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Las gentiles: El filtro adecuado

Santi Amodeo dirige un drama notable, que descubre a dos jóvenes actrices y toma decisiones narrativas arriesgadas pero con sentido

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Las gentiles son Ana y Corrales, dos alumnas de instituto y amigas que vuelcan su vida en las redes sociales, incluidos sus deseos más autodestructivos. Los vídeos en redes y las publicaciones de Instagram, en las que se reflejan sus preocupaciones a modo de collages o textos provocadores, sirven para que Ana reflexione sobre su vida o la relación con sus padres, mientras se pregunta qué siente exactamente hacia Corrales… y hacia donde se dirigen los impulsos de su amiga.

Santi Amodeo cambia de registro respecto al humor negro de sus anteriores largos, ¿Quién mato a Bambi? (2013) y Yo, mi mujer y mi mujer muerta (2019) para presentar un drama de ambientación naturalista, que roza el estudio de personajes en algún momento, rodado en 16mm para captar hasta la pesadez del aire de Sevilla y en el que se produce la novedad de un director que pasa los 50 introduciéndose en el mundo de las adolescentes actuales sin prejuicios y entregándoles la construcción de su propio punto de vista.

Las gentiles puede servir tanto como una reflexión sobre el papel de las redes sociales como el de la misma adolescencia, ya que los conflictos que presenta son fácilmente universalizables. Se puede decir de ella que tiene la virtud de no cargar las tintas en exceso en el drama ni juzgar a sus protagonistas, cuyo punto de vista siempre es el dominante aunque hagan acciones incomprensibles o censurables desde la perspectiva adulta.

Las gentiles y el Tik Tok

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Dado que el punto de partida son las redes sociales, los actos de Las gentiles se ordenan a partir de los vídeos de TikTok o Instagram -con los nombres cambiados, son redes ficticias- de Ana, la narradora, a los que según Amodeo han contribuido las propias actrices. El resultado unas veces subraya en exceso lo que ya estaban verbalizando los personajes y otras le da una vuelta a las escenas anteriores o posteriores, con un aire a medio camino entre el videoclip y el collage de otros tiempos, anteriores a que sus autoras naciesen.

El rodaje en 16mm, que financiaron de su bolsillo el propio cineasta y su director de Fotografía, Álex Catalán, se revela decisivo en trasladar unas calles de Sevilla sucias, calurosas y hostiles, lejos del retrato habitual entre el panfleto turístico y el costumbrismo, que ayuda a naturalizar la vida de las protagonistas y al mismo tiempo le da un acabado anacrónico. Aunque Ana y Corrales son chavalas del siglo XXI, con todos sus tics irritantes para boomers o generación X, en toda la película hay un aire a ambientación retro que incluye el «punkismo» de las mencionadas publicaciones en redes.

El espectador nunca se separa de Ana en Las gentiles, así que al contrario que sus padres u otros adultos de su entorno, observa sus acciones como un continuo. La que queda en el ambigüedad es Corrales, cuyas motivaciones tardamos más en comprender pero que tienen un diagnóstico psicológico claro. La cuestión es que Amodeo no nos lo da, ni ofrece una interpretación cerrada más allá de un diálogo al final de la película que es solo la versión de un personaje. La enfermedad mental o el suicidio no se perciben envueltas con un lacito, sino como una serie de comportamientos antes los que en ocasiones no sabemos reaccionar.

¿Dónde están los adultos?

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La película se estrena en pleno debate sobre la salud mental y la influencia de las redes en nuestra vida, pero los tiempos de producción nos indican que lo hace casi sin querer y, sobre todo, sin alarmismos. Aunque algunas situaciones que retrata la película son ciertamente graves, no se trata tanto de dar un sermón al respecto o hacer activismo como de intentar explicar sin justificar, todo lo desde dentro que pueda llegar un filme de este tipo, el proceso por el cuál las personas jóvenes pueden acabar en callejones sin salidas como los que se ven aquí.

Los adultos, la verdad, no quedan particularmente bien en esta historia, pero incluso aquellos cuyas acciones puedan parecer más reprobables o estúpidas al espectador no son particularmente ridiculizados por la narración, e incluso el cineasta se permite recordarnos en alguna ocasión que en realidad lo estamos viendo todo desde el punto de vista confuso de Ana, que sigue siendo una niña. Así, los males que se heredan o contagian por medio de la educación son algo que debemos comprender y no, como sería un en producto más culebrónico o comercial, evaluar.

Las gentiles, en fin, es un drama más que notable, en el que Amodeo amolda su forma de trabajar al tema que quiere tratar y las decisiones más arriesgadas de narración tienen siempre un sentido. También quedará como el filme que permita el descubrimiento de su pareja de actrices protagonistas, África de la Cruz y Paula Díaz. Si, además de atreverse a introducirse en el pequeño mundo que quiere reflejar, sirve para una reflexión sobre los cuidados, la enfermedad mental y la atención que a veces nos falta, pues bienvenida sea.

Imágenes: Las gentiles – Alfa Pictures

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