Análisis de la industria
En España se ruedan más películas que nunca, pero con menos presupuesto y peor distribuidas

Rodaje de 'Frontera', de Judith Colell, una de las películas españolas rodadas en 2024.
En 2024 se produjeron en España más largometrajes que nunca, hasta 376, pero el coste medio bajó respecto a años anteriores e incluso a prepandemia, hasta los 2,8 millones de euros. También aumentó el número de productoras pequeñas, que solo realizan un filme al año, hasta 466, en paralelo a las que producen cinco o más, que han pasado de 4 a 6 estos años. Son datos de la Estadística de Cinematografía: Producción, Exhibición, Distribución y Fomento correspondientes año pasado, hecha pública por el Ministerio de Cultura el pasado 12 de mayo.
Así, el año pasado se redujeron las distribuidoras que solo se dedican al cine español (de 152 en 2022 a 103 en 2024, con 107 en 2019) y más que no distribuyen ninguna cinta local (pasan de 87 a 90 entre 2023 y 2022 por 122 que distribuyen todas las combinaciones). Y el porcentaje de películas españolas exhibidas en salas bajó en la misma proporción, un punto porcentual, que subió el de cintas de Estados Unidos: del 28,6% al 27,3% y del 28,6% al 29,3%. Eso sí, ambas subieron en cuota de recaudación, situándose el cine local en un 17,6% inédito desde prepandemia (sin contar el propio 2020, donde los estrenos se redujeron).
Produciendo más que nunca… con menos dinero
El dato de la multiplicación del número de largometrajes no es nuevo. El pasado enero ya lo arrojaba el Anuario de Estadísticas Culturales, que recogía como nuestro país ha pasado de 222 películas en 2020 a 322 en 2022 y, los 376 largometrajes producidos el pasado 2024 casi doblan los 182 del año 2012, consolidando una tendencia al alza que ni siquiera sufrió un bache muy significativo en pandemia. Eso sí, también se confirma el descenso espectacular del coste medio: el actual es de 2,8 millones de euros, cuando en 2022 fue de 3,5 y en 2019 de 3,4 y en 2010 se situaba en 3,5.
Hay que tener en cuenta que son valores absolutos, y eso significa que se está produciendo con los mismos o menores presupuestos que hace 15 años películas que a efectos prácticos son más caras debido a la inflación, y sobre el papel, bajo un supuesto pleno empleo que permite capacidad de negociación de sus salarios a algunos trabajadores del sector. Es llamativo, en ese mismo sentido, que haya aumentado de forma significativa el número de coproducciones. Entre 2010 y 2015 las películas de producción 100% española se movieron entre el 33 y el 37,2% (máximo histórico) de todo lo que se produjo, contando cortometrajes. En la actualidad esa cifra ha bajado al 28,1.
Sí que sería una buena noticia tanto la recuperación de terreno de cuota de mercado, no tanto a costa de los blockbusters y el cine hollywoodiense, que sigue copando el 60% de la taquilla y la distribución, como del cine del resto del mundo, incluido el europeo. Igualmente el número de empresas capaces de producir cinco o más películas ha pasado de 4 a 6 (el máximo histórico es 9, en 2007, y en 2009 y 2010 fueron 7) y las que firman de dos a cuatro largometrajes al año pasan de 74 a 89 marcando un pico desde que existen registros e indicando cierto asentamiento de la clase media. La mayoría, eso sí, 466, solo produjeron una, en el año con más productoras trabajando en España desde que Cultura las contabiliza, 561.
Muchas películas, pocas que recauden
Esto en cuanto a la producción, porque en estrenos efectivos a lo largo de 2024 se alcanzó un nuevo récord, llegando a las 289 películas españolas con lanzamiento en cine durante el año, por encima del doble de las 131 del 2012 tomado como año de referencia. Cultura no especifica un dato que serviría para matizar la calidad de su distribución como es el número de salas en las que se exhibieron o las semanas que permanecieron en cartel, pero en cualquier caso es significativo que la media de espectadores de todas ellas sea de 20.656 espectadores (prepandemia superaba los 30.000) con una recaudación de 130.100 euros por cinta (en la que Padre no hay más que uno 4, La Infiltrada o Casa en flames subirían la media, por lo que muchos filmes no llegaron ni siquiera a esa cifra).

Hay que decir que los números de cine extranjero, que no están desagregados por procedencia en este caso y de nuevo no cuentan con el dato crucial de número de salas y permanencia, hablan de una media de 33.000 espectadores y 228.600 euros por filme para 446 estrenos, en la que de nuevo la media estará hinchada por los grandes éxitos del año, en su mayoría procedentes de los Estados Unidos.
En general, los números no arrojan novedades significativas, más allá de constatar cierta recuperación de cuota de mercado del cine español (aún lejos de sus mejores cifras, eso sí) y de relativo músculo industrial en mitad de la debacle general de la taquilla cinematográfica, confirmando tendencias posteriores a la pandemia. Entre otras, la polarización de un mercado que sigue siendo mayoritariamente dominado por las producciones estadounidenses y en las que el cine local compite en inferioridad de condiciones.
Estos datos aparecen en un momento en el que la Ley del Cine sigue pendiente de aprobación y, en pleno Festival de Cannes en vilo por el anuncio de aranceles de las cintas producidas fuera de EEUU, el sector se conjura para exigir medidas de protección al cine independiente y las producciones locales. Por el momento, solo se han solicitado más incentivos fiscales a los rodajes, que difícilmente podrán atajar algunos de los problemas que apunta la estadística, dado que se trata de la política exhibida desde 2018 y en la que se han insertado estas tendencias, pandemia e inflación mediante.


Jose A. Cano
