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¿Cómo se decide el recorrido de una película? Así funciona la distribución de cine en 2026

©ECAM
Paso por festivales, estrategia para el estreno en salas, llegada a plataformas de streaming, explotación de las ventanas nacionales e internacionales… ¿Cómo hay que mover una película para que se vea y funcione? Es y será siempre la pregunta del millón en la distribución de cine.
En pleno 2026, tener una o varias respuestas a esa pregunta no es fácil: la competencia externa (pantallas, algoritmos y otras formas de entretenimiento) e interna (la propia producción de cine y series, en España y en todo el mundo) es altísima. Un contexto muy exigente que en los últimos años ha ido necesitando que el profesional dedicado a la distribución se tenga que mover con cada vez más capacidades distintas y conocimientos en el sector.
Y ahí la formación se ha tenido que poner a la altura de lo que iba pidiendo la industria: «Antes no podías aprender cómo se distribuye una obra audiovisual prácticamente en ningún sitio. Llegabas a un departamento de distribución por casualidad, porque mucha gente ni sabía que existían, y tu jefe te enseñaba», recuerda a Cine con Ñ Laura Miñarro, Vicepresidenta de Coproducción Internacional en Buendía Estudios.
Desde hace más de una década, los estudios especializados en distribución se han ido asentando a medida que la industria ha ido madurando: Miñarro coordina, junto a Kike Lozano, el Máster de Distribución y Negocio de la ECAM, un programa educativo pionero en distribución en España que cumple ahora 13 ediciones ofreciendo herramientas para el desarrollo de los y las profesionales del futuro.
Del festival a tu plataforma: cómo viaja hoy una película
El propio Máster de la ECAM, que empezó más centrado en la Distribución Internacional, es un reflejo de cómo han cambiado las reglas del juego y cuáles son las nuevas realidades del mercado audiovisual: «Hace unos años expandimos la idea del Máster», dice Miñarro, «porque nos dimos cuenta de que muchos de los que habían empezado a trabajar en distribución, que era ya como la última parte de la cadena de valor, empezaban a moverse hacia el principio de la cadena de valor, desde el desarrollo del proyecto».
El caso de Romería (2025), la última película de Carla Simón, es uno de los casos de éxito más claros de hasta qué punto puede funcionar ese trabajo de partida. Elástica Films fue productora mayoritaria y distribuidora, lo cual le permitió pilotar la estrategia de salida al mundo del tercer largometraje de Simón desde sus fases iniciales. Enrique Costa, distribuidor en Elástica y profesor en el Máster, explica que pudieron trabajar en todas las acciones (desde los materiales fotográficos hasta la sinopsis) para tener «unos cimientos fuertes». Y acabaron así por ser seleccionados en la Sección Oficial del Festival de Cannes, el más grande del mundo, un espacio «determinante» también para la distribución internacional de la película, vendida a más de 30 países.
«Desde el momento en que sabíamos que la película entraba en Cannes ya también marcamos una fecha de estreno en cines», cuenta Costa, que, contando con las circunstancias personales de la directora con su embarazo, decidió evitar la saturación de cine español en el Festival de San Sebastián y apostar por el arranque de septiembre. El resultado: más de 280.000 espectadores y una acogida que desbordó Cataluña, espacio más natural para las películas de Simón hasta ahora, para funcionar también en Madrid, Galicia o País Vasco.
«Si te guías solamente por el algoritmo, lo que pasa es que baja la calidad»
El otro paso fundamental para la distribución de una película es su llegada a las plataformas de streaming, donde también tiene que haber profesionales que conozcan el sector y entiendan las reglas del juego a la hora de adquirir películas. Desde Movistar Plus+, Paco Fox, responsable editorial de cine en la plataforma y también profesor del Máster, defiende la curaduría humana frente a la dictadura del algoritmo: «Si te guías solamente por el algoritmo, lo que pasa es que baja la calidad. Te centras única y exclusivamente en un formato de película muy acomodaticia, muy repetitiva, y eso no le gusta a todo el mundo».
En la plataforma, además, las métricas de éxito son variables. Fox explica, por ejemplo, que hay películas que, aunque no estén en los tops más vistos, cumplen una función esencial: «Hay películas más art house, que a lo mejor se ven menos que otras, pero que a mucha gente les gusta tener ahí en la plataforma». Son lo que él llama «motivo de abono»: contenidos que justifican la suscripción y fidelizan a un público exigente.
Cada momento, cada ventana, cada pantalla, funciona con una propia lógica que hay que ir analizando. En general, Miñarro detecta que la industria española avanza hacia modelos más colaborativos: «Ese modelo en el que un cliente te compraba el 100% de una producción y la retenía al 100% empieza a no ser válido. La colaboración y la flexibilidad entre varios agentes es increíblemente importante». Un modelo flexible que en España se está incorporando a la cultura de negocio.
Formar profesionales que entiendan las entrañas del negocio
Ante este panorama multiforme, ¿qué necesita saber alguien que quiera dedicarse a la distribución audiovisual? Los tres entrevistados coinciden en un punto de partida que parece obvio pero no lo es tanto en la práctica: pasión. «El perfil es alguien que le guste mucho el cine, pero que no sea muy ‘zelote’, sino que se lo tome con cierta levedad», resume Fox. Alguien capaz de separar el gusto personal del criterio profesional: «Que entienda la diferencia entre lo que a ti te gusta y lo que vale para una u otra cosa». Costa coincide desde la misma lógica: «Cuando alguien me cuenta una película y me dice ‘a mí me gusta’, yo digo ‘no, vamos más allá, vamos a analizarla, a destriparla’. Creo que es importante entender la película que tienes entre manos».
«Si estás fuera, esto cambia tan rápido que te pierdes»
Ahí emerge una habilidad para este ecosistema con distintas puertas de entrada y salida: «El pensamiento lateral, salirse de la propia opinión e intentar ver the bigger picture, tener una visión global de las cosas». Saber que una cadena autonómica adora, por ejemplo, los westerns, entender por qué una película carísima de major justifica su inversión aunque no esté liderando en visionados, anticipar qué ventana de explotación conviene más a cada título. Costa lo traduce a su terreno: «Cada distribuidor independiente tiene un superpoder, una cualidad, y la clave es saber cuál es el tuyo».
Ahí entra la formación como la que proporciona el Máster de la ECAM, que busca ser un espacio útil y práctico: «Que no vengan esperando que van a tener los típicos profesores de universidad dictándoles una cátedra y mandándoles ejercicios. Lo que van a conseguir es al mejor profesional del área de distribución internacional, el mejor profesional en el área de contenido de una plataforma, el mejor profesional que hace la programación de una cadena de televisión», explica Miñarro. Más de sesenta voces de la industria en activo configuran un programa donde teoría y práctica se funden: «La teoría te dice que el P&A de una película lo debes llevar de esta manera, y luego te sientas con las personas que lo hacen y te dicen ‘vale, sí, en teoría esto está muy bien’, pero en la realidad nos encontramos con estos factores que nos modifican todo».
Fox insiste en que esa visión panorámica es justo lo que necesita un profesional de la distribución: «Tienes que tener puntos de vista del tipo de la free TV, del distribuidor pequeño, del distribuidor grande, del de marketing, de las salas de cine… Son perspectivas totalmente distintas para luego poder tú tomar las decisiones». El Máster, funciona como un simulador de la industria real. Y el perfil del alumnado, por el que han pasado profesionales como Lydia Martínez (HBO Max), Alan Bermejo (BTeam Pictures) o Félix Abel de la Cruz (FC35), refleja esa transversalidad: desde directores y guionistas que necesitan entender el negocio hasta profesionales de ADE o consultoría que quieren dar el salto al sector audiovisual. «Sentimos que los que vienen de áreas más técnicas o artísticas aprovechan al máximo el máster, porque están todo el tiempo con sus proyectos en la cabeza diciendo ‘esto que no sabía por dónde tirar, lo soluciono con lo que me han contado ahora’», añade Miñarro.
El objetivo final es claro: que el alumno salga con un marco de pensamiento lo suficientemente amplio como para enfrentarse a una industria que, en palabras de Miñarro, «no es sota, caballo y rey. Cada proyecto es un mundo y eso es lo divertido de nuestra industria. Cuando se les presentan esos retos, que tengan flexibilidad de reacción y los conocimientos que les permitan saber por dónde empezar». Al fin y al cabo, como sintetiza Fox con precisión: «Tiene que ser alguien que realmente tenga mucha curiosidad, porque si estás fuera, esto cambia tan rápido que te pierdes».
Este reportaje se ha realizado gracias a la colaboración de la ECAM.


Arturo Tena



