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«Chiquito fue una victoria contra la lógica»: así es ‘El otro Chiquito’, el documental sobre el juicio del ‘jánder’

Chiquito de la Calzada en una foto de archivo. ©Movistar Plus
¿Tienen dueño el jánder, el fistro o el no puedor? En los años 90, un tribunal tuvo que decidir sobre la cuestión. Ahora El otro Chiquito, un documental de Javier Morales y Juan Zavala (El crítico), recrea el momento, cuando el cómico Chiquito de la Calzada, nombres artístico de Gregorio Sánchez, denunció al programa Esta noche cruzamos el Mississipi por los personajes de Florentino Fernández, Lucas Grijander y Crispín Klander, que imitaban sus características muletillas. Una cuestión, la de la propiedad de las ideas, tan relevante en tiempos de la IA como representativa de aquella década del nacimiento salvaje de las televisiones privadas.
Un juicio que tuvo algo de choque generacional, el humor blanco de un superviviente de la posguerra que había sido un picapedrero del mundo del espectáculo toda su vida y solo pudo comprarse una casa ya con 62 años frente a la sátira política del kamikaze Mississipi, en unas cadenas recién nacidas como Antena 3 y Telecinco que probaban sus límites y a sus públicos posibles. El otro Chiquito ahonda tanto en los motivos económicos que llevaron a Gregorio Sánchez a denunciar, como los bolos que le «quitaban» Grijander y compañía, como al dolor de sentirse parodiado (cuando, al contrario, Florentino Fernández, entonces un veinteañero, era un fan absoluto de su trabajo).
«Es verdad que el humor de Florentino iba un poco más allá del que hacía Chiquito, eran personajes que salían a la calle y se metían en política», explica Juan Zavala. «Y Florentino era muy joven, le encargaron hacer un personaje y no se planteó que pudiese tener estas consecuencias, su responsabilidad siempre fue muy limitada. Por eso retratamos también ese momento donde las televisiones privadas no tenían una idea de lo que se podían permitir y lo que no». Precisamente el cómico fue de los más reticentes a participar en el documental. «Quizás está cansado de hablar siempre de lo mismo», apunta el director, «pero finalmente nos dio una entrevista muy larga y muy sincero. No sé si ha visto ya la película, pero creo que estará satisfecho porque refleja esa inocencia de sus inicios».
Mario Conde y los 90
En paralelo a un ‘Flo’ hastiado de volver siempre a una misma polémica de la que fue más perjudicado que otra cosa —su narración de cómo recibió el perdón de Chiquito es antológica—, aparece la figura de Mario Conde, una de las fuentes más locuaces de El otro Chiquito y que se descubre como un amigo personal bastante cercano de Gregorio Sánchez, al que conocía incluso antes de hacerse famoso.
«Lo llamamos en plan: a ver qué nos dice», admite Zavala, «y luego todo lo que cuenta fue una sorpresa absoluta, el cariño que se tenía con Chiquito». Narrativamente «para nosotros fue una perla, sobre todo por lo sorprendente y lo inopinado de esa amistad. Los dos vivían en espectros sociales totalmente diferentes y los dos de alguna manera, por una razón u otra, se convirtieron en grandes iconos de los 90«.
La película cabalga esa explosión de fama en la que Sánchez estaba en todas partes —¿tiene usted edad de recordar los Chiquitazos?—. «Chiquito concentró lo que sería una fama de 20 años en tres. No es que fuera muy famoso, es que fue la persona más famosa de España. Pasó en meses de que no lo conociesen a dar las campanadas», explica Diego San José, productor del documental. «Era un icono en todos los estamentos, los políticos lo citaban, un deportista como Carlos Moya ganaba un partido de tenis y decía hasta luego Lucas, o Antonio de la Torre cuando recoge un Goya… Fue más transversal que ninguna otra cosa, le hacía gracia a los niños y a los abuelos».
El otro Chiquito contra el algoritmo
El guionista recuerda que «estuvimos tres años diciendo fistro y no sabíamos lo que era, eso fue una gesta» y añade que «es imposible que vuelve a ocurrir, no solo por talento, porque si aparece será en lugar que yo no conozco: en TikTok, en redes que ya no son tan masivas. Chiquito salía en televisión cuando la veía prácticamente toda España a la vez, era un fenómeno más global frente a un momento donde todo está fragmentado en cadenas, aplicaciones, pantallas…».
Un fenómeno que San José a una frase que aparece en el documental «Chiquito representaba el bando de los perdedores. Creo que hay una cosa que nos generó a todos un cariño que tal vez no hemos tenido con otros cómicos. Chiquito tenía esa cosa que lo hacía ser el más famoso de España pero al verlo sabíamos que no era tan distinto al tío mío que cuenta chistes en mi Comunión». Entiendo que «había un elemento de cercanía que no tiene toda la gente que se dedica al espectáculo».
El cómico venido de Bonanza que fue «alguien que contradice al algoritmo». Era imposible predecir a «un señor con camisas extrañas, que se mueve de manera errática y dice palabras incomprensibles». Chiquito fue «una de las últimas victorias que hemos tenido contra la lógica. Cuanto más ha entrado el marketing, cuanto más han entrado los estudios y las audiencias y todas estas cosas numéricas, las personas o los experimentos como Chiquito tienen menos hueco. Así que creo que hemos cambiado lo suficiente como para que haya un dato incontestable, que es que no habrá un nuevo Chiquito, un cómico que represente algo tan inesperado».



Jose A. Cano

