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Rendir los machos: ¿Qué significa ser un hombre?

La ópera prima de David Pantaleón reflexiona sobre la idea de la madurez o la hombría y las ficciones necesarias que llamamos tradiciones

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Rendir los machos cuenta la historia de dos hermanos cabreros residentes en Fuerteventura y peleados por un motivo que nunca se aclara. A la muerte de su padre, se ven obligados a realizar juntos un ritual ancestral de las islas, que consiste en, a modo de exequias, transportar a pie seis machos cabríos para entregarlos a otro ganadero, de la misma generación del fallecido, que viva en la otra punta de la isla.

La ópera prima de David Pantaleón se ha dedicado a recoger premios en diversos festivales (Sevilla, L’Alternativa, Las Palmas, por mencionar solo tres) antes de su llegada a salas, poca pero selecta. En Sevilla, por ejemplo, fue una de las películas seleccionadas para los talleres con institutos, y por seleccionada nos referimos a por los propios chavales. Lo que indica que, como cine independiente, puede parecer poco accesible, pero es perfectamente entendible y aprehensible por cualquier público.

Rendir los machos es una reflexión sobre la comunicación entre hombres y la capacidad, o no, que tienen de expresar sus sentimientos. También sobre la ficción en sí acerca de qué significa ser un hombre, o un adulto, y los rituales que construimos para sostenerla. Los actores principales, no profesionales, no solo son hermanos entre sí, sino los hermanos mayores del propio Pantaleón, siendo todos de familia con tradición ganadera, lo que le da otro nivel de lectura al filme.

Rendir los machos y la falsedad de la tradición

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La tradición de «rendir los machos» no existe, como ha explicado el director en alguna ocasión. A partir de ahí, Rendir los machos, la película, es una enorme broma que se toma a sí misma muy en serio, en la que se exploran los límites de la incomunicación de manera elocuente. Los hermanos y los otros personajes a su alrededor son personajes incapaces de compartir lo que sienten y a los que observamos la mayor parte del metraje en la lejanía, pero siempre tenemos claro lo que pasa por su cabeza.

En Rendir los machos la aparente frialdad narrativa se mezcla con una puesta en escena cuidada, disfrazada de naturalista cuando es puro artificio y en la que los elementos para enmarcar la acción son puramente teatrales. Una atmósfera en la que el realismo mágico se va abriendo paso hasta que el propio espectador acaba dotando a los machos cabríos de un halo de seres sobrenaturales, en cuya manos se encuentra la redención de los personajes.

Los dos hermanos se recortan a modo de western isleño contra el paisaje de Fuerteventura a base de planos fijos, que componen el 99% de la película. De hecho, el juego con los escenarios casi podría servir para explicar en clase maneras de definir las relaciones entre elementos mediante la composición, pues es prácticamente un catálogo de recursos. Tanto en relación con los elementos de cada escenario como para marcar las diferencias y paralelismos entre los dos hermanos.

El hombre contra el machango

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En Canarias un machango es un payaso, un dibujo animado o, en algunos casos, hasta un emoji de whatsapp. En una discusión entre los protagonistas, cuando uno de ellos es «débil» por querer ir a dormir con su mujer, el otro se reafirma en la condición de «ser un hombre» frente al machango. Un hombre debe ser tomado en serio, aunque llore escuchando El caballo bayo. Así, a veces más sutil a veces menos sentido del humor impregna los surrealistas encuentros que van viviendo los hermanos por el camino, y que ellos asimilan con la elocuente inexpresividad que les es propia.

Hay una escena clave en Rendir los machos, ya en su último tercio, justo antes del único plano secuencia de toda la película. Es un chiste, pues presenta una escena de lucha canaria entre los hermanos, y al mismo tiempo, una conclusión. Sí, es otra tradición, una especialmente tópica, y es pelea. Pero al mismo tiempo, es un ritual de reconciliación. Porque una lucha organizada, con reglas, en la que tienes que usar una técnica concreta, requiere de un pacto mutuos de respetar esos códigos, y se realiza, así pues, por gusto.

En resumen, Rendir los machos es una más que notable ópera prima, con un discurso muy sólido sobre aquello que quiere contar, que se explica a sí misma perfectamente sin tomar a su público como idiota en ningún momento y cuya narración está al servicio de los dos anteriores elementos, de manera que todo lo artificial de la propuesta se disfraza de natural para darle credibilidad. Una de las mejores películas españolas que se estrenarán en cines este año.

Imágenes: Rendir los machos – Begin Again

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