Crónica | Goya 2025
Los Goya más colectivos reparten hasta Mejor Película

Carolina Yuste, ganadora del premio a Mejor Actriz por 'La Infiltrada'. ©Marco Barada
Los Goya 2025 serán recordados como los del primer ex aequo en Mejor Película, para El 47 y La Infiltrada, aunque hubo un momento en el que todo el mundo, en casa y en Granada, pensó que acabábamos de tener un «momento La La Land«. Tuvo una ventaja tanta confusión: un final caótico en el que Leonor Watling y Maribel Verdú dieron la despedida a toda prisa, saltándose el guion, y quedó menos encorsetado. Fue una gala reivindicativa que reivindicó de todo, tanto que los discursos largos estuvieron casi tan repartidos como los premios —11 ganadoras diferentes, ocho con dos galardones o más—, y que alargó la cosa hasta la 1:45 de la mañana.
El 47, de Marcel Barrena, fue la más premiada, con cinco Goya. No había una ganadora de Mejor Película con tan pocos desde que en 2021 Las niñas (2020) se hizo con cuatro, y aún así ahora el récord será para La Infiltrada, de Arantxa Echevarría, que recogió ese y el más previsible de Mejor Actriz para Carolina Yuste. A estas alturas la cosa ya se había contagiado del espíritu de la primera y no ya es que su director recordase que el número de su autobús coincide con cierto artículo de la Constitución, es que prácticamente no se paró de hablar de alquiler en toda la noche. Tanto que no parecía cine español. Aunque bueno, patrocinaba la gala, en Granada, AirBnB.
Tan inédita era la cosa que ocurrió algo poco habitual: se separó Película de Dirección y este último fue para un dúo de cineastas, Isaki Lacuesta y Pol Rodríguez por Segundo premio, otro hito sin precedentes. Aparte de demostrar que la decisión de los académicos de enviar el ‘no-biopic‘ de Los Planetas a los Óscar no fue un capricho, sirvió para que la película que jugaba de local se llevase tres premios y quedase, sí señor, en segundo lugar, empatada con La habitación de al lado. Por detrás, ese quíntuple empate a dos que incluía a Marco, La guitarra flamenca de Yeray Cortés, La estrella azul o La virgen roja.
Los Goya 2025 y los discursos

La cosa empezó con parte de los nominados cantando junto a Miguel Ríos una versión de Bienvenidos que cambiaba los hijos del rock’n’roll por los del cine español. Aitana Sánchez-Gijón, Goya de Honor, recordó representar a Lorca cuando empezaba a hacer teatro y hubo otras referencias obligadas —como el diseño de la celosía que acompañó algún número en el escenario o las irrupciones en los vídeos de Mario Maya o Carlos Cano—. Pero el toque granadino de verdad lo puso Salva Reina al recoger su premio al Actor Revelación y decir «¿Esto qué pollas es?». De no ser por él, podíamos haber parecido todos más guiris que Richard Gere.
El tema de la migración atravesó toda la gala, desde Gere acordándose de Open Arms hasta las tres ganadoras de las categorías de cortometrajes (Cafuné, La gran obra y Semillas de Kivu), que por h o por b tocaban el tema, y Mariposas negras, que se hizo con Mejor Película de Animación, además de, por supuesto, El 47. Eso sí, finalizó con un recuerdo a las víctimas de ETA, más en concreto a Consuelo Ordóñez, hermana de Gregorio Ordóñez, cuyo asesinato reproduce crudamente La Infiltrada, y con una reivindicación de la convivencia entre el cine palomitero y el arriesgado por parte de María Luisa Gutiérrez, productora, obviamente, de La Infiltrada.
En fin, que hubo para todos. Eduard Sola, que venía ya con presión acumulada sobre la brillantez de sus discursos, se acordó de las madres, y a Eduard Fernández le entregó el Goya su hija, Greta. Como todo quedaba en familia, la sonidista Eva Valiño, ganadora por Segundo premio, recordó que su hermana fue una de las que promovió la norma que obliga a reservar un 30% de cada nueva promoción inmobiliaria para vivienda pública. También compareció la hija de Marisa Paredes, María Isasi, para recordar a la actriz y presidenta de la Academia después del discurso de su actual sucesor, Fernando Méndez-Leite, y antes del tradicional recuerdo a los profesionales del sector que nos dejaron este año.
El trabajo que dan los Goya 2025

Es verdad que los premios de cine, no solo los Goya, sino todos en general a imagen y semejanza de los Óscar hollywoodienses, suelen enterrar el protagonismo de sus técnicos y especialistas. En esta gala se puede decir que, al menos, en casi todo momento hubo un recuerdo para ellos. Desde Reina en el primer premio de la noche pasando por Estrella Morente, Aitana Sánchez-Gijón y las productoras y directores en la confusa melé de la muy repartida Mejor Película. Incluso Méndez-Leite paró un segundo en su balance del magnífico 2024 del cine español para agradecer el trabajo de los granadinos que contribuyeron a levantar tanto la gala como todas las actividades previas.
Y sí, Emilia Pérez se llevó Mejor Película Europea porque el cierre de las votaciones llegó justo a tiempo, pero a Karla Sofía Gascón solo se refirió Antón Álvarez, alias C. Tangana, al recoger el premio a Mejor Documental, viniendo a decir que el que tiene boca se equivoca, todos lo hacemos alguna vez, y no hay que juzgar duramente. Bueno, eso dicen, que se refería a ella. En general, la gala fue a lo seguro, con Watling y Verdú pegadas a un texto blanco. Si acaso se salieron del tono monocorde la primera para bromear con su pareja, Jorge Drexler, sobre con quién se habían quedado los niños, y la segunda emocionada al entregar el Goya de Honor a su amiga Sánchez-Gijón.
Esta última, por cierto, citó a Marisa Paredes, la gran protagonista de una gala que también conmemoró los 20 años de Mar adentro, el último Óscar español a Mejor Película Internacional. Así pues, Javier Bardem citó a Ramón Sampedro: «Una vida que niega la libertad no es vida». El tono, por momentos, muerte digna o memoria histórica sobre ETA mediante, rozaba el azul oscuro casi negro. Javier Macipe, el Goya a Dirección Novel más cantado de la noche, se limitó a leer los últimos versos de Mauricio Aznar: «Camino en la noche larga/pero camino al amor».

Jose A. Cano