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Críticas

Mikaela: Thrillers borrascosos

Calparsoro aligera su cita anual con el thriller comercial combinando el atraco con la comedia, una mezcla poco habitual para el director que a veces hace sufrir a la acción marca de la casa
<strong>Mikaela</strong>: Thrillers borrascosos 2

Una tormenta de nieve, bautizada como Mikaela, se desata en España. Es 5 de enero, víspera de Reyes, y a miles de españoles les pilla en carretera. La emergencia climática provoca un atasco kilométrico de coches en mitad de una autopista. Tras un golpe frustrado, un grupo criminal aprovecha el bloqueo para asaltar un furgón blindado. Para impedir el robo solo están disponibles un veterano policía en horas bajas (Antonio Resines) y una joven Guardia Civil (Natalia Azahara). Ambos deberán colaborar para detener a los atracadores.

Daniel Calparsoro, algo así como el padre del thriller comercial contemporáneo en España, vuelve a su cita anual con las salas. Desde que funcionara como un tiro en cines Cien años de perdón (2016), multinacionales de viejo y nuevo cuño le han encargado al director películas o series de atracos. La última, Asalto al Banco Central (2024), se estrenó hace pocos meses.

Esta actividad intensa, muy de la saturación de oferta de nuestros tiempos, viene a que las grandes compañías confían mucho en Calparsoro. Hay razones: ha tenido éxitos, ha manejado presupuestos muy importantes pero también ajustados (especialmente en los últimos años, ya saben, más por menos) y, en general, sabe un rato de rodajes que requieren balas y bastante logística.

Y así llegamos a Mikaela. La película, con el claro referente real de la borrasca Filomena y que ahora resuena aún más entre desastres climáticos, pasa la barrera irónica/canalla que ya tenían los guiones de El correo o Hasta el cielo para plantear una de atracos con una clara declinación hacia la comedia. En ese sentido, el tener a Antonio Resines como veterano héroe de acción es toda una declaración de intenciones, pero es que luego el tono o las tramas de personajes como el de Adriana Torrebejano lo terminan por dejar claro. La jugada, ya solo por poco habitual y si uno no se pone muy exigente, se agradece.

Mikaela y el thriller cómico

Natalia Azahara y Antonio Resines en 'Mikaela'.
Natalia Azahara y Antonio Resines en ‘Mikaela’. ©Jimena San Miguel

Es interesante comparar Mikaela con las dos últimas películas de Calparsoro en cines para ver que se puede hacer una película diferente manteniendo el molde marcado del thriller comercial, Ojo, las tres han sido escritas por guionistas distintos, no es mérito, ni mucho menos, solo de Calparsoro y su equipo, pero Todos los nombres de Dios era un auténtico dramón en medio de un ataque terrorista; El correo tenía un sarcasmo scorsesiano ya importante a la hora de retratar a la España de la burbuja inmobiliaria; y ahora esta Mikaela se lanza ya a los chistes y punch-lines.

Este movimiento hacia la comedia se agradece porque es completo y sin complejos: no es solo que haya un clásico personaje que funcione como aligeramiento cómico en la trama, es que hay una intencionalidad en cómo se interpretan distintas escenas para que se puede seguir la caza al criminal de una forma menos grave y seria a la habitual. Porque a lo que nos tiene acostumbrados este tipo de productos comerciales es a mucho grito, balazos, situaciones de vida o muerte y familia sufriente (que la hay aquí también). A todo testosterona.

En Mikaela se acaba llegando hasta a la buddy movie, por si tenías alguna duda de si lo de la comedia iba en serio. En modo extremos opuestos, claro: el personaje de Resines, viejo y descreído; el de Natalia Azahara, joven e idealista. Todo con el añadido ibérico de plantear una cierta rivalidad entre la Policía y la Guardia Civil. No es que la química sea extrema ni sus interacciones brillantes, pero dejan momentos simpáticos.

Conformismo de oficio

<strong>Mikaela</strong>: Thrillers borrascosos 1
Adriana Torrebejano y Roger Casamajor en ‘Mikaela’. ©Jimena San Miguel

La película también recuerda porque hay pocos thrillers cómicos: los saltos entre la acción y el humor tienen sus riesgos que a veces se pagan. Tanto el guión como la propia dirección de Calparsoro dan algún bandazo anticlimático a la hora de combinar las dos cosas, sin saber muy bien cuándo es momento de ponerse serios y cuándo toca una bromita de señor mayor de Resines. Es una línea fina difícil de transitar, y a veces Mikaela o pierda gracia en el diálogo o tensión en la persecución. Quizá por ahí venga la sensación de que Mikaela no ha aprovechado del todo su presupuesto de más de 5 millones de euros.

En cualquier caso, Mikaela tiene los elementos que se esperan del género (implicaciones personales, violencia, giros…) lo suficientemente bien orquestados para que haga bien el apaño. No es lo mejor que ha hecho el director de Salto al vacío desde que no firma los guiones (2013), pero tampoco lo peor. A él lo contratan (y lo contratan mucho) para asegurar ciertos estándares de calidad, con su oficio en planificación y estructura, y aquí están. En un terreno, además, donde quizá no está tan cómodo a la hora de dirigir a sus actores o de organizar el rodaje.

¿Es conformarse con poco?Puede ser (el epílogo turístico/explicativo final es terrible), pero también lo es que es la nueva normalidad del cine comercial es de nivel medio-bajo en estos tiempos de sobreoferta y producción a cholón. Así que si aparece un Calparsoro que te hace el trabajo y además le mete algo de novedad en dirección de actores y tono, pues aceptarla da menos cargo de conciencia.

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Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.