psicópata no es una forma de hablar: interviene una psicóloga experta y lo analiza y desgrana punto por punto.

Porque, si el resto de la miniserie confirma esta tendencia, Sapo S.A. Memorias de un ladrón no busca tanto elogiar a su protagonista como desmontar sus piezas y mostrar el fondo de crueldad, avaricia y vacío absoluto que se esconde tras sus bravuconerías. Un tipo oscuro, violento y que ve a los demás, incluidos los periodistas que lo entrevistan, como meros objetos que usar en beneficio de su propio ego. No tan lejos de esas víctimas tan poco empatizables del principio y de los pobres tipos normales que pasaban por allí y a los que atropella sin miramientos. 

En resumen. Estamos ante un true crime aparentemente sencillo pero muy acertado tanto en el tema que consigue tratar como en la forma que en acaba por abordarlo, tendiéndonos una trampa doble, entorno al protagonista y cómo va a analizar su figura. Así, el interés de ver a ‘El Sapo’ complacerse y justificar sus propias fechorías se complemente con la explicación de por qué, como sociedad, tenemos normas para evitar que sigan pasando. Y oye, mira, eso no está tan mal. 

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