1. Críticas
  2. La noche más larga: Así sí, Netflix, así sí

La noche más larga: Así sí, Netflix, así sí

La miniserie de Morais, Sierra y Pedraza es un thriller al estilo de ‘Con Air’ o ‘Asalto a la comisaria del distrito 13’ que quiere entretener y no tiene complejos ni ínfulas

la-noche-mas-larga-serie-cine-con-n

La noche más larga cuenta el asalto a la prisión Monte Baruca durante la noche de Navidad. Un grupo de hombres armados sin identificar intenta atrapar a un peligroso asesino psicópata y el director de la cárcel debe defenderse con ayuda de los presos y los pocos guardias que quedan en pie.

Esto es una de tiros que finge de vez en cuando que pone a los personajes en dilemas morales pero en la que se trata de tenernos seis horas con el culo apretado, aunque sea usando trucos sucios. Y se hace, de hecho, de forma más que eficiente. Depurando el thriller facilón estilo Netflix. Si vas a hacer este tipo de serie, que sea sin complejos.

Así, La noche más larga se basa en uno pocos referentes del género muy potentes pero solo los alcanza o supera en cuanto a espectacularidad y suspense. Aunque un par de actores le sacan petróleo a sus papeles y algunos detalles del guion que no vamos a revelar juegan bien esa ambigüedad superficial que intenta tener.

La noche más larga es Con Air a ras de suelo

La noche más larga: Así sí, Netflix, así sí 1

Con Air está basada, más o menos, en Asalto a la comisaría del distrito 13, que era un remake actualizado a los 70 de Río Bravo. Y La noche más larga es un poco de todas esas y alguna más, por ejemplo 24, aunque sea solo en partes de la estructura, con cosas de la inevitable La casa de papel y, por supuesto, Celda 211 (además del actor principal). 

Óscar Pedraza, que viene de dirigir episodios de Sky Rojo o Vivir sin permiso, se viene arriba adaptándose al guion de Xosé Morais y Victoriano Sierra, con los que ya coincidió en Viradeira, y rodando una acción angustiosa y a veces exagerada pero que disimula muy bien como, en el fondo, “no se ve nada”

Ignoro hasta qué punto es un encargo o una creación propia de cualquiera de los tres, pero aquí todos los autores parecen con la correa suelta para entregarse al género de acción más desaforado. Porque esto no es Shakespeare, no quiere hincharse a Premios Feroz. Quiere entretener a lo bestia. Y le sale. 

No obstante, incluso el POP se permite sus lujos, y aunque haya que echarle paciencia a un par de diálogos propios de blockbuster gringo, hay su puntito de crítica social cuando el malo, o uno de ellos, es una especie de Villarejo. No es que se carguen mucho las tintas, porque incluso entre los antagonistas hay personajes positivos. Por cierto que la ambientación navideña tiene gracia por el contraste pero tampoco aporta mucho (justifica un elemento de guión que se podría haber metido de cualquier otra manera) más allá del guiño a La jungla de cristal.

La galería de los monstruos

La noche más larga: Así sí, Netflix, así sí 2

Hay una parte del reparto que está cómo para ponerle un piso. Era evidente que Luis Callejo iba a clavar el papel de Hannibal Lecter Ibérico, con su punto ambiguo y su permanente sensación de peligro. Álamo y Goenaga aprovechan que sus personajes tienen arco, no solo gritar, como les pasa a otros secundarios, aunque la evolución del de ella se podía haber explorado un poco, ya que es la que más cambia de “los buenos”. Daniel Albadalejo y Cecilia Freire van despendoladísimos y están estupendos. 

Quizás la única pega es Ammann, que parece que no sabe si su personaje es un héroe, un tonto a las tres o qué. No es tanto culpa suya como del guión y es habitual en estas cosas: se supone que es el protagonista y acaba siendo el personaje más plano y olvidable, devorado por el carisma de los presuntos secundarios y con su presunto arco quedando más como excusa para la acción que otra cosa, aunque lo intenten arreglar en el último episodio.

Porque Morais, Sierra y Pedraza saben cuál es la gracia de esto y pueblan la serie de toda una galería de personajes extremos, previsibles pero muy bien ejecutados. Desde el guardia con la mecha corta hasta el “malamadre” de turno pasando por la médica que intenta poner cordura. Se los ve venir, pero funcionan. 

Por el camino la serie deja uno de los besos más perturbadores -y al mismo tiempo tiernos- de la ficción reciente en las Españas. Igualmente, así como a media narración, cuando se produce la climática y satisfactoria alianza entre los guardias “buenos” y los presos “buenos”, se intenta plantear la cuestión de la creación de identidades y la defensa de los propios. Pero sale solo regular.

En fin, La noche más larga es una ensalada de tiros, incendios intencionados, cortes en la yugular, traiciones y secretos para quien guste de ese esquema. Si los referentes citados le parecen potentes pero es capaz de perdonar que no se llegue su excelencia, adelante, esta es su serie. Si quiere usted profundizar en las contradicciones del alma humana, por ahí andan HBO Max, Filmin o la Enciclopedia Espasa.

Imágenes: Carla Oset/Netflix

1 Comentario. Dejar nuevo

  • Pues no sé si he visto la misma serie que el autor de este artículo porque me ha parecido un bodrio. Ya el primer episodio apuntaba maneras pero es que el Segundo no hay por donde cogerlo.

    Cae en los tópicos de siempre, un guión escrito por un chaval de 10 años , una estructura inverosímil y las actuaciones de pena .

    Responder

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Rellena este campo
Rellena este campo
Por favor, introduce una dirección de correo electrónico válida.

Menú