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CRÍTICAS

Enemigos: Saltos de fe para creerse de barrio

Una enérgica película sobre 'bullying' y redención que acaba por forzar su dimensión callejera y pide demasiados saltos de fe sobre la evolución de sus protagonistas
Crítica de la película 'Enemigos', de David Valero

Enemigos cuenta la historia de un chico de 18 años de Alicante, Chimo (Christian Checa), que es acosado, vejado y pegado por un excompañero de colegio (Hugo Welzel), El Rubio, que le hace la vida imposible desde hace mucho tiempo. Después de la última humillación pública, Chimo descubre un secreto de El Rubio que le podría permitir vengarse de una vez por todas de él.

David Valero (La vida más larga) dirige y coescribe esta historia de corte callejero, que busca mezclar un poco de cultura hip-hop y un tema social como el bullying. Lo hace a través de la relación que se establece entre acosador y acosado, como novedad y sacada fuera del contexto más habitual, que serían las aulas y los menores de edad. Una historia de perdón y culpa que ha convencido a todo un Amazon (la película es un original de Prime Video) a estrenarla en cines antes de su llegada a la plataforma.

La propuesta de Enemigos se presenta con un estilo callejero, de hablar de la gente normal desde una parte de la cultura popular como puede ser el rap, y enmarcar ahí dentro una historia de perdón y redención. No le sale del todo. La película pide algunos saltos de fe difíciles de aceptar a partir de un montaje errático y todo lo «de barrio» que quiere ser se acaba chocando con lo didáctico que resulta ser su guión.

Ser de la calle o querer parecerlo

<strong>Enemigos</strong>: Saltos de fe para creerse de barrio 1

Enemigos busca meterse en el ambiente de la clase obrera alicantina, gente de barrio con sus vidas normales y sus miserias, como todos. Por un lado, Valero se nota que le pone intención, pero por otro acaba cayendo en parte de la artificialidad quinqui de Las leyes de la frontera (2021) o Mi soledad tiene alas (2023): todo se queda más en el gesto, en la estética, que en una intención real de asumir la forma de hacer «cine de la calle» de verdad. De hecho, cuando realmente se dejan ver algunos planos de ambiente de la calle, sin personajes, hay un tufillo estigmatizante (en la barriada «lumpen» de El Rubio).

Si se quiere hacer algo de este estilo, no vale con algún plano llamativo, una cámara en mano y lentes anamórficas (por favor, que se acaben ya los angulares horribles que desenfocan la imagen por abajo), hay que demostrar algo más o sino nos quedamos en un extractivismo folclórico de las vidas de clases trabajadoras que solo sirven o para apropiarse de ellas y desactivar su rebelión o para exagerarle algunos gestos para consumo externo. Al final le pasa algo parecido a algunos thrillers más pendientes de forzar las maneras «realistas» (Tierra de nadie) que de en serlo de verdad.

Enemigos para siempre you’ll always be my friend

<strong>Enemigos</strong>: Saltos de fe para creerse de barrio 2

Estas sensaciones se mantienen también desde un guión que tira hacia siempre por la legibilidad y la lección moral y un montaje que quiere contar demasiadas cosas en poco tiempo, lo que le acaba dañando la hora de plantear los conflictos y las redenciones de sus protagonistas. En ese sentido, lo más complejo es transitar los golpes de timón del personaje de Chimo, cambios muy difíciles de entender para cualquier espectador que le interese la verosimilitud o quiera identificarse con el personaje.

Dicho todo esto, hay que dejar claro que Enemigos no es una película horrible. Las interpretaciones de Checa y Welzel, dos actores jóvenes que demuestran carácter a la ahora de afrontar sus personajes, convencen casi todo el tiempo en darle entidad a los personajes pese a que los diálogos y los giros no siempre ayuden. El tratamiento del bullying como lacra social tiene detalles interesantes y a Valero se le ve un director atento y con ganas de demostrar. No ha podido hacerlo del todo esta vez.

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Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.