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‘Justa y Rufina’: rodar una serie entre tres personas

Las actrices Olga Navalón (‘Las gentiles’) y Candela Cruz (‘Alba’) junto al director Manuel Mejías (‘Historias incompletas’) han grabado una microserie histórica sobre violencia de género y solidaridad entre mujeres

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¿Es posible grabar una serie entre tres personas? Sí. No muy larga, pero sí. La prueba es Justa y Rufina, creación de las actrices sevillanas Olga Navalón (Las gentiles, Señoras del (h)AMPA) y Candela Cruz (Alba, La peste) junto al director Manuel Mejías (Historias incompletas). Difundida a través de YouTube y consistente en tres episodios de entre ocho y diez minutos, cuenta una historia de amistad y violencia de género ambientada en 1935 y con su reflejo en la actualidad.

Cruz y Navalón nos lo explican por videollamada completando las frases de la otra y con costumbre de haber dado ya bastantes explicaciones sobre el proceso creativo. Aunque todos tuvieron que hacer de todo, Mejías no intervino en el guión y Navalón fue la responsable última de rematarlo, Cruz tuvo más peso en vestuario y el director tomó las decisiones de iluminación y plano, aunque consensuándolas. En parte el trabajo que definen como coral «nos permitió aprender un montón. Manuel nos enseñaba cómo había pensado los planos y hablábamos de cómo organizarlo. En un equipo más grande no puedes hacerlo porque entorpeces el trabajo».

«En la presentación mi obsesión era dejar claro cómo habíamos trabajado, por si acaso el acabado técnico no alcanzaba», confiesa Navalón, aunque Justa y Rufina, vista, aguanta bastante bien el tipo y pese a intuir los pocos medios no se diría que su producción fue tan artesanal. Hay que aclarar que al final el número de tres no es exacto. Lo fue durante el 90 por ciento del trabajo, pero Fernando B. Alfonso trabajó en la mezcla de sonido y en la composición de la banda sonora estuvo David Galloso junto a otros colaboradores.

Justa y Rufina, a través de los tiempos

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Justa y Rufina se enmarca en 1935 y cuenta la historia de dos mujeres, dos amigas, en la que una intenta ayudar a la otra en una situación de abuso, una historia que tiene su eco en la actualidad. Cruz y Navalón lamentan «que para contar la historia no nos ha hecho falta documentarnos apenas. Lamentablemente podíamos imaginarnos como era una situación de violencia de género en aquella época por intuición, porque por desgracia sigue vigente».

Al mismo tiempo el argumento juega con «la idea herencia entre generaciones de mujeres. Nuestra teoría es que los traumas se repiten porque no se sanan. Y si esa carga no se sana, no se cierra el círculo, de una forma u otra va a ir repercutiendo de generación en generación». Las actrices y guionistas explican a Cine con Ñ que «por eso nos gusta que las nietas se llamen igual que ellas. Hemos conocido muchas generaciones de mujeres de la misma familia que se llaman igual».

La ambientación de época «en ningún momento lo tomamos como un obstáculo. Complicaba el decorado y el vestuario, pero lo primero era el guión y desde ahí completábamos las necesidades. Lo que no teníamos, lo obviábamos y escribíamos según lo que teníamos». Por ejemplo, en la escena en la que necesitaban un coche, solo se verbalizaría. En la casa en la que rodaban y donde no podían cambiar nada, cerraban el plano. «Eso nos permitió jugar con el resultado y conseguir una mayor sensación de intimidad y escondite, que narrativamente nos venía bien».

De una sesión de fotos a YouTube

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El origen ya fue artesanal: una sesión de fotos de Mejías a las dos actrices que al difundir acompañaron con una locución de 5-6 líneas y el subtítulo «una microserie de fotos» y «las historias están en tu cabeza». «La gente nos empezó a preguntar que donde se podía ver la serie, se ve que se saltaban la parte de las fotos. Y de ahí pensamos en pasarlo a audiovisual», resumen.

La difusión vía YouTube se relaciona con ese origen: «como llegó de que lo pidiese la gente a nuestro alrededor. Es verdad que nos cierra la puerta, por ejemplo, a festivales, pero allí lo habría visto un número más limitado de personas. El feedback que estamos recibiendo nos ayuda a seguir». Aseguran que ya tienen pensada una continuación, pero cambiando el formato. «No sería otra microserie ni un cuarto episodio. Depende también de si encontramos respaldo para que sea un proyecto más grande. En parte difundirlo ya nos sirve de carta de presentación, de cara a los productores. Ponlo, que si quieren formar parte de la segunda parte de Justa y Rufina».

En ese sentido, precisamente, es en el que valoran la difusión igualmente artesanal del proyecto. «El público general que lo puede ver en acceso libre en YouTube es muy distinto al de festivales. Es un público de a pie que quiere una serie porque le interesa la historia o le entretiene. Si a esas personas no les gusta lo que has hecho no vale para nada. Y estamos viendo que a la gente le gusta, le engancha», concluyen.

Imágenes: Fotogramas de Justa y Rufina – Manuel Mejías.

Puedes ver Justa y Rufina completa aquí.

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