Clásicos del cine español
‘Platillos volantes’, la comedia que se tomó muy en serio a los extraterrestres y a quienes los esperamos aquí en la Tierra

Fotogramas de 'Platillos volantes'. ©FlixOlé. Montaje: ©Cine con Ñ
Antes de que Espíritu sagrado (2021), de Chema García Ibarra, usase la ufología para reflexionar sobre las fake news y la manipulación, o de que Aro berria (2025), de Irati Gorostidi, reflexionase sobre la decadencia del movimiento obrero y sus alternativas new age en plena Transición, estuvo Platillos volantes (2003), de Óscar Aibar. Una comedia canónica, ambientada en los años 70, sobre dos ufólogos desencantados que desean trascender a un mundo mejor, aunque a veces estén en el nuestro.
Un pequeño clásico de culto que fue pionero en volver a la Transición y tomársela un poco a chufla, pero con mirada crítica. Aibar, entonces un director joven en su segunda película —aún no había empezado a trabajar en Cuéntame cómo pasó (2001-2023), de la que firmaría casi 50 episodios—, contó la historia de dos aficionados a la ufología que creen estar trascendiendo a un estado en el que no sienten dolor físico y son llamados a otro mundo por una raza más evolucionada.
Una película que esconde una tragedia dentro de una comedia y que se encuentra disponible en FlixOlé, que la recupera en su colección ‘Extraterrestres: No estamos solos’. La encabeza el estreno en streaming en España de El hombre que cayó a la Tierra(1976), de Nicolas Roeg, un clásico pop protagonizado por David Bowie que se hizo eco de la moda cultural de los «hombrecitos verdes», e incluye otros títulos españoles como El caballero del dragón (1984), Juan y Junior… en un mundo diferente (1970), Supernova (1993) o Planet 51 (2009), entre otras.
Platillos volantes exterminadores
La película de Aibar es una obra de referencia oculta para los amantes del subgénero, que tiene además la virtud de analizar un momento histórico clave desde una óptica poco habitual en aquel momento. En unos años 2000 en los que la Transición se celebraba como un logro histórico casi sin aristas, Aibar presentó a dos perdedores, el joven oficinista Juan (Jordi Vilches) y el obrero industrial José (un magnífico Ángel de Andrés, ese actor nunca suficientemente valorado —y tristemente fallecido pocos años después de la película—).
Dos creyentes en la cosa espacial que en realidad están hastiados de la realidad que los rodea. El más joven, de las aspiraciones de desclasamiento pequeñoburgués que en el fondo solo reproducen las trampas sociales y de clase de generaciones anteriores —con parodias muy crueles de la clásica ‘iniciación sexual’, tan tópica en muchas películas ambientadas en los años 70 que se estrenaban entonces—. El segundo, de un movimiento sindical u obrero que ha dado de lado a las necesidades de muchos trabajadores y se ha internado en el politiqueo más anodino y desesperanzador.
A partir de esos dos personajes, se trata un retrato de época que explica perfectamente la moda de los OVNI que recorrió la convulsa Europa de los 70, con un ojo todavía en la crisis del petróleo, la Guerra Fría sin remitir y unas sociedades que tras la revolución de Mayo del 68 descubrían que se habían vuelto más individualistas en lugar de más solidarias. En el caso de España, postulando a dos personajes que tienen más presente una evolución de la conciencia colectiva que el sempiterno despertar u obsesión sexual de otras propuestas.
Aibar, coautor del guión junto a un clásico como Jorge Guerricaechevarría, juega hábilmente a la ambigüedad sobre la existencia o no de los extraterrestres o si José realmente es inmune al dolor o se ha convencido a sí mismo de ello para no afrontar la soledad, la brutalidad policial o las miserias políticas de sus compañeros.
En el equilibrio justo entre la ciencia ficción y el drama social o la comedia y la tragedia, Platillos volantes avanza dejando en manos del espectador si debe reír o sentir pena por unos protagonistas tan inteligentes como para destapar una empresa pantalla controlada de la CIA pero tan torpes como para entregarles una carta «del espacio exterior», dirigida al mismísimo Richard Nixon. Toques de neorrealismo italiano en mitad de una comedia absurda con crítica social dignos de los mejores Azcona y Berlanga.
El espíritu de la Transición
Quizás por alejarse tanto del tono esperado, y por los prejuicios a veces del público con la ciencia ficción patria, Platillos volantes tuvo un paso discreto por salas, y luego se ha convertido en una especie de película de culto subterránea, adorada por un puñado de aficionados del género, de la ufología… o de la reflexión sobre la misma. En ese sentido, se adelantó casi 20 años al mismo planteamiento por parte del mencionado García Ibarra en Espíritu sagrado, que aunque menos tierno y comprensivo con sus protagonistas, le hace un par de guiños a esta.
Por otro lado, Aibar ha vuelto una y otra vez desde el pop y la comedia al mismo periodo de los 70, tanto con La máquina de bailar (2006) como con El Gran Vázquez (2010) e incluso el thriller El sustituto (2021). Películas que resultan una suerte de comentario al margen a su contribución a Cuéntame cómo pasó, como indicando el franquismo y la Transición más grotescos y crueles que no se podían conocer desde el sofá de la familia Alcántara.
Al mismo tiempo, son una reflexión sobre la propia formación como espectadores de la generación a la que pertenece, desde los que se bebían los programas de ocultismo de Jiménez del Oso en radio y televisión —y que también representó Berto Romero en El otro lado (2023)— a los lectores de los tebeos de Bruguera.
Voces de otros mundos
En el fondo, esos 2000 de El Fin de la Historia de Francis Fukuyama, en los que el miedo a los terroristas post 11-S sustituía al pánico nuclear de la Guerra Fría, y en los que se estrenó Platillos volantes, no están tan lejos del actual momento de crisis, autoritarismo e incertidumbre absoluta.
Aibar se adelantó a la revisión de las veleidades new age que llevaron a personajes como el que interpreta Ángel de Andrés a pasar del obrerismo clásico a, como mínimo, derivas pseudocientíficas. Es lo que se ve en una de las óperas primeras más destacadas del año pasado, Aro berria, que sigue a un grupo de jóvenes revolucionarios que pasan de la huelga industrial a la comuna hippie, o en novelas como Ovni 78 (Anagrama, 2025), del colectivo Wu Ming, que analiza la moda ufológica en la Italia de la violencia ideológica de los 70 en el equilibrio entre el thriller policial y la sátira política.
Todo, como la película de García Ibarra o la que nos ocupa, reflexiones sobre la necesidad de buscar otros mundos y unos extraterrestres que, en el fondo, y como el hombre que cayó a la Tierra con el rostro de Bowie, lo que queremos es ser versiones mejores de nosotros mismos, que nos salven de los problemas, más que reales, de este mundo.
Quizás por eso el final de Platillos volantes es tan esperanzador como agridulce, en su ambigüedad de si asistimos a una especie de fantasía alucinatoria o una verdadera explicación de ciencia ficción. Y por eso no perdemos la esperanza, como la canción de Los Pasos que acompaña a esa escena y los créditos, de escuchar algún día ‘Voces de otros mundos’.
Puedes ver ‘Platillos volantes’ online en FlixOlé.

Jose A. Cano



