Reportajes | IFFR 2025
‘Deuses de pedra’: la frontera entre España y Portugal está esculpida en el tiempo

Mariana Freita Taves, protagonista de 'Deuses de pedra', en un fotograma de la película
El cine vuelve a A Raia, esa línea que separa Galicia y Portugal. Después de Arraianos (2012) y O corpo aberto (2022), llega una nueva perspectiva sobre la frontera con Deuses de pedra (Dioses de piedra), largometraje de Iván Castiñeiras Gallego que se acerca a la «raya seca» (la frontera que no está mojada por el Miño) más desde el lado portugués, filmada a lo largo de varios años. La película, un documental con ficción presentado ahora en el Festival de Róterdam, recoge los hechos históricos y los cambios socioeconómicos que se han vivido en la zona, combinándolos con la mirada y el crecimiento de una niña local.
Castiñeiras (1980), responsable de la fotografía en películas de Sergi Cameron, Diana Toucedo o Ángel Santos, llegó a la frontera porque ya la conocía desde antes de dedicarse al cine. Como ha sucedido con otros cineastas de su generación, el director explica en conversación con Cine con Ñ que su acercamiento a esta zona rural ha sido «un regreso» a un lugar de su pasado. «Es la tierra de mi madre, un espacio un poco de infancia, pero en el cual nunca he vivido plenamente», comenta el director, que, tras terminar sus estudios cinematográficos en Lisboa, decidió que quería reencontrarse «con un lugar casi familiar para descubrirlo de verdad». Ahora a través de la cámara.
Así fue como Castiñeiras empezó a grabar por intuición en la zona hace más de 15 años, filmando solo o con un equipo mínimo («a veces con una persona a la que explicaba cómo hacer el sonido», detalla). Lo hizo de forma intermitente, «en mis tiempos libres, cuando podía», explica, en «un proceso que se convierte en varias cosas: mi escuela de cine, en un gesto en el tiempo, en un modo de conectarme con un espacio y unas personas que se acaban convirtiendo casi en familia».
Esas filmaciones de exploración derivaron en un corto llamado precisamente A Raia (2012). «A partir de ahí, me voy enamorando del territorio, conociendo a personas de allí, y viendo que hay mil y una capas que levantar», comenta el director de Deuses de pedra, que siguió escribiendo «sin una finalidad de querer contar algo». Después de unos años fuera de España, en su vuelta se reencontró con la familia (los Freita Tavares) que acaba por ser el hilo conductor de toda la película. Castiñeiras volvió también a rodar y se fue cerrando lo que es hoy el largometraje, con una segunda parte más íntima y narrativa.
Deuses de pedra, semidioses que resisten
Con una perspectiva entre lírica y sensorial, en un loop temporal caleidoscópico, la película se acerca a la «raya seca» y a las gentes que viven en este territorio montañoso y árido, que salta de un país a otro. Por aquí pasaron y convivieron, durante los años de dictadura y más allá, figuras de leyenda: contrabandistas, guerrilleros, emigrantes o guardias fronterizos. Desde 1995 sin los controles del espacio Schengen, las zonas han ido poco a poco perdiendo sus tradiciones agrícolas y estructuras comunitarias a partir de la despoblación y los nuevos intereses económicos en la zona, como la explotación de las minas de litio. Desde las personas y sin voluntad de denuncia explícita, todo este trasfondo está en Deuses de pedra.
El título del filme resume conceptualmente las características de A Raia y la situación de sus habitantes. Como explica Castiñeiras, «es una región de sierras peladas, con mucha presencia de granito y roca», una geografía que combinó con su visión sobre aquellas personas que la habitaban: «Los veo casi esculpidos en el tiempo. Para mí son como semidioses, permanecen ahí y no sucumben a la excitación de irse a las urbes, a la atracción de las luces. Siguen ahí con sus rutinas, con sacar a las ovejas todos los días. Es muy duro, pero al mismo tiempo es un modo de vivir. Desplazarse a las ciudades no tendría sentido para ellos».
Aunque ve una «continuidad geográfica, etnográfica y parecidos lingüísticos» en esta frontera, Castiñeiras también piensa que, pese a estar pegados, hay importantes diferencias entre el territorio español y el portugués. En contraste con la mayor cobertura social y la falta de políticas de permanencia en los territorios por parte del Estado en España, «en Portugal, como las prestaciones y las pensiones han sido más pequeñas, la gente ha estado obligada a seguir explotando recursos y trabajar más el espacio» y eso «ha permitido que esos lugares permanecieran un poco más que en Galicia, que aún hubiera diferentes edades en los pueblos, escuelas rurales y deseos sociales comunes». Pero, apunta también el director, «todo eso está yendo también un poco al garete».
Un retrato de crecimiento y transformación
La desestructuración del tejido rural en A Raia encuentra, poco a poco, un reflejo de ruptura también en una familia que vive en un pueblo portugués de la frontera: los dos padres se divorcian y los hijos mayores se han ido o planean marcharse del pueblo. Quedarán la madre (Cinta) y la hija menor (Mariana). Y la película cambia. Así lo explica Iván Castiñeiras: «Aterrizamos en un tiempo más moderno, con una narrativa también más agitada. Las secuencias son más asépticas, no se dispersan. Es decir, te muestran lo que tiene que mostrar en una línea temporal, pasas de una cosa a otra».
Aunque los reflejos entre presente y pasado, entre lo concreto y lo general, se mantienen constantes, este núcleo familiar se convierte en el protagonista de Deuses de pedra. Ahí aparece ese espacio difuso entre la no ficción y la ficción, de los personas/personajes que se interpretan a sí mismas, con un retrato de sus preocupaciones, afectos y deseos. «Fue un deseo de lenguaje, otra plástica, de querer jugar también», justifica Castiñeiras, «sin olvidarte que estás filmando a gente real y en lugares íntimos, sin inventarme nada totalmente fuera de ellos».
Así es como la joven Mariana Freita Tavares se convierte en el alma y el ancla de Deuses de pedra, al haber sido filmada por Castiñeiras desde que era una niña en el colegio y, tiempo después, ya como adolescente en pleno proceso de maduración. El camino de descubrimiento y esperanzas de futuro de Mariana resumen también parte de la filosofía de transformación constante que plantea la película, que empieza en Róterdam su propio trayecto para acercarse a los espectadores.

Arturo Tena


