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Críticas

Padres: Criar sin complicarse la vida

Un apañado thriller que mantiene el interés por ir siempre a lo concreto y ser lo suficientemente ambigua como para disimular sus trampas
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Victoria (Natalia Verbeke) y Jaime (Fernando Cayo) son dos padres divorciados que tienen que volver a verse las caras porque su hija, una adolescente de 15 años, no da señales de vida tras acudir a un festival de música. Juntos en un antiguo chalet, Jaime y Victoria empezará a buscar nueva información, mientras el nuevo novio de ella (Carlos Fuentes) la busca en un viaje en coche y la tensión por su separación se dispara.

Dirigida por José Ángel Bohollo, que viene de dirigir el true-crime Bretón, la mirada del diablo (2023) —quizá algo ha sacado de ella para esta—, Padres es un thriller dramático a partir de un miedo recurrente de cualquier padre o madre: que desaparezca tu hija/o. Prácticamente con una única localización (la casa familiar), la película se convierte en juego de información y dialéctica, de giros y sospechas pendulares, a partir del duelo entre los personajes de Verbeke y Cayo, reyes de la función.

Lo primero que hay que habría que hacer conPadres es reconocerle un mérito. En concreto el de Eduardo Campoy, productor de la película, que ha conseguido hacer 3 largometrajes en dos años (con Álamo Producciones Audiovisuales, vinculado a Secuoya Studios) que se han rodado casi al 90% en una casa (y diría que las tres en Tenerife). Es el caso de Cuánto me queda (2023), La bandera (2024) y ahora esta. Y, menos la primera, las otras dos funcionan bastante bien pese a esa limitación.

Unos padres con giro

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Como decíamos, el 90% de la película se sostiene en la interacción entre los personajes de Verbeke y Cayo. Son una expareja resentida la una con la otra a la que no le queda más remedio que colaborar por un bien común. Por ahí, Padres es concreta y coherente: el montaje, los tipos de planos y las interpretaciones van al mismo objetivo, que es exponer todas sus tensiones mientras buscan la forma de encontrar una solución a la desaparición de lo que les une.

Estas disputas más o menos soterradas entre los dos, que ocupan buena parte de la fuerza dramática de la película, son fluidas y ocupan un espacio que se siente como justificado tanto dentro de la trama como por las características de sus personajes. Han hecho buen trabajo tanto Bohollo en la construcción de los diálogos como Verbeke y Cayo a la hora de interpretar sus papeles y darles una cierta dimensión para que los giros del guión puedan resultar más o menos creíbles incluso en los momentos más inverosímiles.

Los esfuerzos están puestos en ellos, y se puede entender por qué y de qué forma se han construido para que pase lo que pasa. Eso es síntoma de guión sólido. Es cierto también que se nota una asimetría caprichosa en la elaboración de ambos y un cierto cálculo forzado en las lecciones morales o sociopolíticas. Se nota especialmente con el extra que se le da al personaje de Cayo y un cierto uso pasivo del de Verbeke, haciendo a veces más el papel de espectadora que de protagonista, solo por conveniencias para el argumento.

Todo lo justo

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Padres sigue la máxima de no complicarse la vida en todo. También en el valor de sus imágenes. Todo está dirigido a captar la atención del espectador y poco más, sin arriesgar ni un segundo en proponer algo que no sea estrictamente funcional. Refrescar escenarios en la casa moviéndose por un lado y otro, la banda sonora subrayada, los cortes convenientes… todo va por un mismo lado, lo que la hace mucho más anodina de lo que el guión tiene planteado.

Este conservadurismo se resuelve con, de nuevo, la ambigüedad de sus personajes y su argumento. Padres es capaz de abrir una puerta a la paranoia y los miedos de ser padres mientras también sabe como meterle su dosis de crítica social sin caer en el cliché más obvio. Es una lástima que todo su potencial se quede en algo más descafeinado —quizá por cuestiones presupuestarias— por su pereza formal, pero se queda como un apañado thriller en interiores.

Dónde ver

Arturo Tena

Arturo Tena

Graduado en Periodismo por la Universidad Carlos III de Madrid. Escribe crítica y análisis de cine desde 2010 y es socio de ACCEC (Associació Catalana de la Crítica i l'Escriptura Cinematogràfica). Después de trabajar en CTXT, desde 2018 dirige el medio especializado Cine con Ñ.