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España necesita una serie sobre Amancio Ortega

Amazon tenía la oportunidad de hacer una propuesta que no fuese anodina o reciclada. Y la televisión española podría haber recibido una serie crítica y arriesgada de verdad, no a toro pasado.

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Finalmente no habrá serie de Amancio Ortega. Tampoco una serie sobre Amancio Ortega. Quizás en el cambio de preposiciones esté el diablo, en la cobardía de Amazon Prime o en la imposibilidad de salir adelante con semejante proyecto sin crear polémica. Probablemente no se podía ejecutar algo que dejase tranquilo al interesado y sus accionistas y al mismo tiempo fuese artísticamente satisfactorio. Igual no cundía la mala publicidad, ni con dinero público de la Xunta de Galicia sosteniendo el tinglado.



Lo cierto es que a estas alturas el espectador resabiado no está para biopics pelotilleros. El último experimento de anuncio de ocho horas que reunía a algunos de los patrocinadores del proyecto Amancio fue 3 Caminos, que como publicidad resultaba preciosa y como serie era un naufragio absoluto. Si hace más de 10 años resultaron insostenibles propuestas como Felipe y Letizia, y en ese momento la figura del entonces futuro rey reunía mucho más consenso favorable a su alrededor que actualmente la del empresario, en 2021 resulta imposible pensar que un producto plano pasase ningún filtro de crítica o público.

Una serie sobre Amancio Ortega que no decepcionase al receptor medio que ya conoce Crematorio, Antidisturbios o Veneno, que se prepara para Alba y se ha enfrentado a La unidad, aparte de a La red social o los diferentes biopics sobre Steve Jobs, tendría que hablar de explotación laboral en el sudeste asiático, elusión de impuestos o contratos basura. No podía ser una ejemplarizante historia de un hombre hecho a sí mismo porque, aunque en parte sea verdad, habría sonado de cartón piedra.

 

La serie de Amancio Ortega tras el 2020 de las series<i>España necesita una serie sobre Amancio Ortega</i> 2

A raíz del dramita con las elecciones anticipadas a la Comunidad de Madrid se sucedieron las comparaciones con la francesa Baron Noir o El ala esta de la Casa Blanca, además de la inevitable House of Cards -olvidando, por cierto, a Boss o la pata política de The Wire-. Y surgió el discurso recurrente de «este tipo de series no se hacen en España», más allá de la paródica Vamos, Juan.

Eso no es cierto. Parece que entendemos por contenido político tan solo las series protagonizadas por políticos profesionales y que narran más sus estrategias y sus culebrones que las vicisitudes de la gestión política real, que afecta a la vida de las personas, más allá de dimes y diretes entre encorbatados que se creen Sun Tzu o pelean por mamandurrias.



La mayoría de grandes series que dejó 2020 son muy políticas y no hace falta ni argumentarlo: Veneno, Patria, Antidisturbios, Grasa, La unidad… todas tienen su interpretación política explícita y directa. Pero la mayoría de ellas lo hacen a toro pasado. Es fácil hablar de ETA en 2021, cuando felizmente es un mal recuerdo que la paz acabará sanando. Es fácil tener a Villarejo como villano cuando la condena contra él es unánime.

Quizás Veneno era la que más arriesgaba, al meterse de cabeza en un debate de plena actualidad y cada vez menos amable en sus términos, el de los derechos trans. Además lo hacía entonando el mea culpa desde el mundo de la televisión con un caso concreto, el de Cristina Ortiz. Y aún así, era un riesgo calculado, puesto que cualquier crítica tránsfoba -es decir, por su temática, no por sus méritos artísticos- hacia la serie solo la podía hacer crecer y convertirla en el hito cultural que ya supone.

 

La serie de Amancio Ortega y tomar riesgos realesantidisturbios

No, lo que pedimos es otra cosa. Lo que pedimos es que Fariña no se acabe rodando 20 años tarde o que en Crematorio, al adaptar la novela a la televisión, se obvie la crítica política general subyacente o las conexiones corruptas más amplias a las que se apunta. Lo que pedimos es un riesgo que busque pegar un puñetazo sobre la mesa. Que diga lo que nunca se dice.

A Amazon Prime desde luego le hace mucha falta si lo que quiere es ser relevante en la producción españolas. Sus logros son menores -series correctas y punto como Caronte o buenas críticas que fallan comercialmente como Señoras del (h)AMPA– o «prestados» –El internado: Las cumbres. El resto se trata de productos fallidos e incluso torpes como 3 Caminos o las anacrónicas Madres: Amor y vida y Pequeñas coincidencias.

Con Amancio Ortega la casa de Jeff Bezos lanzaba una moneda al aire. Podía salir un producto anodino, hagiográfico, pelota y sin interés alguno más allá del testimonio de la cobardía comercial y discursiva de la empresa, o una serie verdaderamente crítica que mostrase los logros empresariales del protagonista pero también el precio de su gestión.

La inclusión de Javier Gutiérrez, que parecía negociar unirse a un proyecto ambicioso formalmente, hizo esperar lo segundo. Lo primero habría condenado a la plataforma a la irrelevancia más allá de traer la siguiente temporada de The Boys. El antecedente del torpísimo «documental» sobre la princesa Leonor, en ese sentido, no hacía presagiar nada bueno.

 

La serie de Amancio Ortega y el país que somos<i>España necesita una serie sobre Amancio Ortega</i> 3

Por supuesto que no todo en esta vida deben ser ficciones intensísimas o más cargadas de ideología que Pablo Iglesias hablándole al espejo del baño, pero es que nuestra televisión ya está llena de maravillosas ficciones escapistas. Las producimos como churros y con una gran pericia. Sin ir más lejos dentro de poco Amazon Prime estrenará la superproducción La Templanza, que llega con una pinta estupenda.

Pero la ficción también representa nuestro relato consensuado de la realidad. Por eso el debate sobre si era mejor Antidisturbios, Patria o Veneno estaba salpimentado por la experiencias de cada uno. Por eso en su momento hubo quien condenó Fe de etarras sin verla. Por eso daba tanto pavor la serie de Amancio Ortega.

Por supuesto Amazon Prime puede hacer lo que le venga en gana, como buena empresa multinacional que es. Y los espectadores consumir lo más cómodo que se les presente. Presumir de torturarse ante la pantalla es un postureo más, tan judeocristiano. Podemos vivir sin la serie de Amancio Ortega.

La cuestión es, presiones económicas o sociales aparte, si queremos vivir sin ese tipo de series. Si tanto trabajo costaría un producto de ficción crítico con la realidad en la que se inserta y que busque una reacción que no sea acomodaticia. No un efecto Streisand, sino una reacción negativa real. Las futuras producciones sobre la juventud de Juan Carlos I, por cierto, nos dirán si la decisión de Amazon Prime ha sido acertada o una cobardía.

 

Jose A Cano (@caniferus)

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