Reportajes
Enseñando interpretación con López Vázquez

«El público rio mucho con los peripecias hilarantes de la comedia y aplaudió con entusiasmo al final de los actos». Con esta frase concluía la crónica teatral de ABC sobre la representación de Entre bobos anda el juego por parte de, Teatro Español Universitario en el Teatro Fontalba. Era un 8 de marzo de 1946. ¿Qué tenía de especial aquella representación? El debut profesional como actor de un joven de 24 años llamado José Luis López Vázquez.
Goya de Honor en 2005, consagrado como uno de los grandes actores de la Transición, genio de la comedia y uno de esos intérpretes a los que se consideró «la cara del español medio», junto a Alfredo Landa o José Sacristán. Lo solemos recordar haciendo reverencias en Atraco a las tres o siendo un perfecto miserable de manera muy graciosa en Plácido, pero se nos olvida por qué cada interpretación de López Vázquez se quedaba en la retina: era un profesional con un perfecto dominio de la técnica interpretativa.
Con motivo del centenario del nacimiento del madrileño esta revista ha hablado con Nuria Alkorta, profesora de interpretación de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid (RESAD) y dramaturga, además de veterana intérprete. Alkorta confiesa que para ella «López Vázquez es el quehacer de una vida en el arte y en el oficio del actor», un rostro de nuestro cine y teatro cuyas interpretaciones «son parte de nuestra memoria colectiva y, se han fundido en el «’alma popular’ y con ello, a riesgo de perder individualidad, ha ganado ‘eternidad'».
López Vázquez, la palabra y el gesto

La profesora de interpretación nos conecta a López Vázquez con una tradición del teatro español, a través de sus comienzos en el Teatro Español Universario o TEU. Su formación comenzó «de la mano de Modesto Higueras, quien, a su vez, pretendía comunicar su experiencia y continuar las enseñanzas de su maestro Federico García Lorca en el teatro universitario La Barraca: atendiendo a los descubrimientos del arte dramático, perseguían una renovación del teatro español basada en la comprensión del intérprete como transmisor de las palabras de los autores al público».
En López Vázquez actoralmente destacaban el dominio de la palabra y del gesto, «gracias a ello conduce la intención y las acciones físicas de sus personajes y, también, impulsa la obra en su conjunto: aumentando la comicidad, la intriga, la tensión o diversos sentimientos«. El modo peculiar de habla de López Vázquez «es un fenómeno que, si por un lado, forma parte de su personalidad artística, también, ha podido jugar a su contra: en una posible tipificación característica de sus personajes y, principalmente, en la recepción actual de su trabajo».
La carrera de José Luis López Vázquez abarca desde ese estreno sobre las tablas en 1946 hasta 2007 con ¿Y tú quién eres? de Antonio Mercero. Cuando pedimos a la profesora que destaque algunos de sus papeles empieza por lo previsible –Atraco a las tres, El verdugo, Los jueves, milagro-, añade Mi querida señorita y La cabina… y como quiere «resaltar los distintos estilos»… «su intervención en la segunda de Torrente de Santiago Segura». Más de 200 películas con un puñado de papeles memorables casi inabarcable.
López Vázquez, la comedia y la vocación

El espectador moderno que no está familiarizado con sus trabajos se enfrenta a dos filtros contemporáneos: el encasillamiento en la comedia y los cambios en la percepción de la naturalidad. «La pretensión de naturalismo o realismo constituye igualmente otra convención creativa, es decir: que la naturalidad actual es totalmente antinatural y, como tal, un producto técnico», nos advierte Alkorta. «En ese sentido, al revisar las interpretaciones de López Vázquez, alguien puede sentirse extrañado de su naturalidad porque no coincide con la de su día a día» pero es algo que se pasa «cuando se penetra en el universo creativo de cada película».
De José Luis López Vázquez «hay que resaltar su presencia y magnetismo», que se deben «a una intensa vivencia del conflicto del personaje y una expresión depurada y precisa: nos habla de temperamento, intuición y oficio», explica Alkorta. Por otro lado, «resaltaría su versatilidad porque, en especial, su filmografía nos muestra a un actor con grandes dotes para la comedia y para el drama, e incluso para interpretar distintos estilos como el realismo, el grotesco o el absurdo».
Precisamente ese don para la comedia, eso que llamamos ‘vis cómica’, «de nada sirve sin un trabajo de síntesis y de perfección». Alkorta pone a López Vázquez a la altura de superdotados del género como Jacques Tati, Charles Chaplin y Buster Keaton. Según la profesora de interpretación, podemos aprender de él «cuál es la tonicidad adecuada de la comedia, también el sentido de ligereza, la reactividad orgánica ante los sucesos, la perfección de la expresión (en la voz y en el gesto) y, especialmente, la humanidad que se esconde en cada una de sus interpretaciones».
Y es esa humanidad, la que nos hace responder al tópico de «el rostro del español medio» y que hacía aplaudir en los entreactos al público del Fontalba hace casi 80 años, la que ha prolongado la presencia de un actor universal hasta nuestros días y mantiene de actualidad esos personajes. Seguimos necesitando hablar de José Luis López Vázquez para no perderlo y que forme parte de esa ‘alma popular’, herencia también de un siglo de cultura española.


Jose A. Cano