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La casa del caracol: Enciclopedia del terror

La opera prima de la malagueña Macarena Astorga es un catálogo del cine de terror que falla en la intriga propia

La casa del caracol: Enciclopedia del terror 1

La casa del caracol se ambienta en 1973, en un pueblo perdido de la Andalucía interior al que acude el escritor Antonio Prieto para pasar el verano completando su última novela en soledad. Allí descubre la leyenda del «vimero» una mezcla de hombre lobo y vampiro local que aterroriza al pueblo y lo maldice que deformidades para todos sus habitantes. Aunque Antonio se muestra escéptico con las creencias de los lugareños, descubrirá que nada es lo que parece, ni en la casa donde vive ni en el bosque que la rodea.

La película funciona como un homenaje visual tras otro a los clásicos del terror de los últimos 40 años que la misma directora, Macarena Astorga, admitió durante la presentación de la misma en el reciente Festival de Málaga. Desde Stephen King -y su adaptador Stanley Kubrick- hasta el mismísimo Chicho Ibáñez Serrador, muy presente a través de ¿Quién puede matar a un niño? en la primera secuencia. Lo es tanto que a veces corre el riesgo de hacerse spoiler a sí misma, pues el aficionado al género puede adivinar algún giro a partir de esa devoción compartida con la propia película.

La casa del caracol es una adaptación de la novela homónima de Sandra García y también uno de los filmes cuya preproducción se tropezó con el confinamiento de 2020. En Málaga tanto los productores como la directora admitieron las dificultades encontradas pero también el deseo de llevarla a término. Aunque el resultado ha sido desigual, Astorga ha conseguido transmitir a la película la misma sensación de asfixia -aunque por diferentes motivos- que en su celebrado corto Tránsito, de 2013.

Crítica de La casa del caracol con spoilers

La casa del caracol: Enciclopedia del terror 2

Vaya por delante que La casa del caracol es una película efectiva, que sabe cumplir con su trabajo de ser a medias previsible a medias imprevisible y mantener cierta tensión, aunque pierda fuelle en algún momento del tramo central. Su problema es que la misma estructura de terror clásico y la capacidad para homenajearlo de su realizadora no solo desvela rápidamente las sorpresas del guion, es que les acaba quitando interés.

Dejo la revelación del giro final para los párrafos siguientes a este, entendiendo que es relevante para la valoración de la película, ya que provoca dos cosas en el último tercio: una escabechina entre los escasos personajes protagonistas que no por esperada acaba restándole dramatismo a la secuencia de resolución y un cambio repentino en el punto de vista que, como no ha sido sembrado, nos descoloca.

Hablo del repentino protagonismo de una de las niñas, que han actuado como elemento externo de extrañamiento de la situación para el personaje de Javier Rey, y por tanto para el espectador, por lo que resulta difícil asumirla de repente como un actor «humano» al que seguir, aunque ya tengamos claro que no son nada sobrenatural. Enrarecerlas ayuda a que sepamos desde el minuto uno que Quintanar no es un pueblo normal, pero pedirnos que empaticemos con dos fantasmitas amenazadoras que encima llevaban spoileando la película desde su primer diálogo quizás es demasiado cuando solo queda un quinto de metraje por resolver.

En serie, spoilers de La casa del caracol

Ojo, que viene el gran spoiler: el ‘vimero’ que castiga a la población de Quintanar, nacido además de una tragedia personal que todo el tiempo ha estado presente en la figura del cura fantasmal, es el propio Antonio, que ya de niño fue criado allí. Ahora bien: se ve venir y no se ha sembrado lo suficiente al mismo tiempo, como si el homenaje a El resplandor de Kubrick viniese también en forma de adaptar tan sutilmente la novela que acaba por estar mal explicada la trama.

No obstante, la verdad es que hay momentos en los que esta incocrección concreta de la trama, en la que se superponen elementos de terror clásico unos sobre otros solo por el gusto de tenerlos ahí, en realidad, no molesta. Porque la atmósfera si está bien conseguida y la cámara compone grandes momentos visuales, a los que les ha faltado, eso sí, envolver un argumento más interesante.

En resumen, La casa del caracol es interesante visualmente, demostrando la pericia cinematográfica de su directora, pero fallida como relato por sí misma. Como opera prima es más que correcta porque demuestra que hay una autora con un gran conocimiento de su oficio detrás, pero como película de terror independiente de sus circunstancias acaba por no cuajar debido a un par de bandazos de guion. Con todo, el aficionado al género la puede disfrutar igualmente.

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