Reportajes
Un padre, una hija y un duelo en el terrero: José Alayón estrena ‘La Lucha’

Quizá su nombre no haya sonado tanto como otros en el importante desarrollo del cine en Canarias de la última década, pero José Alayón es una de sus piezas clave. Fundador de la compañía El Viaje Films en 2004, ha estado produciendo y fotografiando en películas como La hojarasca (2024) o Blanco en blanco (2019), además de impulsar en su momento la formación del Centro de Estudios de Cine de Canarias (CECAN).
Ahora Alayón presenta su segunda película como director: La Lucha (2025). En la sección New Directors del Festival de San Sebastián —»imagínate, ‘nuevos directores’, con 45 años», bromea— se vio por primera vez esta película que, por primera vez en un largometraje de ficción, retrata la fuerza y la pasión de la lucha canaria entrelazándola con una historia de duelo padre-hija, interpretados por los actores debutantes Tomasín Padrón y Yazmina Estupiñán, que han sido también luchadores.
«En Canarias la lucha está presente todo el rato, pero no hay películas sobre ella», explica el director a Cine con Ñ. Para el director, este deporte local, en el que se usa la fuerza del contrario en el combate para derribarlo, conectaba con su manera de entender el cine: «Siempre me ha gustado mucho pensar las películas, la narración y la imagen, desde el físico, desde el cuerpo. La lucha canaria tiene ese vínculo».
Pero La Lucha, avisa el director, no es una película deportiva o centrada en la emoción de la competición: «No me apetecía hacer una película de triunfo, de alguien que pierde que al final gana, por ejemplo», asegura Alayón, que se centra en una familia que han perdido mucho más que una pelea. «La idea del duelo por la madre es un conflicto invisible que servía para esta metáfora, muy básica pero que nos gustaba, de acompañar la lucha en el terrero [el espacio de combate] con la lucha en la vida. De caerte, sostenerte y volverte a levantar».
La lucha por encontrar a una familia
Tras un largo proceso de inmersión y vínculo con la realidad de la lucha canaria (según Alayón, era prioritario «ganarse la legitimidad»), había que tomar una decisión: «O hacer películas con actores que los enseñamos a luchar o una película con luchadores con los que intentamos construir una narración». Finalmente, optaron por lo segundo, lanzando un proceso de casting en el mundillo en el que encontraron a Tomasín Padrón y Yazmina Estupiñán.
«Estaban ellos mirando el entrenamiento, me vieron, les gusté… me hicieron una pequeña prueba y a partir de ahí ensayos y a grabar», nos resume Padrón, que confiesa su escepticismo inicial con el proyecto: «Al principio dije ‘esto canario… no lo va a ver ni mi madre'». Pero cambió al ver el equipo de El Viaje, entre los que está, entre otros, también el ganador del Goya Mauro Herce: «Ahí digo, ‘niño, pues esto va en serio’. Y ya el verte aquí en San Sebastián…».
Más complejo fue encontrar a la hija, Marina, interpretada por Estupiñán. «Yo no me me presenté a casting, me encontraron. Hace tiempo que dejé la lucha por motivos personales. Ellos preguntaron si conocían a gente en centros de acogida que hicieran lucha… y me escribieron», cuenta Estupiñán. Una incorporación que estuvo a punto de no ocurrir: «Una semana antes del rodaje estuve por decir que no iba a hacer la película, pensaba que no iba a poder hacerlo bien… me entró el pánico». Pero confió y siguió adelante: «Estoy muy agradecida porque desde el principio me trataron como si fuera de la familia».
Juntos empezaron un proceso de muchos ensayos, mientras Alayón depuraba el guión («buscando simplificarlo», dice el director) que firman Samuel M. Delgado (Eles transportan a morte) y Marina Alberti. Así se fraguó esta historia en la que un padre y una hija sufren el vacío por la pérdida de la madre. Un vínculo emotivo y familiar que, recuerda Padrón, empezó en una prueba «de hacerse reír»: «Con ella no me costó nada partirme… ahora después de la película la trato como a una hija», dice con una sonrisa. Yazmina coincide: «Sentí esa conexión desde un principio y me sentí tranquila, en paz… desde ahí fue todo más para arriba».
Una historia local para un cine local
La película se rodó en 16 mm en la árida y extensa Fuerteventura, una decisión que tenía que ver con el arraigo al deporte: «Después de ver todas las islas, en Fuerteventura es donde sentí una pasión muy grande por la lucha. En todas hay, pero noté que ahí había algo especial», dice José Alayón. Corrobora Tomasín contando una anécdota: «Es tradición que cuando un luchador gana una pelea pase entre el público y se le den monedas de reconocimiento (…) y en Fuerteventura me fijé que eran todas nuevas (…) la gente iba al banco a cambiarlas solo para la lucha».
Con el estreno en el Festival de San Sebastián, donde incluso han hecho una exhibición de lucha en la Playa de la Concha, y ahora en salas se cierra una parte del viaje de la primera película que trata el universo de este deporte. «Yo creo que la película lo muestra todo sobre la lucha, mejor imposible: los sentimientos, el sufrimiento, la entrega, la dureza… está todo ahí», dice Padrón, que cree el mundo de la lucha canaria está «otra vez en lo más alto tras un par de bajones, sobre todo tras la crisis de la construcción de 2006 (las empresas del sector patrocinaban)».
Con La Lucha, el cine canario vuelve a sacar músculo. Es una prueba más que el cine local hecho desde las propias realidades canarias tiene voluntad de quedarse.«Estamos construyendo nuestro relato cinematográfico», dice Alayón, que forma parte de esa generación de cineastas que parten de lo canario, como Macu Machín (La hojarasca) o David Pantaleón (Rendir los machos, Un volcán habitado). «Nosotros no teníamos casi referentes, los estamos construyendo ahora. Da vértigo, pero es muy bonito», concluye el director.


Arturo Tena

