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Rainbow: Mejor como musical que como cuento

Una película divertida, visualmente interesante y con grandes números musicales, pero que se olvida de que todos sus elementos encajen en la misma historia

Crítica de RAINBOW de Paco León

Rainbow es la historia de Dora, una adolescente con un enorme talento para la música, más del que ella misma sabe, que se escapa de casa junto a su perro Totó tras una discusión con su padre. Empieza entonces un viaje para encontrarse a su madre, que se marchó de casa cuando ella era niña, en el que creará una banda de amigos a cada cuál más extraño y que la ayudarán tanto en su deseo de encontrar su verdadero hogar como para enfrentarse a unas extrañas mujeres que parecen saber algo de su familia.

Qué rara y qué libre es la filmografía de Paco León. Probablemente no ha podido hacer lo que ha querido siempre, porque casi nadie puede, pero dentro de cierta querencia por la comedia y los personajes excéntricos que sobreviven creando sus propias normas, ha rodado películas muy diferentes entre sí y con un espíritu siempre disfrutón, incluso al hablar de las peores tragedias o los más retorcidos maltratos familiares.

Así que aunque Rainbow es un batiburrillo un poco confuso, con un par de escenas brillantes y un elenco bastante más que apañado, se agradece que pueda rodar, y por muchos años. Mejor Paco León pasándoselo en grande -vamos, espero que así haya sido- aunque sea con productos fallidos que cada mondongo que se rueda por ahí y encima pretende ir de intenso en lugar de disfrutar de la vida, por mal dadas que vengan, que es de lo que se habla aquí.

Rainbow to the moon, o algo así

Rainbow: Mejor como musical que como cuento 1

Tras el peloteo de saque, como en el tenis, algunas reflexiones sobre Rainbow. Esto es, un poco, el Érase una vez… pero ya no de Paco León, solo que aquí se descontruyen un solo cuento -el Mago de Oz, adaptado muy libremente- y un solo tropo -el coming-of-age de una adolescente-. Hay un par de escenas brillantes, la mayor parte del reparto está de órdago -Carmen Machi y Carmen Maura, así cualquiera- y los números musicales son divertidos, espectaculares y tienen, casi siempre, sentido narrativo…

…pero la historia, al final, por mucho que hay un diálogo simétrico que nos recuerde que es muy posible que se traten solo de las fantasías de Dora, es una colección de «cosas que pasan» como excusa para todo lo demás. El arco de la protagonista y el par de secundarios más importantes el guión los tiene clarísimos, así como los de las antagonistas, pero da la impresión de que no sepa cómo hacer que encajen todos en la misma película. Y de acuerdo en que los amigos de Dora no son trasuntos exactos de los personajes del cuento, pero que alguien me explique la que se lía con el león. Eso qué es. Por qué así. Por qué asá. Por qué.

Los paralelismos están clarísimos y recogen de forma nada sutil las lecturas freudianas evidentes del cuento original. Curiosamente dándoles un giro más tenebroso, y al mismo tiempo realista, aunque la película no lo sea, que por ejemplo el cómic Lost Girls de Alan Moore y Melinda Gebbie, donde el tornado no es una discusión o un secreto familiar, aunque sí que pone patas arriba igualmente el mundo de Dorothy: se trata de su primera masturbación (y por tanto el descubrimiento de su propia sexualidad).

Que no pare la música

Rainbow: Mejor como musical que como cuento 2

Lo que pasa es que Paco León no tiene (casi) ningún interés en provocar y esa asignatura, la del salseo, la da por superada. En eso se nota una evolución del mismo discurso de Kiki, el amor se hace (2016) o Arde Madrid (2018). Las fiestas son el alma de Rainbow, con algunas sencillamente brillantes, como la del bar de migrantes -bueno, o de donde sea, en realidad no están ni en España ni en «Ciudad Capital», aunque crucen Madrid Río un par de veces- como la de la secuencia final, donde además hay un desfile de cameos de la gente guapa de la cosa progre.

De esta manera, el artificio y los fuegos artificiales se cuelan en todas partes, incluso en las malas histriónicas que hacen las dos divas invitadas, la bruja buena y la mala aunque a veces no esté claro cuál es cada una, y eso hace que, en el fondo, «lo que pasa» dé igual. Estás deseando el siguiente número del circo de tres pistas, mucho más entretenido, que las escenas presuntamente dramáticas. Te da igual quién sea la madre, el padre o el primo de Móstoles de Dora, la verdad, o cuál es el conflicto de José Luis.

En fin, que Rainbow es disfrutable, pero no es una gran película. Más de una vez, de hecho, se olvida de que es una película y no una colección de chistes cafres, referencias almodovarianas y videoclips modernos. Todos los ingredientes están bien, pero no es que mezclen mal, es que no han mezclado. Están demasiado pendientes de brillar, y no se acuerdan de que tienen que hacerlo más o menos a la vez.

Imágenes: Rainbow – Netflix

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