Preseleccionado a los Goya
‘El monstruo de la fortuna’, la historia de cómo Calderón de la Barca se convirtió en cómplice para guardar el secreto de la reina de España

María Olga Matte como la reina Isabel de Borbón en 'El monstruo de la fortuna'. ©La Sierra Produce
A Manuel Castillo Huber, director y productor de El monstruo de la fortuna, le preguntamos por qué el cine español no estrena más películas de época, al estilo de su cortometraje. La respuesta es «por el presupuesto, sobre todo» seguida de un prudente «supongo». Este proyecto, ambientado en 1635, con apenas dos personajes —María Olga Matte como la reina Isabel de Borbón y Raúl Prieto como el mismísimo Calderón de la Barca— y una sola localización, ha necesitado un año de posproducción que se iba completando «cuando entraba dinero». El cineasta, que se reserva la cifra concreta, calcula que «por un poco más se podría haber hecho un largo. Aunque no de época».
La película toma su título prestado de una obra poco conocida del dramaturgo que la coprotagoniza, una sobre la que incluso se discute su autoría, y nace de la idea de Castillo y Matte, actriz chilena que ha pasado parte de su carrera en Francia, de trabajar juntos. Inicialmente planearon la historia de El monstruo de la fortuna como un teatro, o más bien microteatro: una obra breve escrita por el dramaturgo César Farah, también amigo del director, y en la que la actriz tendría la oportunidad de encarnar a la reina y esposa de Felipe IV, cuya figura deseaban reivindicar. Algo que fuese sencillo de montar. Entonces llegó la pandemia, y se complicó todo.
«En el confinamiento tomé la decisión de convertirlo en corto, mi segundo como director» explica Castillo, que hasta ahora ha desarrollado su carrera principalmente como actor. «Me parecía que podía ser un corto diferente, porque no suele haber cortos de época. Ya que voy a hacerlo, que voy a ponerle tanto esfuerzo, pues vamos a hacer algo que pueda destacar, que ofrezca otra variedad a los espectadores que suelen consumir el formato». El resultado de El monstruo de la fortuna ha sido «un máster en producción y financiación» junto a su socio Ramón Salazar en lo que ha sido el primer trabajo producido por la compañía de ambos, La Sierra Produce.
El monstruo de la fortuna enfila ahora la carrera por la nominación al Goya, seleccionado en la short-list en la categoría de Mejor Cortometraje de Ficción. Aparte de Filmin y de varias proyecciones programadas en cines, sobre todo de Madrid capital (se pueden consultar aquí), llega aquí tras triunfar en certámenes como el Festival de Cine de Astorga, donde obtuvo los premios a Mejor Corto, Guión y Actor para Raúl Prieto, o la Semana del Corto de la Comunidad de Madrid, donde el propio Castillo recogió el galardón a Mejor Dirección.
La luz de El monstruo de la fortuna
El monstruo de la fortuna sucede en 1635, el año en que Pedro Calderón de la Barca, antiguo soldado y ahora el dramaturgo más conocido de la España imperial, estrenará una de sus obras más conocidas —no es difícil saber cuál, pero mencionarla puede ser spoiler—. También es el año en que morirá Lope de Vega, su gran rival y el autor más conocido… de la generación anterior. La reina Isabel de Borbón, princesa de Francia casada de adolescente con el soberano Felipe IV, se encuentra con el escritor por los pasillos de Palacio —en realidad una estancia del renacentista Hospital de Tavera, en Toledo—. La reina tiene un secreto que confesar, uno que cambiará el destino de ambos.
Además de la localización o la caracterización, Castillo quiso cuidar elementos como la luz o la música. Solo la banda sonora llevó un año, en paralelo al laborioso proceso de posproducción de la iluminación. «Yo quería que la música fuese fiel a la época, usando instrumentos de entonces, como la guitarra barroca y la viola de gamba«, explica el director. «Pero al mismo tiempo que no resultase algo lejano al espectador». De la parte barroca se encargó el músico especialista en el barroco Enrique Pastor, de unificarla, darle un toque más contemporáneo y crear el tema que persigue a la reina, la compositora Belén Vives. «Fue un trabajo muy complejo, pero muy divertido», asegura Castillo.
«Sabíamos que iba a ser un proyecto ambicioso»
La luz, por su parte, la buscaron él y la directora de fotografía, Almudena Sánchez, en el Museo del Prado, en los cuadros de Tiziano y Velázquez. «No es muy original, pero ha sido de las partes más interesantes de la historia. Decir: mira, en Las Meninas la luz entra de esta manera, tiene esta forma tan abstracta de iluminar que en nuestra localización es igual». Las texturas y los colores llegaron por las lentes, la dirección de arte y la iluminación del rodaje, pero luego llegó el largo proceso de etalonaje en posproducción para que a lo largo de la historia anochezca sutilmente. «Es una tarde primavera, entre las siete algo y las ocho, y tenía que ir oscureciendo», explica.
Esto, más la localización o el personal necesario, fue complicando El monstruo de la fortuna. «Sabíamos que iba a ser un proyecto ambicioso, pero el presupuesto cada vez era más complejo de sobrellevar», confiesa Castillo. Además de ayudas o patrocinios de la Comunidad de Madrid y la Junta de Castilla-La Mancha y las ventas a televisiones o plataformas (se puede ver en Filmin), el corto ha contado con mecenas y la producción asociada de figuras como Mina El Hammani: «Con sus 7 millones de seguidores, ponía una story en redes y conseguíamos los coches de alquiler, o el catering, o hacía un post de patrocinio para una marca y cubríamos algún gasto», explica el director.
La conjura de las damas (y Calderón)
Y, luego, aparte, cuatro semanas de ensayo previo con Prieto y Matte. «Raúl me dijo que nunca había ensayado tanto para un corto, pero lo convencí por el tono, el diálogo, que los personajes están hablando todo el rato», explica el directo. «Para mí, que también soy actor, el trabajo con ellos dos ha sido el trabajo más gustoso, me lo pasé muy bien. Porque jugamos, investigamos, probamos. Así que nos encerramos, los dos actores, mi ayudante de dirección y yo, a experimentar. Fue un proceso alucinante».
El objetivo era no tanto explorar a Calderón de la Barca, que ya tiene una estatua en la Plaza de Santa Ana de Madrid frente al Teatro Español y ocupa bastantes libros de texto, como a la figura de Isabel, responsable, entre otras, de la llamada «conjura de las damas» que derribó al todopoderoso valido Conde-Duque de Olivares, y que ejerció como regente y administradora de los reinos en ausencia de su marido Felipe durante los años 40 del siglo XVII. Es decir, muy poco después de la reunión ficticia con Calderón en El monstruo de la fortuna.
«¿Y si esta mujer que era tan inteligente, tan culta, de la familia de los Médici que habían sido los grandes mecenas del arte, en una corte donde la tenían apartada, donde Olivares le llegó a decir que su tarea era solo parir varones, hubiera encontrado un refugio en la literatura?» se preguntaron Castillo, Farah y Matte. El director intenta reflexionar sobre esta parte sin respetar la plana, pero podemos decir que Anonymous (2011), de Roland Emmerich, es una lejana inspiración, aunque El monstruo de la fortuna y su juego de espejos sea 100% de la cosecha de los autores y la anglosajona tenga cierta base en teorías históricas. Eso sí, sin probar.
Sin desvelar mucho mas, diremos que la reina acaba confesando lo que nadie esperaba y Calderón lo que no quería, y sobre ese secreto doble descansa la clave de todo lo que ocurría, pero no se contaba, en la corte del imperio más poderoso de su época. El monstruo de la fortuna es, al final, un cortometraje sobre lo que la historia acaba olvidando, aunque quede por escrito. Pero también sobre cómo la literatura, la música, el cine o el arte pueden salvarnos, incluso en la situación más absurda.

Jose A. Cano



