Reportajes
Una modelo de manos de más de 100 años para ‘La abuela’

Cinco días antes del estreno de La abuela en cines, fallecía a los 106 años recién cumplidos la auténtica abuela de la película. Ella era Francisca Serrano Caravaca, decana de la residencia Virgen de Peñarroya (Argamasilla de Alba, Ciudad Real) y primera vacunada contra la COVID de todo el pueblo. Fue dos años antes de la pandemia, y por casualidad, cuando esta manchega centenaria acabó como modelo de manos para el filme de terror dirigido por Paco Plaza.
La historia de esa curiosa anécdota relacionada con la película arrancó en enero de 2020 desde ND Studio, el taller de Nacho Díaz, uno de los profesionales más reconocidos en España en FX y Maquillaje. Díaz planteó a su equipo el encargo recién llegado: un modelado para unas prótesis que se iban a utilizar para el personaje de Almudena Amor en una escena de La abuela. Para hacer el trabajo tenían que buscar en su entorno a alguna señora mayor que tuviera manos envejecidas y curtidas y que pudieran servir de referencia para esas prótesis.

Uno de esos días de principios de año, el 21 de enero, Francisca cumplió 104 años. ‘En Compañía’, el programa de Ramón García y Gloria Santoro en Castilla-La Mancha Media (CMM) para frenar la soledad de los castellano-manchegos, la llama en directo para celebrar su longevidad. Una de las personas que la vio en televisión aquella tarde se acordó de Francisca cuando su hijo Jesús (García), trabajador en el equipo de Díaz, recurrió a ella para preguntarle si conocía a alguien del pueblo (Argamasilla de Alba) o de la residencia que se prestara a que le vieran las manos y le hicieran un molde. Conocían a su familia.
Y la familia y la propia Francisca aceptaron la peculiar propuesta. Así fue como Jesús García fue a la residencia y le hizo el molde a sus manos con silicona y escayola. Un proceso que se produjo sin ningún problema ni contratiempo. «Le dijeron que le iban a poner escayola, que se le iban a quedar duras las manos, y para nada», cuenta su sobrina, Rafaela Serrano, que añade que su tía inclusó bromeó durante el proceso: «‘Pues así hemos pasado la mañana’, decía ella. Tenía buen humor y era muy de chascarrillos».

Las prótesis que salieron de las manos de doña Francisca se utilizaron en una concreta y recordada escena de la película (aviso de ligero spoiler). Fue en la secuencia de ensoñación/pesadilla en la que el personaje de Susana (Almudena Amor) envejece de forma súbita. En esas impactantes imágenes de transformación y cambios bruscos, las manos de la protagonista, convertida en una persona mayor, tienen como referencia las que Francisca cedió aquella mañana en la residencia Virgen de Peñarroya.
Una anécdota más, una curiosidad de película, para las muchas que tenía Francisca de sus más de 100 años de vida («tenía para un libro», dice Rafaela Serrano). Viuda desde 1975, ella fue una de las tantas personas mayores que vivió encerrada durante más de dos meses en una habitación de una residencia durante los momentos más duros de la pandemia. Incluso sobrevivió a la enfermedad y se vacunó en tiempo récord, copando titulares en los periódicos locales. Finalmente, falleció el pasado mes de enero. Aunque no pudo ver la película en la que se convirtió en modelo, Francisca estuvo lúcida hasta casi el final. Ahí quedan sus manos inmortalizadas para siempre.

Arturo Tena