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Críticas

El ser querido: Un ‘Valor sentimental’ para el sur de Europa

Rodrigo Sorogoyen e Isabel Peña cambian de registro con un melodrama, un hermoso homenaje al cine con Javier Bardem y Victoria Luengo en un duelo de máxima intensidad interpretativa
Crítica de 'El ser querido', película de Rodrigo Sorogoyen

Sorogoyen y su inseparable guionista Isabel Peña se habían tomado vacaciones creativas el uno del otro para probar cosas distintas: ella con la fantástica El llanto, de Pedro Martin-Calero (con la argentina Malena Villa, que repite en El ser querido), y él con la serie Los años nuevos, coescrita junto a Sara Cano y Paula Fabra (con Pablo Gómez-Pando, que interpreta al ayudante de dirección de El ser querido). Y se han vuelto a juntar para volver con algo también distinto a lo ya fabricado juntos: un melodrama de reencuentro padre-hijaJavier Bardem y Victoria Luengo—, en un contexto de cine dentro del cine —director y actriz— vertebrado por el rodaje de una película llamada Desierto. 

La premisa recuerda, inevitablemente, a la de Valor sentimental (2025), con la acaso divertida coincidencia de un Stellan Skarsgård como parte del Jurado que otorgará la Palma de Oro por la que compite El ser querido. Aunque siempre con la diferencia que el melodrama con aroma a Bergman de Joachim Trier es muy del Norte de Europa, mientras que El ser querido no puede estar más al Sur de Europa, tanto que la película dentro de la película se rueda en Fuerteventura, que simula ser el Marruecos colonial. 

El conocido compromiso público de Javier Bardem con la causa del pueblo saharaui le añade una capa meta a su personaje, un cineasta de prestigio, que empezó con una película underground a lo Eloy de la Iglesia llamada Siroco y fue dorando su prestigio, llevándose un par de Óscar por el camino, hasta rodar Desierto, una de la Legión, que podría haber dirigido Manuel Gómez Pereira o Fernando González Molina —como en La noche americana (1973), la película de fondo parece intrascendente—. Una trayectoria a la que cuesta dar una verosimilitud en correspondencia con el mundo real, más cuando no podemos sospechar de NINGÚN director español pueda tener tan mal beber como para tener que mantenerse alejado del alcohol, e ir soltando máximas cosechadas en reuniones de Alcohólicos Anónimos

El ser querido, un duelo de máxima intensidad interpretativa

<strong>El ser querido</strong>: Un 'Valor sentimental' para el sur de Europa 1

Bien conocida es la intensidad interpretativa, aunque con estilos diferentes, de Javier Bardem y Victoria Luengo, ella siempre más próxima a una bomba a punto de estallar, con verdadera mala leche —recordemos el climax de Suro (2023)— y él más taurino, cual bestia relinchando a punto de cargar contra su víctima. Que esa va a ser la materia prima del filme queda claro desde la larga introducción de conversación en un restaurante —más de 20 minutos que podrían funcionar como un corto al estilo de el de Madre—, que escenifica el reencuentro de ambos, después de años de haber perdido el contacto, y con el motivo último del rodaje, que tiene que ser un gesto para el reacercamiento. 

Como en el pasado, Sorogoyen y Peña juegan a darle vueltas al tópico, en este caso al intento de redención del viejo tóxico que pretende recuperar el tiempo perdido con su hija antes de que sea demasiado tarde, si es que ya no lo es: no será de recibo para la actriz, partida entre el deseo de reflotar su cabeza, reencontrarse con su padre, y al mismo tiempo saltarse el trámite del reencuentro, desactivado por el paso del tiempo.

Así se orquestarán, a lo largo del rodaje, una serie de sucesivos desencuentros entre ambos, que pueden acabar con un brusco portazo de habitación de hotel, o con una mano delicadamente pasada por la espalda durante la preparación de una escena, de espaldas al resto del equipo, no sólo para evitar el qué dirán nepotista, sino porque este padre y esta hija no saben ya cómo tratarse. En ese apartado la película se orquesta como una serie de variaciones sobre un reencuentro imposible

Este rodaje es un campo de batalla

<strong>El ser querido</strong>: Un 'Valor sentimental' para el sur de Europa 2

En contraste con este melodrama con toquecitos experimentales, en lo que respecta a unos cambios de formato de no siempre evidente explicación (el cambio al blanco y negro, por ejemplo, que puede parecer caprichoso), la parte del rodaje brilla por su humor carente de épica, aunque no de lírica: el travelling por delante del falso fortín colonial rodado en un coche al que va adosado el equipo de iluminación resulta emocionante.

La música de Olivier Arson y la foto de Alejandro de Pablo también ayudan a darle una magnificencia al conjunto, y está la escena más antológica, y comentada, de la película: un ridículo diálogo de sobremesa que tiene que repetirse una y otra vez porque a todos los comensales les coge un ataque de risa, llevando a Bardem de la ebullición a la irrupción volcánica del tipo Krakatoa. 

Al final, si es la historia de un desencuentro entre un par de seres humanos, la película es el punto de encuentro de muchas maneras de hacer cine, por la diversidad de formatos empleados como por ese beau geste con conciencia saharaui que parece ser la película dentro de la película, un cine más clásico, y la propuesta más experimental, sin por ello rechazar al gran público, que es en sí mismo El ser querido.

Las personas se encuentran y se separan, el cine las une, durante el tiempo de un rodaje o de una película. No sé si es la mejor película de Rodrigo Sorogoyen, porque me gusta mucho El reino (2018) o la serie Antidisturbios (2020), que nos descubrió a Peña en toda su hondura, pero de lo que no cabe duda es que se trata de un hermoso homenaje al cine en el que las marcas de estilo de Sorogoyen —aquellos espectaculares planos secuencia y circulares— se manifiestan aquí de otra manera, más sorprendente y compleja, que reclama futuros visionados.

Philipp Engel

Philipp Engel

Formado con estudios literarios en Francia, trabajó durante 10 años en la industria discográfica, y luego se dedicó al periodismo cultural, especialmente centrado en literatura y cine. Ejerce como crítico en La Vanguardia y Cinemanía, y también colabora como periodista en otros medios (El Mundo, Sofilm, Sensacine, entre otros muchos). También es profesor e interprete de francés, programa el cine-club Histoire(s) du cinéma en el Instituto Francés de Barcelona, ha programado ciclos como Frío polar, sobre el cine negro francés en la Filmoteca Española, y ha comisariado la exposición Suburbia, la construcción del sueño americano en el CCCB y en el AzW de Viena. Sensacine, entre otros muchos). También es profesor e interprete de francés, programa el cine-club Histoire(s) du cinéma en el Instituto Francés de Barcelona, ha programado ciclos como Frío polar, sobre el cine negro francés en la Filmoteca Española, y ha comisariado la exposición Suburbia, la construcción del sueño americano en el CCCB y en el AzW de Viena.