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Llega a Prime Video

‘Puntos suspensivos’: cómo contar la historia de un escritor en busca del crimen perfecto

David Marqués y Rafael Calatayud explican las claves del guión de esta película de misterio, un puzle temporal con pocos personajes donde los giros en la trama se dan la mano con una reflexión sobre la autoría y el ego en el mundo de la creación
Puntos suspensivos

«Cuando empezamos a escribir Puntos suspensivos teníamos pensados el principio y el final, y proponerle el reto al espectador de llegar hasta allí. Pero para llegar hasta allí y cerrar todos los cabos y que encajase todo tuvimos que hacer muchos nudos», explican David Marqués y Rafael Calatayud Cano, pareja de guionistas y el primero también director de la película de suspense que llega esta semana a streaming (Prime Video). «Por eso hay tantos giros en la película. Y porque sabemos que, igual que los personajes, el público es consciente de los tópicos de las historias de suspense, así que jugamos a darle la vuelta. A que intenten descubrir dónde está el truco, pero llevarlos por otro lado».

Leo Valdivia (Diego Peretti) es un oscuro profesor de narrativa que firma novelas de suspense de éxito con el pseudónimo Cameron Graves. Falto de inspiración, se ha encerrado en una finca perdida en Extremadura para tratar de volver a escribir. A su puerta aparece un tipo extraño, un tal Jota (José Coronado), que parece conocer su doble identidad y se presenta como periodista. Leo sospecha, porque solo su representante, Victoria (Cecilia Suárez) sabe que se encuentra allí. Al mismo tiempo las razones de Jota para abordarlo parecen relacionarse con su joven amante y alumna Adriana (Georgina Amorós) y un oscuro secreto.

Puntos suspensivos arranca con un escritor en la misma situación que sus autores cuando pensaron en él por primera vez: encerrado en casa. Marqués y Calatayud empezaron a esbozar la película en plena pandemia, pensando en un regreso a los rodajes en el que habría que contar con pocos personajes, a ser posible cero extras, las localizaciones mínimas y fiarlo todo a la trama. El resultado es un complicado rompecabezas temporal y de pistas que se siembran y se recogen mientras los personajes principales reflexionan sobre el ego del autor, las trampas de las novelas de suspense clásicas y las expectativas del propio espectador que los está viendo.

«Siempre dicen que en el mundo de la literatura, bueno, el mundo del arte en general… el cine, la música… hay, con perdón mucho hijo de puta. Pues Puntos suspensivos es también un reflejo de eso», confiesa Marqués, aunque entre risas. «Estos personajes son así, es como toparse con gentuza». Calatayud Cano añade: «Un abogado puede hacer cosas horribles, pero porque quiere ganar un caso, hay un objetivo práctico. La vanidad artística es otra cosa, que puede llegar a ser muy execrable, crea unos egos que explotan de manera muy espectacular… como se ve en la película».

Puntos suspensivos

Leo Valdivia es Cameron Graves, pero al mismo tiempo no lo es. Es un hombre que, sobre el papel, disfruta del éxito, pero no lo hace con su nombre ni siente que sea completo. También, añaden sus autores, es una historia «sobre la envidia, que todos conocemos, y el espectador también, solo que es envidia de uno mismo». Y la capacidad de «reconocer el talento, aunque tú no lo tengas, y decir ‘¿cómo consigo yo eso?'». Así, plantearon a sus personajes en una lucha de egos «y los fuimos llenando de capas y capas, haciéndolos cada vez peores», concluyen. Así, de manera literal, se explora la idea de que un autor muestra una imagen ante sus lectores y luego otra muy diferente en casa.

Todo esto en el espacio escaso de la finca donde Leo se ha recluido, con apenas cuatro personajes y estos preguntándose sobre cómo escribir (y cometer) el crimen perfecto. «Lo bonito de la trama, para mí como autor, es que si la ordenásemos temporalmente te parecería mucho más sencilla«, comenta Calatayud. «Pero de esta manera, con los saltos, es como cuando conoces a alguien y de primeras te cae bien o te parece muy inteligente», añade Marqués. «Y luego lo conoces en otras circunstancias y ya descubres que no es así. Que es alguien peor».

Dentro de Puntos suspensivos, eso tiene dos lecturas. La del proceso creativo y la del propio juego del ‘¿quién lo hizo?’, que en el caso de esta película llega a convertirse incluso en una pregunta aún más oscura.

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Marqués y Calatayud saben que dentro de Puntos suspensivos están La Soga (1948), de Alfred Hitchcock, y La Huella (1972), de Joseph L. Mankiewicz, además de otras películas y alguna novela que es mejor no revelar, o advertiremos de los recovecos de la trama. Los autores se han vuelto especialistas en hablar de los recovecos de su película guardando el secreto y sin pasar del primer giro, que sucede a los 20 minutos. «Lo bonito ha sido en los coloquios encontrarte a gente que veía trazas de películas que nosotros ni conocíamos, y teorías que no podemos comentar pero nos daban otra lectura», añaden.

«El que se haya visto todo el cine de suspense va a sacarle muchas cosas»

En Puntos suspensivos «todo debía ser insólito, pero no inverosímil. Un misterio de ficción tiene que estar más cerrado que uno de la realidad, no le toleramos lo mismo al suspense de ficción que a un true crime«, explican. Sus personajes «lo saben y lo comentan. Ellos mismos dicen: nos estamos comportando como un tópico o ‘si esto pasase en una novela dirían que es imposible’. Nos gustaba ese juego porque el espectador sabe desde el principio que tenemos los mismos referentes que él y espera que lo engañemos, o intenta ver qué va a ocurrir a continuación, y no tiene por qué ser lo que se espera», añade Marqués.

Calatayud remata que «está pensado para que tú simplemente quieres seguir un misterio, puedas, porque además es una película muy agradecida, que no llega ni a los 90 minutos. Pero el cinéfilo o el que se parezca a nosotros y se haya visto todo el cine de suspense va a sacarle muchas cosas. Están La Huella y La Soga, pero también hasta Vacaciones en Roma (1953), de William Wyler, y Agatha Christie, aunque no podamos decir cómo. Lo que me gusta es que es una película para verla dos veces y la segunda repasar y darte cuenta de cómo la primera vez sacaste las conclusiones que sacaste».

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Jose A. Cano

Jose A. Cano

Jose A Cano (Lora del Río, Sevilla, 1985), es licenciado en Periodismo. Ha trabajado en medios como El Mundo, 20 Minutos, El Confidencial o eldiario.es, entre otros, como periodista de local, internacional o Cultura. Actualmente ejerce como redactor en Cine con Ñ y colabora con medios como El Salto o El Español, entre otros.